Novio en renta | Park Jimin |

-^~^- Hay que dejarlo claro -^~^-

—¡Jimin, me estás lastimando! —solté, y mi voz rebotó en el pasillo vacío.

Los gestos que hizo Rebeca… la mueca, el tirón, el blanco de los nudillos. Claramente indicaban el dolor que sentía en la muñeca.

Y eso me hizo recordarlo.

A mi padre. A mi madre. Su muñeca. Sus moretones. Sus excusas.

_Sin darme cuenta, también estoy siguiendo sus pasos._

La solté como si quemara.

—Lo siento —dije, y por primera vez no sonó frío. Sonó… humano—. Sí. Es solo que fui impulsivo.

Jimin pasó de apretar mi muñeca a tomar mi mano. Despacio. Haciendo que la forma en la que la sostiene sea cómoda. Cálida. _Humana._

—Está bien —mentí—. Comprendo.

_Su madre dijo que no sería fácil andar con Jimin. Porque un día te avienta desde un precipicio y al otro te rescata de él._

Ahora lo entiendo.

—Rebeca —desvió la mirada, incómodo de pronto—. ¿Te lavaste las manos? No, mejor no respondas y ponte esto. —Me ofreció un botecito de gel antibacterial.

_Avergonzada_, tomé una pequeña porción.

_Bueno, eso fue inesperado. ¿Quién le dice eso a su novia? ¿En qué cabeza cabe?_

_El hecho de estar en una relación no quiere decir que andaré por ahí recogiendo todo tipo de gérmenes_, pensé, frotándome las manos. _Primero está la salud. Ya sobrellevo más lo de la limpieza… o eso intento._

—Mmm… ¿a dónde nos dirigimos? —pregunté, todavía con la mano en la suya.

—Ya verás —respondió Jimin, sin mirarme.

_Jimin es un misterio. Y es divertido tratar de adivinar qué es lo que trata de hacer… aunque me aterra en algunas ocasiones._

Caminábamos tranquilamente cuando, a lo lejos, observé a Ivette. Ella se apresuró al verme y desvió sus pasos a otro lado.

_Está claro. Me está evitando. Pero ella nunca haría eso._

_Después hablaré con ella. Por ahora me centraré en Jimin._

—¿Harás algo después de clase? —le pregunté.

—No lo sé —contestó.

—¿Y ahora tienes planes?

—Aparte de seguir caminando —dijo, alzando una ceja—, pienso comer. Si me dejas.

—¿En serio? —bufé—. Solo eso harás. Qué aburrido.

—¿Y tú qué plan tienes? —contraatacó.

—Uno —sonrió, y esa sonrisa no prometía nada bueno—. Y que estoy seguro que no te gustará porque eres aburrida. Pero no te preguntaré si quieres o no hacerlo. Vamos a escapar de esta prisión llamada escuela —se rió.

—¡Claro que no haremos eso! —me detuve en seco.

—No te enojes —me jaló suave, pero firme—. Pero te dije que lo haremos sí o sí.

—Nunca me he escapado —mi voz sonó más aguda—. No quiero hacerlo. Eso no es bueno. Soy una alumna ejemplar. ¿Qué pensarán los profesores de mí?

—Tranquila —Jimin se inclinó, y por un segundo su frente casi tocó la mía—. Es más fácil de lo que piensas. Además, eres ejemplar. Nos creerán cualquier mentira. Nunca mientes a los profesores, ¿verdad?

Me quedé helada.

_Él lo sabe. Sabe que miento. Para sobrevivir._

—Tú solo calla —susurró—. Y deja que me encargue de todo.

Y ahí estaba.

El precipicio.

Y Jimin, ofreciéndome la mano para saltar.



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En el texto hay: amor, bts, jimin

Editado: 06.05.2026

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