Orión

Capítulo 6

La mañana había transcurrido sin mayores alteraciones; después de la cátedra que tenía con Lorena, ésta me había comentado a cerca de un chico que al parecer le estaba robando la atención; sinceramente esperaba que éste encantamiento sí durara, pues por alguna razón, Lorena era muy dada a desinteresarse con mucha facilidad. 
Cuando iba a clase de Humanidades, no pude evitar pensar en cómo debía reaccionar cuando me encontrara con Adrián, ¿lo debía saludar?, ¿un simple asentimiento de cabeza?, ¿o simplemente ignorarlo?
Resoplé irritada, ¿por qué le estaba dando tanta importancia?
<< ¡Esto es ridículo! >>.
Pero Adrián no me saludó, ni siquiera me dirigió una mirada, así que aunque por alguna estúpida razón me hizo sentir mal, yo me limité a hacer lo mismo, e hice que Alejandro se sentara conmigo en el lugar más apartado de donde él estuviera.
- Veo que ya ni se nos quiere acercar. – comentó Alejandro mientras salíamos de clase.
- ¿Qué? – pregunté fingiendo que no sabía a qué se refería.
- El tipo de ayer… ¿Adrián?
- Aaaa… no me acordaba, la verdad no creo que le quedaran ganas después de lo de la cafetería. – pero en lugar de reproche, lo había dicho con indiferencia, como si no me importara.
<< ¡Y es que no me importa! >>.
Una vez despedida de Alejandro, me dirigía a la biblioteca, devolvería algunos de los libros que había tomado prestados, y sacaría otros, tenía que adelantar los trabajos que ya tenía encima… y algunos otros que no me implicaban directamente.
- Hola.
- Ho… hola. – dije sorprendida, pues casi me había golpeado con él.
Estaba saliendo de la biblioteca, y doblando en una esquina, cuando casi fui arrollada por un imponente cuerpo.
Me miró serio.
- Danna, necesitamos hablar. – dijo Zarek.
Entorné los ojos, luego recordé cómo habían resultado las cosas cuando él dejó el salón.
- Mira, no quise ser grosera, es sólo que en ese momento realmente quería estar sola… - luego se me ocurrió, que quizás él quería cambiar de pareja… no lo culparía – No te preocupes, ya buscaré alguien con quién hacerme, así que no tienes que decir nada. – le sonreí, y emprendí de nuevo mi camino.
- No. – dijo cortante, mientras tomaba de mi brazo y me hacía girar hacia él.
- ¿Qué haces?
- Te dije que tenemos que hablar. – dicho esto, empezó a caminar, conmigo arrastrándome, lejos de la biblioteca.
- Pero, ¿qué rayos haces?
- No quería que supieras tan pronto, pero las cosas se están poniendo peligrosas más pronto de lo que pensaba, y sé que no vas a permitirme estar cerca de ti, si no te explico lo que está pasando.
<< ¿Qué? >>.
En ese momento, mi celular empezó a sonar; agradecía la interrupción, pues Zarek estaba tan serio, que estaba pensando que en cualquier momento me diría que el agua está peor de costosa que el petróleo.
- Suéltame. – le dije ya algo enojada a Zarek.
Él se detuvo y con un suspiro exasperado me soltó.
- ¿Aló?
- Danna… soy yo Lorena, necesito verte urgente. – una onda escalofriante me recorrió entera, para que Lorena me hablara en ese tono de angustia… realmente era grave lo que estuviera sucediendo.
- ¿En dónde estás? – dije mirando para todas partes.
- En el bosque… por favor ven…
Se cortó la llamada. La angustia se quería apoderar de mí.
Salí corriendo, pero Zarek me alcanzó y me detuvo; por un momento se me había olvidado que estaba con él.
- ¡Suéltame! – grité desesperada, las personas a mi alrededor se quedaron viéndonos.
- ¡Tengo que hablar contigo, es importante!
- ¡Me importa un carajo lo que tengas que decirme! ¡Déjame en paz!
Me irritaba, ¿tanto problema para decirme que dejaría de ser mi compañero?
Agité mi brazo de modo que me soltó.
Sin darle tiempo a nada, salí corriendo.
Cuando llegué al bosque, estaba agitada, y el corazón me palpitaba fuertemente contra mi pecho.
Miré por todos lados, pero no había nadie.
- ¿Lorena? – empecé a llamarla en voz alta - ¿Lorena… estás aquí?
No había rastros de nadie; en ese momento se me ocurrió volver a llamarla; pero cuando estaba buscando mi celular en el bolso, algo llamó mi atención haciendo que levantara la vista; justo a unos cuantos metros más adentro del bosque, se podía ver una figura. Cerré mi bolso de nuevo y salí corriendo hacia el bosque, las pesadas nubes grises que en ese momento estaban cubriendo el cielo, hacía difícil ver con claridad; por lo que tuve que tener cuidado para no enredarme con las raíces prominentes de los árboles.
- Lore… - paré en seco, la figura que desde lejos parecía la de Lorena, se transformó en la de un tipo alto y acuerpado, cuando éste se giró, tenía otra ropa, pero lo había reconocido, pues llevaba los mismos lentes que en el encuentro de ayer, además de su pelo totalmente rubio, el cual hoy llevaba algo alborotado.
- Me alegra que hayas venido tan pronto Cyrene. – un escalofrío quiso dejarme de piedra, pero como pude empecé a retroceder.
<< ¿En serio todo esto por una broma? >>.
Una parte de mí sabía que no había sido nada normal el ver a Lorena transformándose en ese tipo, pero seguramente por la adrenalina que estaba regándose en ese momento por mis venas impedía que entrara en estado de shock y solo tuviera en cuenta las cosas lógicas.
- ¿Qué rayos es lo que quieres? ¿Tanta gracia les hace este tipo de cosas? – estaba furiosa porque jugaran conmigo de esa manera.
<< ¡Pensé que Lorena estaba mal! >>.
Aunque ciertamente estaba aliviada de que ella se encontrara bien.
- Te quiero llevar conmigo, ¿no te quedó claro ayer? – dijo acercándose a mí, deshaciendo la distancia que había logrado entre nosotros con facilidad.
- Sí, me quedó claro; pero al parecer es a ti al que no te queda claro que no voy a ir a ninguna parte contigo, ahora déjame en paz. – dije con un tono mordaz.
Estaba nerviosa, pero no iba a demostrárselo, así que me di media vuelta, y empecé a caminar a paso acelerado.
- ¿A dónde crees que vas? – haló de mi mochila fuertemente, haciendo que me fuera hacia atrás cayendo en la tierra.
- ¡¡¡Aaaaa!!! ¡¿Pero qué está pasando por tu maldita cabeza?! – dije tratando de levantarme.
Pero en ese momento él me agarró como si fuera un costal y me colgó en su hombro.
- ¡Suéltame! – dije realmente enfurecida.
Él sólo se limitaba a reír.
- ¡Suéltala! – segundos después de escucharse esa voz, me vi en el aire, pues el tipo había desaparecido justo debajo de mí.
Pero antes de caer al suelo, los brazos de Zarek, evitaron mi no tan agradable caída.
La sorpresa vino acompañada de un fuerte mareo, la cabeza me daba vueltas.
<< ¿Ahora estoy alucinando? >>.
- ¿Danna? ¿Danna, estás bien? ¿Te hizo algo?
- ¿Tú lo viste? – dije mirándolo directamente a los ojos, hoy parecía que el color violeta estuviera más presente.
- Sí, lo vi. – dijo apretando la mandíbula.
- De… desapareció. – dije en medio de la conmoción. Cerré los ojos para tratar de calmar el mareo.
- Danna, sólo respira, trata de tomar control de tus emociones, así se te pasará más rápido.
<< Eso trato de hacer… >>.
Y eso hice, me limité en enfocarme en mi respiración, tratando así, de calmarme.
Para ese momento, yo estaba sentada en el suelo, con Zarek pasando su mano a lo largo de la espalda; sabía que en otras circunstancias, estaría más que apenada y sonrojada por tenerlo a él de esa manera, pero en ese momento, tenía mi mente en blanco, había logrado reducir en gran parte mi mareo, algo que me tenía contenta, pero simplemente todo lo que había sucedido, me había dejado totalmente aturdida.
Unas enormes gotas empezaron a caer, pero ni Zarek ni yo nos movimos de nuestras posiciones. En pocos minutos, la torrencial lluvia empezó, el bosque parecía cobrar vida con el agua que caía, el viento agitaba las copas de los árboles, como si estos alabaran a los cielos por el preciado líquido.
El agua nos empapó por completo, no sabía de Zarek, pero yo estaba más que a gusto allí, era como si la naturaleza hiciera un gran esfuerzo por hacerme olvidar lo sucedido; algo que justo en ese momento estaba logrando, pues a pesar de que estaba saliendo de mi aturdimiento, no estaba cayendo en un pozo de incertidumbre y dudas, en donde sólo tenía cabida lo inusual y extraño.
<< Extraño. >>.
Esa era la palabra que podía abarcar todo lo acontecido hace unos momentos.
Por alguna razón, no estaba loca por saber qué sucedía, muy en el fondo me decía a mí misma, que esto era un evento extraño en mi vida, que con el tiempo olvidaría.
Justo en ese momento, a pesar del ruido causado por la lluvia, se podía escuchar una suave melodía, era dulce y tranquilizadora; relativamente cerca se encontraba el coliseo, por lo que suponía que era de allí de dónde provenía aquel hermoso sonido.
- ¿Cómo te sientes? – justo en ese momento se rompió la paz que había logrado sentir.
- Mejor… no… no debiste quedarte. – inevitablemente lo había visto, y estaba totalmente mojado.
- ¿Qué no debí quedarme? – dijo ofendido y enojado - ¿Acaso debía dejarte cuando te estabas desmoronando?
<< Lástima. >>.
De nuevo era eso lo que sentía hacia mí.
No lo pude evitar, la furia me golpeó de inmediato.
- ¡Yo no me iba a desmoronar! – dije levantándome de golpe.
- ¡Te habías quedado en blanco! ¡No podía dejarte de esa manera!
- Pues para tu información, - dije acercándome a él – yo no necesito nada de ti, mucho menos tu compasión, ni tu lástima. – dije ese par de palabras como si quemaran en mi boca.
Su mirada se endureció, parecía que ahora sus ojos eran totalmente violetas.
- Yo no siento compasión por ti, mucho menos lástima.
Solté una amarga carcajada. Él se limitó a mirarme; no soportaba estar más tiempo cerca de él; así que empecé a alejarme.
- ¿A dónde vas?
- A clase. – dije cortante, sin aminorar mi paso ni voltear a mirar.
- Creí que te había dicho que teníamos que hablar. – dijo situándose a mi lado.
Puse los ojos en blanco, ¿por qué le daba tantas vueltas a un estúpido grupo de clase?
- Mira, ya te dije que no hay problema, dado el caso, hablaré con el profesor para que me deje trabajar sola, así que ya no tenemos nada de qué hablar.
- ¡No se trata de eso! ¡Además no quiero dejar de ser tu pareja! – gritó furibundo, pero la lluvia ahogaba bastante lo que decíamos, así que teníamos que gritar, quisiéramos o no.
- Mira, si no es de eso, no me interesa; además yo de ti, lo reconsideraría, pues ya escuchaste al profesor, no van a haber excusas para no presentar el trabajo.
- ¡¿Puedes dejar de hablar de una maldita vez de estudio?! – la rudeza con la que gritó, me hizo dar un respingo.
<< ¿Qué rayos le pasa? >>.
- ¡Pues no se me da la gana! – no sabía a qué se debía, pero definitivamente estaba fuera de control, ¡hacía mucho que no gritaba de esa manera!
Caminé con mayor prisa, aunque en realidad no sabía a dónde me estaba dirigiendo, cuando me detuve, me había ido más a dentro del bosque.
<< ¡Rayos! >>.
Paré un momento, el corazón me latía con fuerza por el coraje que recorría mis venas; realmente no quería estar más tiempo cerca de él, pues parecía que lograba sacar lo peor de mí.
Me giré de nuevo, y empecé a caminar con brío en la otra dirección, tenía que ir a clases.
- ¿Y ahora a dónde vas? – dijo Zarek con tono exasperado, mientras que me seguía.
Me paré en seco, no podía dejar que las cosas siguieran de ese modo. Dejé que él llegara a mi altura y lo encaré.
- Mira, - dije poniendo un dedo en su pecho – no quiero seguir discutiendo contigo, tú y yo no tenemos nada de qué hablar; ya queda más que claro, que nosotros no podemos trabajar juntos, así que buscaré a alguien más para ver si podemos intercambiar parejas. – él me iba a interrumpir, pero seguí hablando como si nada – Y en cuanto a dónde me dirijo, creo que no es de tu incumbencia.
Me giré, pero él de nuevo me retuvo tomando firmemente de mi brazo.
- ¿No me incumbe? – dijo furioso; en ese momento las grandes gotas seguían cayendo incesantes del cielo, deseaba poder escuchar de nuevo aquella dulce melodía tranquilizadora, pues él me ponía los nervios de punta - ¿Te has dado cuenta de lo que acaba de suceder? ¿Sin embargo quieres irte como si nada?
No lo pude evitar, muchas preguntas se me venían a la cabeza, ¿quién era ese tipo?, ¿cómo desapareció?, ¿cómo consiguió imitar tan bien a Lorena?, ¿por qué me quería molestar a mí?
<< Todo debe tener una explicación lógica. >>.
Trataba de calmarme con ese pensamiento, quizás estaba un poco aturdida, y por eso no podía hallarle la lógica a lo sucedido, pero tal vez, cuando estuviera más calmada, y lejos de Zarek, pensaría con más claridad y objetividad.
Una vez reflexionado de esa manera, me fijé en Zarek, quien no me había soltado, y esperaba pacientemente a que yo respondiera.
- Debo irme, tengo clase, y por tu culpa, hoy ya he perdido una. En cuanto a lo sucedido… - dudé un segundo, no sabía qué pensar al respecto – lo importante es que nada malo ocurrió, así que gracias por aparecer. – yo misma me escuchaba como si fuera un robot, dando las gracias de manera fría y calculadora; pero ciertamente no estaba en mi mejor momento – Nos vemos.
Dicho esto, me solté bruscamente, y empecé a caminar de nuevo, ésta vez en la dirección correcta.
- ¿Tan simple es esto para ti? ¿Eres tan cobarde, que prefieres vivir en la ignorancia, a saber, lo que realmente ha sucedido?
<< ¡¿Cobarde?! >>.
Lo miré furiosa, pero me limité a seguir caminando, realmente quería alejarme de él.
- ¿Danna? – dijo una voz unos cuantos metros más allá de nosotros.
Pude reconocer la silueta de Alejandro, aunque por un segundo, pensé que había sido el otro tipo, que había vuelto.
- ¡Alejandro! – dije corriendo hacia él. En ese momento, sentí una alegría inmensa de verlo allí de pie; sin mucho decoro, me lancé a sus brazos, y me enredé como oso perezoso alrededor de su cuello.
- ¿Estás bien? ¿Te pasó algo? – dijo Alejandro con un tono de voz preocupado, mientras me estrechaba entre sus brazos; él también estaba totalmente mojado por la lluvia.
- Bien… - dije con la voz ahogada contra su pecho – sólo… sólo quiero irme de aquí.
- ¿Quién eres tú? – dijo Zarek con tono seco detrás de nosotros.
Yo me desenredé de Alejandro y me situé a su lado, éste seguía con una mano alrededor de mi cintura, de seguro pensaba que me había dado algún mareo.
Suspiré algo irritada, el hecho de que estuviera furioso conmigo, no quería decir que tuviera que tratar así a mis amigos.
- Él es…
- Alejandro, amigo de Danna, ¿y tú? – dijo Alejandro con tono igual de seco, interrumpiéndome.
Zarek y Alejandro se sostuvieron la mirada por lo que a mí me pareció una eternidad.
- Zarek… - respondió éste al fin – compañero de clase de Danna.
A pesar de que se trataba de una presentación, ninguno de los dos hizo por estrecharse las manos ni nada parecido.
- ¿Qué estaban haciendo aquí? – dijo Alejandro mirando de Zarek a mí.
Tragué saliva, definitivamente no quería que se enterara, pues se pondría furioso, y movilizaría a todo un ejército si era necesario para encontrar a esos bromistas. Y, por otro lado, no sabía qué había sucedido allí, por lo que me sería imposible contestar la infinidad de preguntas que se me avecinaban.
Tenía que contestar antes de que Zarek abriera la boca y le contara todo.
- Zarek y yo vinimos a…
- Estudiar; - dijo Zarek interrumpiéndome; cerré los ojos aliviada de que me hubiera seguido el juego – debes saber que a ella le gusta venir aquí a estudiar, por lo que no me molestó seguirle la idea. – dijo esas últimas palabras mirándome directamente a los ojos.
<< ¡Ya sé, no soy tonta! >>.
Sabía que me quería dar a entender que debía seguirle el juego; la pregunta era, ¿por qué lo hacía él?
Bueno, no importaba, al fin y al cabo, me estaba ayudando.
- Sí, - dije tomando la mano de Alejandro que estaba sobre mi cintura todavía, de modo que se tranquilizara, pues lo podía sentir tenso y alerta – el profesor nos dijo que ya que vamos a trabajar juntos, sería bueno que encontráramos espacios para reunirnos y conocernos mejor, además de ir pensando en el tema del trabajo que vamos a realizar este semestre, así que le propuse a Zarek que viniéramos aquí.
Parecía raro estar hablando de esa manera bajo ese diluvio, pero ninguno de los tres lo tenía muy en cuenta, pues nuestras ropas ya no tenían ni un sólo rincón seco.
- ¿Y no se les ocurrió que una vez empezara a llover, se fueran a resguardar para evitar mojarse de este modo? – dijo en modo de reproche, pero en todo el momento miraba directamente a Zarek.
- No fue su culpa, - dije apretando ligeramente la mano de Alejandro, pues no me gustaba esa tensión casi palpable que se había formado entre ellos dos – yo… yo no me podía mover mucho… - dije al fin en tono resignado.
Eso bastó, para que Alejandro me girara hacia él y me tomara del rostro.
No pude evitar el gesto de sorpresa que de seguro apareció en mi rostro, no es que fuera raro en él hacer eso, pues siempre actuaba de esa manera; pero yo jamás me acostumbraba a ese tipo de acciones tan cariñosas.
- ¿Estás bien? – dijo secando inútilmente las gotas de mi rostro, pues éstas seguían cayendo constantemente.
- Bien, no te preocupes, si quiero ya puedo dar vueltas en un carrusel y saldría caminando en línea recta. – dije con una sonrisa en mi rostro.
De nuevo me sentía… normal. Alejandro lograba que yo me sintiera tranquila, y sobre todo normal. Era increíble que sólo hasta ese momento me diera cuenta.
- Debiste llamarme. – dijo con un tono más dulce.
- Realmente no tuve cabeza para eso… pero ahora sólo me quiero ir, tengo clase y quiero ir, no puedo seguir saltándomelas.
Él frunció el entrecejo un momento, me miraba serio.
- Que yo sepa, ya no tienes más clases por hoy.
- No, después de almuerzo, tengo otras dos clases. – dije un poco extrañada.
- ¿Realmente estás bien? – dijo Alejandro con tono preocupado.
- Sí, ya te dije, estoy bien. – dije tratando de tener paciencia.
- Son las cinco de la tarde Danna. – dijo Zarek, quien no se había perdido detalle de nuestra conversación.
Giré mi rostro incrédulo hacia Zarek, quien me veía de manera indescifrable.
<< ¿Cómo es posible? >>.
Eran las diez pasadas cuando había recibido la llamada de Lorena, ¿cómo había pasado tanto tiempo sin que me diera cuenta?
- Será mejor que te lleve a casa. – dijo Alejandro serio mientras tomaba de mi mano, y empezaba a caminar.
Era la mejor frase que había escuchado en todo el día, no me apetecía seguir sintiéndome como bicho raro, y ya la cuota anual de sin explicación había sido superada con creces.
Por un momento pensé que Zarek insistiría en eso de hablar, pero al parecer ya todo había quedado más que claro entre nosotros.




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