Papi, estoy de regreso |sueños oscuros #1|

8° Último día

«¿Dónde estoy?» Se preguntó Víctor. Todo era oscuridad. Intentó mirarse la palma de las manos pero era inútil, parecía encontrarse en la nada.

Cada vello de su piel se erizó de pronto, ante la baja temperatura que comenzaba a inundar el lugar, junto a ese asqueroso olor a carne podrida que Víctor conocía muy bien. Un ligero temblor se presentó en su cuerpo e intentó moverse, sólo para caer en cuenta de que no podía.

Sumido aún en la oscuridad, fue capaz de oír con suma claridad fuertes rasguños, y la forma en que golpes secos y tenues ingresaban al cuarto de Susy; eran pasos. Pasos tranquilos.

«No...» pensó, ya que no podía hablar.

Hola —escuchó a lo lejos la voz de Susy atravesando la pared. Se oía asustada—. ¿Quién eres?

Ana.

La sangre se le heló a Víctor al escucharla, la muy maldita estaba hablando con Susy y él, estaba atrapado en una parálisis del sueño. Maldijo en su cabeza, e intentó con más desesperación moverse, mientras escuchaba cómo Susy volvía a hablarle a la bestia.

Me das miedo —dijo de pronto Susy—. Te pareces a mí, pero me das miedo. —No hubo respuesta de parte de Ana, sólo un largo silencio de casi veinte segundos—. No quiero ayudarte, me asustas... ¡vete! —De nuevo, reinó el silencio. De pronto, la voz de Susy, aterrada y partida llegó a sus oídos—. ¿Qué me vas a hacer?

Terminaré pronto. —La respuesta de la criatura le provocó un fuerte estremecimiento, y se vio luchando con más fiereza por moverse.

Por tercera vez hubo un silencio absoluto, en el que Víctor no podía oír nada más allá de su agitada respiración, a la par que sentía su corazón golpeteando con violencia en su pecho.

Escuchó a Susy emitir un grito agudo y desgarrador, en el que pedía ayuda con desesperación.

Víctor abrió los ojos, viendo frente a él la pared de su cuarto que daba a la calle. La casa estaba silenciosa, y no había rastro alguno del olor pútrido. El muchacho estaba bañado en sudor, y aún temblaba ligeramente.

Se dio la vuelta para quedar sobre su espalda mientras cerraba los ojos, intentando volver a la realidad. No había sido más que una pesadilla, después de todo.

Giró la cabeza hacia la izquierda y abrió los ojos... ahogó un grito de terror ante la sorpresa de mirar a Susy de pie al lado de su cama, mirándolo directo a los ojos. Inhaló hondo, exhalando segundos después; aliviado.

—¿Ocurre algo? —le preguntó a la niña, quién comenzó a juguetear con sus dedos delante de su pecho.

Susy lucía asustada e incluso, parecía estar sudando, cosa que despertó en Víctor una señal de alerta. Tal vez no había sido un sueño...

—No puedo dormir —dijo por fin Susy—. Se escuchan rasguños bajo mi cama. Hay alguien ahí y me da miedo.

—¿¡Le hablaste!? —la urgió el muchacho.

—No —respondió de inmediato la niña, mirando a su hermano con seguridad.

Víctor frunció el ceño molesto, al darse cuenta de lo que en realidad había ocurrido. Ana se había subido en el cuerpo del joven mientras dormía, lo que le provocó parálisis del sueño. Estando él en esa circunstancia, le resultaba fácil asustarlo, haciéndole creer que atacaría a Susy.

«Opresión» pensó Víctor.

Ana se había manifestado hacía ya un tiempo, después de la muerte de Jenny. También, ella lo había infestado el día en que atravesó su pecho y le provocó el olor a canela. Y ahora, aquí se encontraba, siendo oprimido por ella. Sólo faltaba un paso más.

Víctor empuñó las manos y maldijo por lo bajo, sintiendo cómo su estómago se revolvía por la ira. Ana estaba intentando poseerlo, por eso lo torturaba y lo seguía.

«¡Maldita hija de perra!»

—¿Hermano? —susurró Susy al ver que su hermano se había encerrado en sus pensamientos. Víctor la miró, relajando un poco sus facciones—. No quiero dormir sola. ¿Podrías arrullarme?

—Claro —respondió él.

Víctor se hizo a un lado en la cama, para hacer un espacio que Susy llenó al recostarse junto a él. El joven la abrazó como si de un bebé se tratase, antes de comenzar a mecerse un poco, a la par que entonaba la canción que había compuesto hacía unos años para que Susy se durmiera.



Kim Pantaleón

Editado: 22.02.2018

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