Nunca Me Olvides

Capítulo 2

Amaya'

Desde hace 3 años que llegué aquí, la señorita Carlota, Lore y Nina nos hacen la vida más fácil, aunque claro si queremos algo debemos trabajar por ello sin salir de los alrededores y bajo su supervisión.

La vida dentro de un internado para señoritas es compleja, muchas mujeres con distinto punto de vista conviviendo por 24 horas los 365 días del año.

Comparto habitación con al menos 20 chicas de mi edad.

Mi horario de clases es de 7 am a 2 pm, mis quehaceres son de 4 a 6.

A las 8 PM debemos estar en la cama y con todo listo para el día siguiente, pues apenas una de nosotras se acuesta las luces en la habitación se apagan y no importa que estemos haciendo el resto.

Los dormitorios están seccionados por edades y grado académico, pues la educación es algo muy importante aquí.

En este lugar prevalecen las reglas, las cuales muchas veces son demasiado estrictas e injustas pero bien ¿Quién metería las manos por nosotras? ¿Dónde podríamos quejarnos? ¿A quién le importarían nuestras quejas? Si somos de lo que la sociedad intento deshacerse en algún momento. 
Así es como nos lo hace ver Gustavo y los malditos supervisores cuando las educadoras no están presentes.

En eso se basa su gran prestigio, anualmente adoptan alrededor de 50 infantes. Por lo general en los orfanatos los expósitos permanecen en casas cuna durante los primeros 4 años de edad, lapso en el que usualmente son adoptados, pues la mayoría de las parejas buscan bebés para iniciar su familia, después de ese tiempo son llevados a los orfanatos mixtos y si no logran ser adoptados antes de los 12 años son trasladados a internados masculinos o femeninos donde les enseñan algunos oficios para ganarse la vida cuando cumplan la mayoría de edad y dejen de ser problema del gobierno.

Hace un par de años extrañamente salí antes de lo previsto del orfanato de Mesiría y me ubicaron directamente aquí, en el internado Annette Owens de Mirelles. Dónde la adopción es aún más complicada, mejor dicho imposible.

Al salir de clases usualmente ayudó a las niñas pequeñas con sus tareas o simplemente asisto a las educadoras a vigilarlas mientras juegan.

Tengo una mejor amiga, Victoria.
Se muy poco de su vida antes de este lugar, tampoco es como que me atreva a preguntarle, pues me basta el recuerdo del mal estado en el que llegó, a diferencia de mi ella tenía 8 años cuando las autoridades de aquella ciudad la ingresaron en aquél orfanato dónde nos conocimos, sucia, llena de moretones, mirando con miedo a quien se le acercaba, ni siquiera podíamos rosar con ella. Cómo sea, la verdad es que no necesito saber su pasado para apreciar su presente a mi lado.

Cuándo ocurrió mi último traslado del orfanato al internado ella vino conmigo, convivimos todo el día y compartimos actividades. Cómo ahora que tendemos la ropa del área materna. Así llaman a la zona infantil.

— Otra vez anda por aquí ese chico—Me da algunos golpecitos con su codo Vicky para que volteé mientras traslada sus cestos vacíos —, dicen que es el hijo de los Owens, Alexander, es realmente apuesto.
 


 

Losé.
 


 

Es muy alto, tiene una cabellera bronce con toques rubios, sus azulados ojos y blanca sonrisa le dan un aspecto increíble. 
 

—Sigue igual de lindo— se me escapa muy bajo.

 

—Debe tener 17 o 18, aunque su padre también es muy guapo a su edad, seguro será igual.

 

—17, pero ya Vic, vámonos.
 


Avanzamos con la ropa que debemos de tender, jugamos un poco, corríamos y tropecé sin querer, regando casi todo en el césped.

— ¡Cuidado!—Viene hacía mi y no sé dónde meter la cara— Dejame ayudarte.

—Todo bien—Mal contesté llena de nervios mientras él me levanta y su tacto es realmente suave.

— ¿De verdad? —Pregunta inquieto viendo el raspón de mi rodilla mientras llena de nueva cuenta el cesto—Mi nombre es Alexander Owens— ambos tenemos claro que lo sé de sobra—, estoy inspeccionando que no falte nada. Verás mis padres están de viaje y si quiero que mi fiesta de graduación de la preparatoria sea un éxito tengo que entregar las mejores cuentas, incluyendo las de este extraño lugar.

—Todo bien señor Alexander— Al principio creí que fingía pero veo que no, realmente me olvidó.

Solíamos jugar de niños, él todo tiempo estaba de visita en aquel orfanato debido a las grandes acciones de beneficencia de su madre, tenía juguetes como nadie y a veces su única hermana nos hacía donaciones de sus muñecas y vestidos. Sin contar que este lugar es prácticamente de su familia pues su difunta abuela lo fundó.

—¿Señor? Tengo seguramente tu edad.

— Tengo 12, estoy segura que no es así.

Abre la boca y finalmente ríe—Lo sé, si tuvieses más de 18 años ya te habrían echado de aquí.

—Poco falta.

—¿Y porque sigues en esta área? Ya eres algo grande.

—Porque nadie me ha querido adoptar— Respondo irónica, aunque bien podría malinterpretarse que me encuentre en la sección infantil justo ahora.

—¿Y aún crees que alguien lo hará?— Aguardo unos segundos antes de si quiera respirar, por lo que él inclina el rostro con obviedad a la espera mi respuesta.

—¿Es necesario que responda eso? Creo que es obvio, solo espero ser mayor de edad para poder irme de aquí. Creo que eres lo suficientemente apto para entender que no estoy en adopción y ya ni siquiera por mi propia voluntad.

—Perdón— me mirá con un poco de arrepentimiento.

—Amaya— Indico como modo de presentación, él abre los ojos enormes y me da la sensación de que he movido algo en sus recuerdos.

—Es un gusto— O no. Ya que responde sin mayor complejo.

Inmuta y parece retomar su camino hacia las oficinas.

—¿Has iniciado tu sueño, Holmes?— ironizo y él se mofa de sí mismo, para luego encojer los hombros—¿Eso es un si?



Zurilucy

Editado: 11.01.2021

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