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Capítulo 22: "♫Un chasquido de dedos♫"

La reacción por parte de ambos catalizadores fue reacia ante su fallo, pues a falta de fuego un poco de leña buscarían. En primer lugar, era necesario saber quién fue el responsable de haber perdido aquel objeto que más tarde se convirtió en cenizas y en una potencial arma contra ellos, no obstante, no pudieron llevar a cabo ese objetivo, ya que fueron interrumpidos por tres hadas que entraron en su búsqueda. Tal y como se les había prometido, la caída de la noche tomó a prueba las palabras de Meos, quien efectivamente mandó a esas criaturas para cooperar con ellos.

Las tinieblas eran acechadoras como lo fueron en su momento, pero la diferencia era que no se encontraban solos. La espesura del bosque narraba un mar de sombras que ponía los pelos de punta, pero esto se alargó hasta que encontraron la entrada del mismo, a lo que a continuación, fueron abandonados a su suerte por aquellos fantásticos seres.

A tan sólo unos cuantos metros de la aldea, notaron pasar a True con ese monstruoso reptiliano, quien a su vez era acompañado por ciertos guardias.

—¿Van hacia Babil? —preguntó algo desconcertada Iris.

—No me preguntes, yo de direcciones no tengo ni idea —mencionó aquel guaperas que la acompañaba.

—En verdad necesitas ampliar tus conocimientos —dijo angustiada la chica, pues ahora entendía que no podía confiar en el instinto de orientación de Alik.

—Oye, nunca fui bueno en este tipo de cosas, así que cállate —le respondió con el ceño fruncido.

—Si serás… —gruñó ella cerrando uno de sus puños en el aire, pero antes de continuar con la pelea, vieron pasar a sus amigos.

—¡Allí están Zaid y Léa! —notificó el muchacho, quien luego fue silenciado por la mano de Iris, pues no quería que hiciera algún otro molesto ruido para incitar a que los capturasen.

—¡No grites! —se quejó por lo bajo, y volteó a ver a la dirección que había señalado su pareja, pero al poco tiempo perdieron a ambos de vista—. Seguro que se dirigen al punto de encuentro, así que mejor movámonos —después de recibir esta sutil orden, Alik asintió y fue con ella hacia la dirección en la que los vieron moverse.

Al cabo de un rato, ya se encontraban en el cráter que había provocado aquel temblor del día anterior, y que por supuesto, aún no había sido tapado por sus pobladores.

—Vaya desastre más grande que causó ese terremoto —habló Léa una vez en el lugar.

—Sí, pero eso no es lo importante ahora —el zorro agitó ligeramente su nariz, pues sentía un aroma familiar, y eso le provocó voltear—. ¡Ahí! —gritó.

—¡Hola! —mencionó con grandes ánimos Iris al verlos a salvo.

—¡Qué bueno que están bien! —los ojos de Léa brillaron al saber que sus camaradas volvían a las andadas con ellos.

—¡Princesa, me alegra verla sana y salva! —Zaid se acercó y tomó las manos de la más pequeña del grupo para luego dedicarle una dulce sonrisa.

—¡Te dije que dejaras de llamarla princesa! —se quejó Alik acercándose también a ellos.

—A ti no te extrañé para nada —aclaró por lo bajo el rubio.

—¿Qué dijiste? —se le escuchó decir con un tono amenazante.

—Chicos, chicos, cálmense. No es justo que se peleen luego de habernos reencontrado —la futura reina observaba como Zaid abrazaba a Iris mientras un celoso Alik intentaba separarlos.

—¡Suéltala bastardo! —gritaba uno.

—¡No! —respondió el zorro.

—¡Dejen de molestarme ustedes dos! —exclamó histérica la menor.

—Esto va a ser difícil —soltó un suspiro la futura reina.

El emotivo encuentro no sirvió para aplacar las tensiones entre los chicos, pero al menos consiguió que intercambiaran entre ellos la información que habían adquirido cuando estuvieron separados. Salvo el detalle de que sabían casi las mismas cosas, se enteraron que algo ocultaban los protectores de Hakim, lo cual les hacía comprender que quizás ellos los tenían bajo su mira.

—No creo que ese incidente haya sido pura casualidad —anunció Léa.

—Las casualidades no existen —aclaró Zaid.

—De cualquier forma, hay que irnos, o le perderemos la pista a Cruil —todos asintieron, y empezaron con la persecución nocturna.

Las nubes se movían sobre las dos lunas menguantes, y los grillos frotaban sus ligeras patas ocultando así los sonidos de los prófugos, quienes se dirigían con extrema paciencia hacia una tierra desbastada por el mal. Al cabo de una hora, llegaron a su destino.

—Estoy segura de que entraron aquí —mencionó Léa, quien estaba a la cabeza de los demás.

Justo a los lados de ellos se alzaban unas enormes rocas carmesí que decoraban la entrada, pero también más adelante les obligaba a fijar la mirada hacia un montón de madera quemada, y no sólo eso, sino que también se encargaba de entregarles pistas sobre sus anteriores habitantes.



La Rosa Blanca

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En el texto hay: fantasia, musica, musica y romance

Editado: 17.06.2020

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