No supe olvidarte

16

Solo tardamos medio día en el velatorio. Y ahora, estoy en el cementerio, viendo como el padre le da la bendición, quisiera que mi familia estuviera aquí. Cuando las personas se van yo soy la última que permanece un rato más en su última morada. 


—Nuestro bebé siempre sabrá quien es su padre, siempre sabrá lo mucho que significas para mí, lo bueno y los malos momentos que vivimos, estarás presente en su vida aunque yo siga esperando el día en que me reúna contigo, si es el cielo o el infierno para mi será un paraíso con que tu estés en él — dejo una rosa blanca en su lapida y camino hacia donde me esperan mis acompañantes. 


En estos momento quisiera tanto una botella con tequila, tequila que me anestesie todo las emociones que siento ahora, pero sé que no puedo consumirlo, sé que debo estar bien para otra persona, que necesitara todo de mí. 
En el todo el trayecto hacia el edificio donde vivo, lo pasamos en silencio, ese silencio del que quiero salir, gritar con todas mis fuerza, sacar todo lo que siento ahora, romper cosas. 
Los dos me acompañan hasta mi departamento, ni en el ascensor han dicho nada. Ingrid saca un sobre de su bolso y al ver a mi vecino, este se va. 


—Bueno si necesitas algo solo tienes que tocar mi puerta — se va y yo solo le puedo dar una mirada que perfectamente dice gracias. 


—Aleyna, tengo que entregarte esto — me tiende el sobre — la escribió Evan antes de morir, me encargo que te la diera, lee la cuando puedas. Tengo que irme, tengo otros cosas que hacer, si necesitas cualquier cosa  — busca en su bolso y me entrega una tarjeta — ahí vienen mis números de teléfono — se despide de mí y se va. 


Dejo el sobre en la cama, nunca me había sentido así, pero, me siento sola, desprotegida, vulnerable. 
Al reverso del sobre se lee en una perfecta cursiva : Aleyna Mi amor 


¿La leo ahora? ¡Cristo! ¿Estoy preparada para saber lo que dice en la carta? 


Voy a la cocina por un poco de agua, cuando estoy por dar el segundo trago tocan mi puerta. Dejo en vaso con agua en el comedor. Camino y abro la puerta, lo que veo debe ser una especie de alucinación, parpadeos varias veces, pero no, suena ahí parado en el pasillo. 
¡Mi familia! ¡Están aquí! No puedo creerlo, solo abrazo a una sola persona, mi madre, ella me acuna en sus brazos y lloro cuando era pequeña. 


—Nosotros también te extraños, Aleyna — me acaricia la espalda con su mano. 


Los hago pasar y se sientan en los muebles, limpio mis lágrimas con las yemas de mis dedos. 


—¿Cómo salieron de cuba sin papeles? ¿Cómo supieron donde vivo? — es lo único que logro decir después de que mis emociones me traicionaron. 


—Un señor muy elegante y guapo, fue a nuestra casa, hace un tiempo, antes de que tú nos visitaras, nos dijo que pronto nos reuniríamos contigo, no le creímos al principio por eso no te dijimos nada, pero hoy una señorita muy guapa ha ido por nosotros  y nos ha dejado justo en la puerta del edificio — todo lo que dice mi madre es como sacado de una película ¿Un hombre las visito? Una mujer guapa fue por ellos y los trajo ¿Quién lo hizo? 
Mi madre y mi hermano con su novia han venido tengo que buscar una colchoneta en la que pueda dormir mi hermano, en mi cama solo entramos dos, en el mueble una personas y buscaríamos otro lugar en el que acomodarnos, tengo que hacer un poco más de despensa somos cinco bocas ahora. Acomodamos las cosas que han traído, busco un edredón, varias almohadas más. 


La carta la dejo en uno de mis cojones de ropa y continúo con lo que hace falta, lo bueno que el departamento estaba limpio, me gusta ser ordenada. 


—Tengo que hacer algunas compras ahora regreso, si  necesitan algo me llaman al celular. 


—Quédate sin pendiente, estaremos bien. 


Salgo y camino al súper más cercano, al que siempre voy, al llegar, tomo un carrito. Camino por los pasillos, tomo pasta de diferentes usos, varios enlatados para acompañar las pastas, tomo pollo y medio, tomo varias frutas y verduras, alguna que otra chatarra, dentífrico, jabón para ropa y cuerpo. 
Cuando termino de hacer las compras camino las tres cuadras de distancia, cargo las bolsas sin ningún contratiempo, he comprado comida para varios días, estaremos bien solo tengo que trabajar más, tengo que hablar con David, tendré más gastos ahora. 
Cuando llego a la casa, mi hermano me ayuda con las bolsa y lo organizamos todo, después cocinamos, vemos películas jugamos mímica. El que ellos estén aquí me distrae mucho, pero no olvido que tengo que leer una carta. Le tengo que decir a mi familia lo que ha pasado pero verlos así de felices me detiene.



Cecilia Ovando

Editado: 16.07.2018

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