No seré tuya #4

Capítulo 23

Cuando bajó a la sala del desayuno, se esperó a ver al resto de la familia. Pero cuando entró no había un alma hasta que aparecieron por sorpresa dándole un pequeño susto. Incluso, algunos sirvientes se habían escondido.

—¡Felicidades! — gritaron al unísono.

Ally se echó las manos en la cara, emocionada por la sorpresa. El pequeño Patrick se le adelantó, acompañado por sus padres, Matthew y Cassie le dio su regalo que tenía un lazo de color rosa. Cada uno le dio dos besos, y al tocarle a su primo, se puso en cuclillas para darle su propio beso y le diera su regalo como merecía.

— ¡Feliz cumpleaños, Ally! —le dijo Patrick, iba precioso con su traje. Cassie lo había puesto guapo para la ocasión.

—Muchas gracias, caballero — el niño puso una sonrisa de oreja a oreja mirando a su padre.

—Espero que sea de tu agrado, Ally — ella asintió y, por un instante, fugaz su mirada se topó con unos ojos azules, tragó saliva y aparentó estar centrada en el regalo cuando realmente no quería apartar la mirada de él.

Movió la cabeza y abrió el regalo: se sorprendió del contenido. Era un bote de cristal con arena. Miró con curiosidad al pequeño que aún seguía sonriendo.

— Es un bote de arena de la playa de Brighton para que tengas un poco de ella. Patrick lo tenía en su cuarto y decidió regalártelo.

—Si la tocas —dijo el pequeño entusiasmado —, sentirás que estás en la playa. Cerca del mar.

— Me tienes que llevar, Patrick, a esa playa. Estaré encantada de ir. ¡Gracias! — le dio otro beso al niño en la mejilla.

Matthew y Cassie miraron a su hijo que daba palmas. Orgulloso de haber alcanzado su objetivo.

—¡Le ha gustado! — exclamó feliz.

— Muy bien, hijo. Nosotros te daremos nuestros después en la fiesta.

—¿Qué fiesta? —guardó el bote en la caja con cuidado y buscó con la mirada de nuevo al duque, pero por desgracia había desaparecido. ¡Se había ido tan pronto! Intentó ignorar el pellizco de desilusión que se metió en su cuerpo.

— La fiesta que hemos organizado por tu cumpleaños — Matthew llevó a Patrick a sentarse en la mesa junto con Dante, Diane y Charles.

— ¿Cómo? No me he enterado nada de ello — Cassie echó una mirada por encima de su hombro, Dante se encogió de hombros mientras Diane comía de su plato.

—Bueno, no te preocupes. Es una fiesta privada, solo asistirán la familia cercana y amigos.

Ella asintió esperanzada que esa fiesta no ocurriera algo desagradable.

—¿Por qué se ha ido el duque? — le preguntó a Cassie intentando mostrarse despreocupada e indiferente —. Lo he visto irse sin...

—Oh. Julian —Cassie se dio un golpecito en la cabeza —. Bueno, vendrá ahora a buscarte o un sirviente lo hará por él cuando acabes el desayuno.

—¿Para qué? — no pudo evitar mostrar un poco de interés, más de la cuenta.

— Lo verás, de mientras desayuna. Te va a gustar — guiñó el ojo antes de sentarse, igual que habían hecho los demás.

Charles que estaba tomando un zumo de naranja, le dijo:

— Ally, Olsen vendrá a la fiesta.

— Tú, también lo sabías — fingió estar ofendida pero ni siquiera le salió bien porque estaba pensando en el regalo del duque—. Me alegra que Olsen venga.

— ¿Te interesa? — Ally lo miró sorprendida —. Vale, no me mires así. Quería preguntártelo.

— ¡No! — exclamó en voz baja —. Charles, es tu amigo. Y lo considero como tal. ¿Por qué lo preguntas?, ¿acaso te ha dicho algo?

Su hermano enrojeció de pies hasta la raíz de su pelo. Eso hizo sospechar a Ally.

— Espero, Charles, que de tu parte no le hayas metido ideas raras.

— Creo que tendré unas palabras con él antes de que haga el ridículo —musitó para sí mismo con la mala suerte que su hermana lo escuchó.

—¡Charles!

— Es broma — dijo Charles con una sonrisa no muy convincente, tendría que aprender de Patrick —. Voy un momento a fuera.

— Pero no has acabado el desayuno — dijo Dante al verlo marchar —. ¿A dónde vas?

— A ningún lado — su hermano contestó ya yéndose por la puerta.

— Bueno, Ally. ¿Tienes las cosas preparadas para el viaje de Londres? — la pregunta de su padre hizo que cambiara de tema, olvidándose por un momento lo que se traía entre manos Charles.

—Sí. Me falta meter unas cosas personales y todo estará listo — se le creó un nudo de expectación porque iba a regresar a Londres. Después de dos años, volvía como una dama no como una ladrona.

— Bien, el duque lo tiene todo organizado para cuando llegues allí, en Londres, te instales sin problemas en la casa. Cualquier cosa que necesites...




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