Parecemos Tontos

Diario de Paul XIV: Fútbol y niñeras

Londres, 13 de Septiembre

Cuando me desperté procuré animarme porque ya bastante desalentado había estado toda la semana. Además esta tarde pintaba buena y lo mejor era sonreír. Franny y Carl iban a salir, cenaban en casa de un colega de Carl. Colega significa: un abogado con el que tendrá algún caso en común. Mi primo dormiría en casa de un amigo que celebraba su cumpleaños en su casa de campo en Watford, que no tengo ni puta idea de dónde está, pero por lo visto debe de haber campo. He preguntado a mi tía que pasaba con la enana y me ha dicho que vendría una chica a cuidarla. No he preguntado más, seguramente sería alguien de confianza que cuida a Sophy de vez en cuando, aunque en realidad me he sentido un poco culpable y le he dicho a Franny que si quería me quedaba en casa. Me ha sonreído y me ha dicho que no y que no, pero le he dicho que para otra vez me lo diga con tiempo y lo haría. Me ha dicho que debería temer si me toma la palabra, que no hay nada mejor que alguien que se preste a hacer de kanguro sin cobrarle nada. Le he contestado que ya hablaríamos de dinero y ella ha soltado una carcajada que me ha contagiado.

He ido a comer a casa de Dean. Su madre cocina muy bien y además como no le pone leche ni queso a nada porque Dean no puede comerlo, es genial. Me he sentido como en casa. Después hemos estado en su habitación jugando un rato con la Xbox. Por supuesto como buen friki que es, también lo es de los videojuegos y se ha sorprendido que yo conociera tantos. Una de las cosas que más echo de menos también es mi consola. Mi madre no me dejó traerla pero quizá en el próximo viaje me la traiga.

14:45. El fútbol era a las cuatro. Fuimos desde allí en metro, que se había convertido en una oleada teñida de azul y blanco. Dean llevaba dos bufandas. Una era para mí.

—¿Estás de coña? —le he dicho—. Soy fan del Millwall.

—Eres idiota —se ha reído. ¡Maldito Gafas! ¡Qué bien me cae!—. Hoy eres del Chelsea, déjate de patochadas. Además el color es el mismo.

Eso es cierto. Y dado que realmente no tengo preferencia por ningún equipo de Londres, de momento, me daba igual. Y además, hablando de colores, ¿no son los colores de Escocia el azul y el blanco también? Hemos llegado a Stanford Bridge y Dean, sí Dean, me ha propuesto que pilláramos unas cervezas. No le he dicho que no. Tampoco he disimulado mi asombro haciéndole reír.

Hemos estado hablando sentados en un bordillo entre dos coches, cerca del aparcamiento del estadio. Me ha preguntado por qué no fui a clase el miércoles. Me ha insistido un par de veces.

—El próximo día te aviso.

—¡No me jodas! ¿Qué hacías en Picadilly borracho a las doce y media?

Le conté un poco por encima lo que pasó hasta las doce y media riéndome por lo de estar borracho, porque no era así. Como mucho un poco contento. Ya les había contado lo de los pases de Millwall en clase. Después le conté que me encontré a Jack el Destripador. Se le quedó una cara muy tonta. Abrió tanto los ojos que pensé que se le había curado la miopía. No me creía que hubiera estado cerveceando con el profe de Historia, pero no tuvo más remedio que aceptarlo. ¿Por qué le iba a mentir? Aun así me insistió en qué me pasaba aquel día. Le conté lo abrumado que estaba de estar aquí. Me dijo que intentara acostumbrarme, pero que no me preocupara, que pronto iríamos a Carrbridge él y yo. No sé cómo le van a mirar Thomas y estos, pero va a ser gracioso, me encanta la idea. Después de un largo trago de cerveza le conté lo de mi hermana. No supo bien qué decir. Normal. No quería que se quedara tan rayado, así que le resté importancia diciendo que sobre todo era por el cabreo con Grant, con Jack y con Delia y Emily.

—¿Sabes, Paul? —me ha dicho.

—No, ¿qué?

—Me gusta que me cuentes todo esto.

—¿Por qué?

—No sé… Hace mucho que nadie me contaba cosas —ha confesado—. Mi mejor amigo de siempre cambió de escuela hace un par de años. ¿Sabes qué? El próximo día me voy contigo fijo. Eres un suertudo.

—¡Ya! —he dicho riéndome—. ¡Pues sí, te vienes! Me gustaría hacer algo que no sea estar en la biblioteca, con mi mejor amigo londinense, para variar —he dicho. Se ha ruborizado y me he reído de él.

—¡Stonem! —ha dicho intentando poner autoridad en su voz—. ¡También hay que ir a la biblioteca!

A lo lejos venían en pandilla Barry Grant y sus dos amigos. Dean me dijo que se llamaban Sid Kent y Phillip Swanson. Eran del Chelsea. Dos de ellos llevaban la camiseta del equipo. No pude evitar mirarlos mal.



AnaBarderas

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En el texto hay: futbol, adolescente amor, hooligans

Editado: 25.11.2019

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