No te mentiré #3

Capítulo 41

Lady Romwe, que había salido de la fiesta sin esperar al regreso de Darian, fue directamente al hotel. De eso transcurrió dos horas hasta tener noticias de él. Al principio se asustó cuando escuchó el portazo de la otra habitación contigua. Había vuelto su exprometido de la fiesta.

En el hotel, que se estaban hospedando, pidieron dos habitaciones separadas. Aunque a ella no le hubiera dado reparo de compartir habitación, para Darian si lo fue. Aún no habían llegado a intimar como ella le hubiera gustado después que él tuviera la intención de separarse de su mujer legalmente. Sí habían compartido algún que otro beso furtivo, pero sin sobrepasar del límite.

Ella pensó que, en ese viaje, tal como le comentó el marqués de Mansfield, Darian empezaría a dejar a un lado sus sentimientos hacia su esposa. Contando que se iba a divorciar, debería haber ocurrido. Pero se equivocó totalmente. Esa noche al verlo ir tras ella, se daba cuenta, que había sido tonta por albergar esperanzas de un imposible. Quiso marcharse y hacer las maletas esa noche pero quiso comprobar que lord Darian había vuelto sin su mujer. Así fue. Sin embargo, lord Darian no la recibió con buenos modos.

— ¿Puedo pasar? — cuando fue hacia la puerta de su habitación y él abrió para ver quién era.

— Sí, me gustaría hablar precisamente con usted — la dejó pasar y ella se dio cuenta de más detalles de la imagen que él presentaba después de estar ausente varias horas.

Iba despeinado, su ropa arrugada y los ojos enrojecidos.

— Me imagino que ha tenido una conversación con su mujer. ¿Se encuentra bien?

Sabiendo que podría ser un error hablarle con un tono sutilmente sarcástico, lo hizo. Él la miró antes de echar una carcajada amarga. Siguió riéndose hasta sentarse en la cama.

Ella no encontró la situación graciosa.

— Me sorprende su desfachatez por preguntar acerca de mi esposa. Para su información, me odia y creo que tiene motivos para hacerlo.

Se acercó hasta él y le cogió de la cara. Él pareció sorprenderse de su tacto.

— Ella no merecen su preocupación y su afecto.

— ¿Ah, no? ¿O será yo que no soy digno de mi esposa? — soltó un gritito cuando él la agarró de las muñecas haciendo presión —. No vuelva a tocarme, lady Romwe.

La apartó sin mucha delicadeza y ella se acarició las muñecas.

— ¿Por qué me ha hecho daño? — le recriminó.

— ¿No se lo llega a imaginar? — ella negó con la cabeza aunque podía intuir que él posiblemente haya descubierto la verdad —. Mi familia y usted, seguramente, a petición de ellos, me mintieron. No me dijeron que mi esposa fue a Mansfield y fue humillada. Ahora entiendo la prisa de mi abuelo por querer que me divorciara de ella. ¡Qué idiota fui!

Escupió cada palabra con saña y rencor.

— Caí en la trampa — dijo para sí mismo y volvió a reírse. Casi histérico y desquiciado.

Nunca lo había visto así.

— Yo no la humillé, Darian — él cesó la risa y la miró sin sentimiento alguno.

Sus ojos eran fríos y vacíos de sentimientos.

— Es verdad, no la humilló. Fui yo con mi ceguera. Le pediría lady Romwe que me dejara. No quiero saber nada de usted — Ingrid controló las lágrimas a raya —. Si quiere decirle a mi familia que he descubierto, la verdad, hágalo. No me importa si se lo chiva.

La mujer supo que, en ese instante, no podía hacer nada más. Ni aunque le suplicara, la iba a mirar con otros ojos. Se marchó odiando un poco más a la esposa de Darian, que a su parecer, era la única responsable de todo ello.

— Lady Romwe, como es amiga de mi abuelo, seguro que no le molestará darle este mensaje.

— ¿Qué mensaje? — se dio la vuelta y se fijó que él esbozaba una sonrisa gélida.

— Dile que pronto le haré una visita. Avísale que se prepare porque no seré benevolente. Ah, se me olvida de algo muy importante. No me divorciaré de lady Darian.

— ¿Pero si inició la separación? No puede retroceder y parar dicho proceso.

Él se encogió de hombros.

— ¿Quién ha dicho que no puedo? Nunca llegué a firmar los papeles, lady Romwe. ¡Buenas noches!

Se quedó ahí parada con una expresión desconcertante en su rostro cuando él cerró la puerta delante de sus narices.

Ingrid, si tiene algo de dignidad vuelve a Londres. Darian no la merece, le dijo la voz de su conciencia antes entrar en su habitación.

Lo había perdido. Esta vez para siempre.

 

A la mañana siguiente...

Aunque estaba con el ánimo por los suelos, aceptó el paseo de lord Wolf que le había pedido a través de una nota. Anoche se había comportado como un caballero, aceptó hacer un papel, que no le correspondía, y la ayudó de cierta forma a enfrentarse a su marido. Quería agradecérselo en ese encuentro.




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