Orinoco Zombi

Capítulo X. Primer teniente María Camejo.

 

La Primer Teniente, Ejército: CAMEJO, María. Mujer de veintitrés años que decidió convertirse en una guerrera el día en que casi fue violada a los trece años de edad cuando cursaba octavo grado en el liceo Fermín Toro de Cumaná. Estuvo cerca de ser ultrajada por un depravado mental,  que de no haber sido por la intervención de un policía que andaba vestido de civil por la calle el violador hubiese consumado su delito sexual. Todo aquello fue un trauma terrible de superar. Y Ella juró que al salir del liceo se haría oficial del Ejército.

Había tomado el camino de la Infantería cuando consiguió entrar a la Academia Militar, realizando los cursos más rudos del Ejército, cursos donde muchos hombres lloran, pero que ella en medio de su juramento y la fuerza de su deseo de hacerse la guerrera más poderosa pudo soportar todos los cursos de Fuerzas Especiales. Sus superiores le llamaban: “Comando Camejo”, aprendieron a respetarla y nunca la vieron como un eslabón débil por el hecho de ser mujer.

Camejo es una mujer esbelta y atlética, con ojos marrón claros y penetrantes, cabello ligeramente rizado que siempre lo mantiene a la altura del cuello, sumamente bella; pero dicha belleza es opacada significativamente por su rudeza, evita casi todo acto de feminidad, su piel es morena de un tono claro y su estatura casi toca los 1,70 metros.

La teniente Camejo había sido asignada a la Quinta División de Infantería de Selva, específicamente en el Fuerte Cayaurima de Ciudad Bolívar, era parte de la escolta del General en Jefe González, Julio,  quién comandaba toda la mencionada División. El General González nunca dudó en que ella fuese miembro de su escolta debido a su gran capacidad para el combate cuerpo a cuerpo y su fina puntería.

González también la había designado para comandar el suministro de alimentos a la zona del Casco Histórico de Ciudad Bolívar. Tenía ella a su cargo un camión militar de carga y dos rústicos militares Tiuna; ambos rústicos estaban diseñados para acoplar ametralladoras de alto calibre, pero siempre salían al Casco Histórico sin esas ametralladoras, era la orden del General a fin de no alarmar a la población, aunque sus subalternos iban armados con fusiles AK-103 y ella con su pistola reglamentaria Zamorana de 9 mm.

—Mi teniente Camejo, el camión está lleno—dijo el sargento segundo NÚÑEZ, Fabricio.

—Bueno Sargento, de la orden, nos vamos—ordenó la Teniente Camejo con voz determinada, voz que hacía enfriarle el guarapo a cualquier superior o subalterno que se le ocurriese cortejarla.

Salieron del Fuerte Cayaurima, el rústico de la Teniente iba de primero, el camión en el centro y el otro rústico atrás. Cada rústico tenía cuatro efectivos, el camión tenía dos efectivos adelante y cuatro colaboradores de la Milicia Bolivariana en la parte trasera del camión.

Al llegar al Casco Histórico, específicamente a la Plaza  Bolívar,  la teniente se bajó de su vehículo para coordinar con los líderes sociales de aquella comunidad la entrega de alimentos y otros productos, para luego ir repartiendo casa por casa.

Camejo, cuando estaba frente a las familias de aquella comunidad, se transformaba en una mujer cordial, mostraba un poquito de amor, pero ese poquito sorprendía por completo a la tropa bajo su mando, era el único momento del día en que ellos podían ver el lado humano de esa máquina de guerra que parecía programada para cumplir cualquier orden, o romperle las pelotas de un solo tajo a cualquier hombre que intentase sobrepasarse con ella.

—Hola mi Teniente, buenos días. ¿No va a pasar a tomarse una tacita de café?—dijo la señora María al abrir la puerta de su casa para recibir su dotación de alimentos.

—No reina, no puedo, tenemos que entregar toda esta comida y nos queda otro viaje todavía, tenemos que cubrir la otra parte del Casco. Pero para no despreciarte te acepto un poquito de café aquí mismo en la puerta… ¡Pero rápido!—comunicó Camejo y la señora fue corriendo a buscar el café.

El Soldado que entregó la bolsa con los alimentos a la señora María disfrutaba la voz cambiada de su Teniente, se hacía como “él que no escuchaba”, pero guardaba ese tono de voz en su ser, era el único momento del día que podía ver a su teniente hablando como una mujer dulce.

Esa era la rutina diaria de Camejo y de su tropa. A veces ayudaban a cubrir otras zonas de la ciudad, en especial la del Perú y la de la Sabanita por su alta densidad poblacional y por el peligro de que ocurriesen actos vandálicos.

Yo la conocí a ella porque lógicamente formábamos parte de la comunidad. Nos suministraba alimentos y siempre rechazábamos tal suministro, pero a aquella mujer no se le podía llevar la contraria.



Leonardo Boss

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En el texto hay: zombis, ebola

Editado: 17.08.2019

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