No te mentiré #3

Capítulo 38

Londres

Una semana antes que lady Darian se fuera de viaje. 

Después de marcharse, volvía al punto de partida.

Apretó las manos contra los costados evitando el temblor, que tanto conocía y le era familiar. Dicho temblor había empezado desde que salió de la casa, que había compartido con su esposa. 

Su esposa...

Era cuestión de tiempo que ella firmara los papeles, que su abogado se había encargado en redactar y enviar a su destinataria. Tarde o temprano ella dejaría de ser su esposa legalmente. En el momento de hacer la petición nunca pensó que podría ser doloroso. Había vacilado cuando el letrado le había preguntado si estaba seguro de continuar.

No lo estaba; pero tenía que seguir con ello si quería que ella no estuviese en su vida. En todos sus aspectos. Uno de ellos era el legal.

— Falta pedir la anulación por parte de la Iglesia. Este camino será más largo debido que se tiene que mandar al arzobispado. Pero no se preocupe que cuando firme su esposa, será un escalón más hacia el divorcio.

Algo que debería reconfortarle, pero no lo hacía.

No lo hacía.

Cuando salió de allí, fue reunirse con lady Romwe, que estaba en el carruaje esperándolo. Lo había acompañado para ayudarlo y apoyarlo en ese momento complicado que era la petición de divorcio.

— ¿Cómo se encuentra? — esa pregunta para él era espinosa.

— ¿De verdad que lo quiere saber? — preguntó a su vez sin realmente contestar a su pregunta.

¿Está seguro de seguir adelante? Un divorcio puede ser irreversible. A ojos de la sociedad, su mujer sufrirá el ostracismo mientras que usted, bueno, no le perjudicará tanto. Tiene que ser consciente que su imagen se verá un poco afectada.

— Verá que ha tomado la mejor decisión  la oyó pero sin prestar mucho la atención.

No es la primera vez que un hombre como usted quiere pedir el divorcio. El mismo duque Werrington lo hizo y no salió perjudicado. Puede ser rápido si lady Darian no presenta alguna objeción que lo haga recurrir.

Si lady Darian no pone alguna objeción.

— No lo sé. Ahora mismo pienso que he cometido un error  no la miró, se echó a las manos a la cabeza mientras el carruaje seguía avanzando hacia su destino.

— Porque es bueno y no quiere hacer daño a su esposa — ¿era eso?, ¿o había algo más?

— No lo soy  se sentía miserable . Me tendrá que perdonar. Vaya usted al hotel. Me reuniré más tarde.

— Por favor, Darian, me prometió que la olvidaría.

— Eso haré  dijo con sequedad —. Pero me apetece estar solo y caminar.

— Recuerde que dentro de dos horas zarpa nuestro barco.

Eso también lo sabía. Dio un toque hacia el techo del vehículo para hacer que el conductor parase. Abrió la puerta y no se entretuvo en salir. Metió las manos en sus bolsillos mientras caminaba por la calle de Oxford. Se mezcló con los transeúntes mientras sus pensamientos se perdían y volaban hacia su esposa. Recordando su último momento.

— Este matrimonio fue un error, lady Darian — Ophelia no fue capaz de mirarlo y ver en sus ojos la decepción que había visto en la casa de Hawker —. El culpable soy únicamente yo por creer que podríamos... Ahora no tiene sentido y no puedo volver en confiar en usted cuando me viene imágenes de vosotros dos — lo escuchó inspirar fuertemente como si le costara hablar.

— Nunca le he sido infiel, Darian aunque mis palabras no tienen valor ahora, debe creerme — se giró hacia él y le dolió ver que mantenía las distancias. Ella no se atrevió a acercarse; no podía cuando percibía una frialdad emanando de su cuerpo —. De alguna manera, mi corazón lo sabía que le quiero aunque mi orgullo y mis miedos impedían que se lo mostrara hasta estos días que hemos compartido.

— Lord Darian, queda su maleta — entró su ayuda de cámara y Ophelia se dio la vuelta para que no la viera llorar aunque sus hombros temblaba por los silenciosos sollozos.

Darian apretó los labios y, aunque le desgarraba verla así, su confianza estaba rota. No podía volver en confiar en ella. Era irreparable.

Ambos escucharon de fondo cómo el ayuda de cámara cerraba las correas y se lo llevaba hacia fuera. Solo quedaba la despedida. Alzó una mano temblorosa hacia ella, pero no fue para atraerla como una parte de él deseaba. No, la apoyó en su hombro y, con un esfuerzo sobrehumano, le dio un beso casi tierno en su sien cuando su cuerpo y su corazón quería algo más.

No podía; tenía que irse. De sus labios dijo:

— Le deseo que sea feliz, lady Darian. Por favor, no intente buscarme. Es mejor que estemos separados.

Sin más se marchó sin volver la vista hacia atrás...




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