Papi, estoy de regreso |sueños oscuros #1|

7° Querida Jess:

Víctor dio la vuelta por enésima vez sobre su cama. No importaba cuanto lo intentara, no conseguía dormir. Pensó que quizá Morfeo debía estar molesto con él o algo así.

Soltó un suspiro de resignación y se sentó al borde de la cama con los pies cruzados. Podía sentir cómo esa espina de dolor que se clavó en su pecho cuando habló con Jess, seguía incrustándose cada vez más profundo; se abría paso en su interior haciéndole una herida que comenzaba a sangrar.

Había querido decirle tantas cosas en ese momento, pero no tuvo la fuerza suficiente para decirlo y llenarla de ilusiones, sólo para luego romperle el corazón con su inevitable partida.

Sonrió al darse cuenta de que una vez más, prefería anteponer a alguien sobre él. Solía hacerlo con Susy, y no le pesaba para nada que ella fuese siempre primero. Y ahora, estaba seguro de que tampoco le importaba que Jess también estuviese antes que él.

A decir verdad, le encantaba pensar en ella, en lo mucho que le importaba, en el suave roce de sus labios... Había deseado probar el dulce sabor de la gloria que en ellos se ocultaba desde hacía tanto tiempo, que cuando por fin pudo saborearla, fue como si su mundo se detuviera en un santiamén. Pero entonces, el dolor regresó a su pecho, al darse cuenta de que Jess respondía al movimiento de sus labios pero no dejaba de llorar.

Fue en ese preciso momento, en que Víctor comprendió que la amaba demasiado como para hacerle más daño; así que sólo se limitó a separarse de su cuerpo, y despedirse con un tenue «adiós» y un beso en la frente.

—Supongo —dijo después de suspirar, e hizo un breve silencio—. Que eso hacen los tontos enamorados.

Esbozó una amplia sonrisa, para luego levantarse de la cama. Caminó presuroso hasta su mochila, de donde sacó una libreta y una pluma, luego tomó un encendedor que había comprado esa misma tarde camino a casa, y regresó hasta su cama.

Se sentó en el colchón y recargó la espalda  sobre la pared, para luego centrar su atención en el cuaderno.

Había recordado de forma espontánea, un ejercicio de psicología que le habían practicado a su grupo cuando estaba en secundaria.

El ejercicio consistía en escribir una carta dirigida a una persona que fuese dueña de sentimientos profundos y secretos, o quizá a quien se le tenía mucho odio, o a quien se extrañaba con el alma. En la carta debían expresarse todos los sentimientos que la persona se había callado por el motivo que fuese, sólo para después quemar la carta y dejar que las llamas consumiesen aquellos sentimientos difíciles de superar.

Así que él, esperanzado en así poder brindarle un poco de calma a su adolorido corazón, decidió realizar el ejercicio. Y sin más, comenzó a escribir.

 

 

 

De: El guapo, sexy, inteligente y (sobre todo) modesto, Víctor. ;)

Para: La mujer más hermosa que mis sensuales ojos hayan visto. Chiquitita!!

 

 

 

Víctor sonrió divertido mientras escribía. Era obvio que aquello no le funcionaría para escribir una carta de desahogo —y jamás en la vida le hubiese escrito una así a Jess—, pero necesitaba relajarse un poco.

Negó con la cabeza todavía sonriendo, y le dio la vuelta a la hoja, para comenzar a escribirle en la parte de atrás.

 

 

 

Querida Jess:

 

No sé cómo debo empezar esta carta, pero supongo que sólo debo decirte lo que he sentido durante tantos años por ti, y que por miedo a que me rechazaras siempre callé.

Creo que sería conveniente empezar en el principio. ¿No? Después de todo ese el orden lógico de las cosas —aunque hoy en día, a tantas personas les fascine presentar una historia, y después su precuela… jamás entenderé eso o.O—. Así que no puedo evitar preguntarme ¿recordarás el día en que nos conocimos? Porque yo lo he atesorado y lo llevaré para siempre en mi corazón.

Déjame decirte que ese día, mientras yo hablaba como siempre hacia la nada, y tú te acercaste a mí para preguntarme lo que hacía… me caíste mal. Lo siento, es la verdad.

«Hablo con el viento. Ahora lárgate», fue la respuesta que te di de forma tajante y grosera. Estaba acostumbrado a las burlas de todos, a que me llamaran fenómeno, a que más de uno me diese un golpe “accidental” en la cabeza antes de irse. Esperaba que tú hicieras lo mismo, pero no fue así…



Kim Pantaleón

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En el texto hay: drama y misterio, muertes tragicas, enfermedades mentales

Editado: 22.02.2018

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