No supe olvidarte

14

Limpio mis lágrimas al escucharlo hablar. Estoy triste por el esfuerzo que hizo, levanta su mano libre y me acaricia el cabello hasta posarse en mi mejilla derecha. 


—Te he extrañado como un loco — me duele ver el gran esfuerzo que hace para hablar. 


—Shhh, no hables, yo me quedare contigo.


—Me  sentí tan mal cuando te escuche cantar en la radio, ser el motivo de ese canto de dolor. 


—Eso no importa ahora, necesito que luches por tu vida, que luches por ver a tu hijo crecer. 


—Me gustaría que fuera niña para que fuera igual que tú — es muy tedioso para el hablar pero aun así lo hace — y que le corte las bolas así como dices tú que harás — no puedo reprimir una sonrisa — perdóname mi amor, no he querido hacerte daño jamás, desde que te conocí, me he tenido que casar y permanecer así un año — coloco mi dedo índice en sus labios para que deje de hablar. 


—Yo esperare ese año, esperare el tiempo que haga falta si con eso podemos estar justos los tres, te amo, no supe olvidarte en este tiempo. 


Permanecemos hablando poco a poco hasta que él se queda dormido de nuevo, y con todo esto ni he llamado a los muchachos, así que le llamo a David. 


—Hola David, llegue desde anoche pero ya no te avise, estoy en el hospital con Evan. 


—¡Cómo que en el hospital! ¿Estás bien? 


—Yo si lo estoy, pero, él está muy delicado y lo único que ha pedido es verme, si quieres comprobar que lo que te digo es cierto si quieres ven  esta es la dirección. 

 

Después de darle la dirección y el número de cuarto, guardo el teléfono y es cuando mi estómago  ruge al tener hambre, en ese momento, Ingrid, aparece con una bolsa y el olor a comida llega hasta mis fosas nasales y mi estómago ruge de nuevo. 


—Veo que he llegado en buen momento — señala mi estómago con una ceja — no quiero ir a la cárcel por dejar que una mujer embarazada muera de hambre — yo solo puedo hacer una sonrisa de lado  — ten supuse que tendrías hambre, ya es medio día y aun no has comido si no me equivoco, aparte de que los chicos no te han visto salir para nada 


Tomo la bolsa que me da y entonces recuerdo que no le he dado las gracias por traerme al hospital, sé que si ella hubiera querido, inventaría cualquier cosa para decirle el motivo de mi negativa. 


—Gracias por traerme, he de decir, que en un principio estaba preparada para lo que hubiera falta hacer, pero como te has dado cuenta la situación ha cambiado y también sabes que tengo muchas preguntas que hacer pero como no es el momento es mejor que hagamos las cosas bien — me levanto de la silla quedando justo en frente de ella — Aleyna Herrera — tiendo la mano en presentación, ella la acepta, sus manos son tan suaves como algodón.

 
—Mucho gusto, Ingrid Spencer, efectivamente hay muchas que tengo que responder, así que es mejor de  una vez, pero siéntate y come con toda libertad y yo te contare todo. 


Caminamos hasta el sillón que está en la ventana y empiezo a comer con toda la libertad del mundo. 


—Nuestras familias desde hace tiempo habían hablado sobre el matrimonio entre nosotros dos, y aunque, bien, lo que viste en la fiesta, fue amor y todo eso, no lo es, la empresa de mi familia está en ruinas y para no perder la posición mis padres me casaron por conveniencia, en el contrato del matrimonio esta la cláusula de que debemos permanecer así un año, así que tenemos que aguantas ocho meses para poder ser libres nuevamente y ustedes dos podrán estar juntos. 
Mientras ella sigue con el relato yo sigo comiendo tranquilamente. 


—Hace un mes la abuela de Evan murió, era su nieto favorito y todo lo que le correspondía a la señora se lo dejo a él nada más, para recibir su herencia tiene que tener un hijo por amor no por error, pero eso ya está en unos meses, así que ustedes dos en unos meses podrán estar juntos sin depender de la familia de Evan, ellos no aceptaran que este con una mujer de otra clase social, aún sigue habiendo personas con creencias cavernícolas aunque no lo parezca. 


Evan se despierta momentos después, me pide que lo deje solo con Ingrid y así lo hago. Una hora después un señor bien trajeado y con un maletín entra a la habitación, permanecen dentro por un buen rato en ese momento cambio la decisión que había tomado respecto a la canción del concurso. No sé si pueda ir y cantar como si nada, no quiero dejarlo solo ni un momento y puede haber más concursos después. 
Dos largas horas en donde por fin puedo ver a Evan, me acerco a él, acaricio su rostro, con amor, ternura y delicadeza. 



Cecilia Ovando

Editado: 16.07.2018

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