No te mentiré #3

Capítulo 29

Sí, como había temido le había llegado una nota de Hawker pidiéndole una cantidad considerable. Una cantidad que podía reunir perfectamente si era capaz de "tomar prestado" el dinero que guardaba su marido en la caja fuerte. No era ciega, ni tonta. Sabía donde lo tenía escondido. Si se atrevía, lo podía hacer cuando Darian y todos los sirvientes estuvieran dormidos. Pero era... ¿Capaz de hacerlo? 

Sabía que si lo llegaba a hacer era una traición a la confianza de su marido. Pero no tenía otra opción, ¿o sí? La segunda opción era contarle la verdad. Esto era poco probable salvo que en esa noche se lo contara.

Miró sus manos que temblaban, evidencia de su nerviosismo y preocupación. Sin contar que tenía un nudo en el estómago que no le había permitido probar bocado en todo el día. Había pensando en no bajar para cenar. No tenía apetito. El estómago lo tenía cerrado debido a los remordimientos y la culpabilidad. 

  — ¿Señora? — Christine entró en su habitación llevando una bandeja donde llevaba una tetera y una taza —. Pensé que podría tomar un té para relajarse.

  — Gracias — tomó la taza que le preparó y se la llevó a los labios.

— Lord Darian está en su habitación, ¿quiere que le diga algo de su parte?

Ophelia la miró por unos segundos indecisa. Le diría que estaba indispuesta. 

¿Más mentiras?

Cerró los ojos angustiada y tomó otro sorbo del té. 

  — No, no. Christine. Yo iré a verlo.

 Tenía que decírselo, tenía que contarle la verdad.

  — Christine — la llamó antes de irse —. No la necesitaré más por hoy, puede irse a descansar.

— Sí, señora — asintió e inclinó la cabeza como despedida.

Miró la puerta cerrada sin saber que hacer. Sus manos seguían temblando, arriesgándose que la taza se tambaleara de sus manos y cayera al suelo. La dejó encima de la bandeja. Fue hacia el espejo y se vio a sí misma: asustada. No podía presentarse en los aposentos de su marido y que la viera así. Le preguntaría el porqué de su malestar y no sabría lo que responderle. 

  — Mi señor, dame fuerza porque no sé si podré mirarle a la cara — inspiró y tomó una bocanada de aire. 

Sus ojos fueron de su reflejo hacia la nota que estaba encima de su tocador, recordándole su trato con el diablo. 

¿Le diría la verdad o robaría a su marido?

No sabía cuál de esas posibilidades le daban un pánico atroz, si la primera o la segunda. Quería huir pero no podía hacerlo. No esa noche cuando sentía una mayor necesidad de estar cerca de él, de sentir su apoyo a pesar que podría hacerle  aún más daño cuando descubriera la verdad.  Guardó la nota en uno de sus cajones que tenía cerrojo. Lo echó y escondió la llave. 

La llave parecía quemarle la palma y la soltó, dejándola caer encima de su tocador. Antes de irse se echó un vistazo en el espejo. Tenía que esconder sus sentimientos, sino Darian podía sospechar de ella y de su posible traición.

Inspiró antes de salir por la puerta en dirección hacia los aposentos de Darian.

 

Abrió la puerta casi con temor, y se regañó mentalmente por ello, la abrió finalmente y entró en el dormitorio de su marido. Se extrañó no verlo cuando vio la puerta del baño personal abierta. No sabía si entrar o no.

  — No te avergüences, Ophelia — murmuró para sí misma, ya que había visto a su marido desnudo varias veces y más para hacerle el amor.

Pero ese pensamiento no la ayudó, cuando se acercó a la puerta del baño, se encontró a su marido solo, desnudo bajo el agua de la bañera. Llevaba un trapo encima de la cara que lo tapaba y lo parecía alejar del mundo.

Él pensó que sería su ayuda de cámara porque le dijo.

  —  Déjeme un rato más. Le avisaré cuando quiera salir — su voz sonó amortiguada por el trozo de tela que lo cubría.

Ella contuvo una sonrisa y se acercó con pasos sigilosos con el mayor cuidado de no hacer ruido  porque no había alfombra en el suelo del baño. Se arrodilló a lado de la bañera sin importarle mojarse un poco. El suelo estaba húmedo. Aunque una parte de ella no quería molestarle durante su momento de soledad, hizo caso a la otra parte, que la instaba a hacerlo para ver cuál era su reacción al verla.

 Uno, dos y tres. Le quitó el trapo y él se sobresaltó al sentir que le quitaba el trapo. Se irguió en la bañera, el agua saltó por el borde.

Ella se rio y jadeó cuando notó más agua en el vestido.

— ¡Ophelia! — gritó sin creerse de su presencia en el baño.




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