Pasado

8

Pasó alrededor de una semana desde que estoy en esta casa, en esta vida, en este tiempo...

Casi dos semanas en las que no logré reparar esa máquina, lo intenté. Juro que lo intenté, pero sin las piezas faltantes esto era tan imposible. No tenía un taller en donde volver a armar esas piezas, porque el que tenía no existe hasta dentro de setenta años. Tampoco sabía que usar para sustituirlas, y poco a poco sentía volverme completamente loca.

Lo único que me mantenía cuerda y tranquila era hablar con Lucas por las noches en el edificio. El siempre lograba tranquilizarme, aunque sabía que el estaba con más miedos y nervios que yo, pero el lo lograba.

Ocultaba todos sus temores tan bien, solamente para hacerme sentir a salvo, y casi siempre lo lograba. Escuchar su voz hacia que mi corazón latiera a mil por hora, pero que mi cerebro se relajase un poco y pensará en los momentos hermosos que vivimos. Soltaba suspiros cada que él me decía algo tierno, y por momentos lloraba, ya no me daba miedo derrumbarse ante él. Ya no tenía miedo de que usara mi fragilidad en mi contra, porque sabía que él nunca lo haría.

Eran las nueve de la noche, y había salido de la ducha en la habitación de Sarah. Ella en este poco tiempo se había convertido en lo más parecido a una buena amiga, uno que en todos mis veintidós años nunca había tenido. Me prestaba su ropa, yo le enseñaba la carrera que tanto amo. Habíamos tenido un gran avance desde aquella noche. De hecho, ya se había aprendido la mitad del aquel libro de setecientas páginas que tenía guardado bajo su almohada.

Había un largo vestido negro y formal, muy hermoso la verdad. Sé que en estos tiempos este tipo de vestido era algo muy común para usar un día común, pero si estaríamos en mis tiempos, este tipo de vestido se lo usaría para una reunión súper formal de trabajo. Lo tomé entre mis manos y lo observé. De verdad era bellísimo.

Tengo que admitir que me sentía un poco culpable por el hecho de que Sarah viera por mí, corriendo el riesgo de que la despidan. Ella era una muy buena persona, pero a la gente con dinero no le importa los buenos actos, sino que no los desovedezcas. Y sería muy injusto que la despidieran por mi culpa, pero no tenía a donde ir, no tenia que comer, aquí y ahora no tenía nada más que la amistad de esa chica.

Me puse en vestido negro, sin dar más vueltas. Como todos los otros me ajustaba un poco en las caderas, pero no era nada que no pudiera aguantar.

Recogí mi cabello en un moño para nada perfecto, dejando relajados mechones cortos de cabellos caer delicadamente al lado de mi rostro.

Tomé unos de los libros que se encontraban en el pequeño estante al lado de la cama de Sarah, me acosté en la cama y leí  plácidamente unos cuantos capítulos de la novela de romance que me había atrapado. No me preocupaba en qué alguien pudiera entrar en la habitación, ya que tenía puesta la cerradura. Yo le había pedido a Sarah que hiciera eso, por cualquier tipo de inconveniente que podamos tener.

Esta noche volvería a salir para tratar de encontrar una solución a la máquina, estuve viendo algunas variables para las cosas que pueda usar para sustituir las piezas que faltan. Pero es algo muy difícil de conseguir, mucho más si no tenía ni la menor idea de dónde podía buscarlas.

Sentí la que la puerta sonaba al otro lado, pero me tranquilizó al escuchar el sonido de la llave y el código que nos habíamos inventado con Sarah para saber que era ella.

Sarah entró en la habitación, y me sonrió mientras se dirigía hasta su baño. Luego de eso sentí la ducha abrirse. Volví la atención al libro.

Estaba en los capítulos finales, ahora los protagonistas se encontraban en su momento de crisis, el cual para mi se denominaba "Dar más vueltas que un perro cuando se persigue la cola", es decir, traducido, complicarse la existencia por cosas absurdas. Pero en verdad me estresaban esos dos. La chica se iba a casar con alguien que no amaba solo porque la familia necesitaba del dinero de ese chico, mientras que el idiota del protagonista le escribía una carta diciéndole lo que siente por ella y pidiéndole que no se casa con el otro tipo. Pero como siempre todo tiene que ser inútilmente complicado, esa inútil carta pasó hasta por la caca del perro en vez de por las manos de esa chica.

Realmente estaba estresada por esos dos.

Y otra vez de alguna manera que no tenía nada que ver me recordaba a Lucas y a mí. Y las vueltas que daba para decirle lo que de verdad sentía, lo mucho que complicaba las cosas por no ser directa con él y conmigo misma.

Si pudiera tenerlo justo ahora, enfrente de mí, le diría todo lo que no le dije en años. Pero yo me doy cuenta de eso, cuando no lo tengo junto a mi, cuando estamos a años de diferencia, cuando él ni siquiera existe.

La puerta del baño se abre, y sale una Sarah ya cambiada, vestida de un vestido gris que le llegaba por debajo de sus rodillas y una chaqueta tejida de color negro.

-¿Hoy vuelves a salir?—pregunta mientras se seca un poco el cabello con una toalla de mano. Yo asiento y vuelvo la vista al libro.—¿En algún momento me contarás porqué sales todas las noches al mismo horario?.

Yo me quedé paralizada, sabía que tenía que decirle en algún momento, pero no podía. Si lo hacía, eso empeoraría mucho más las cosas, y es lo último que necesitaba.

—Yo... eh... yo...— dibagaba en mi mente tratando de encontrar alguna excusa creíble.

—No puedes decírmelo, ¿verdad?— ella me dio una mirada cansada, casi decepcionada, y yo no supe en donde meterme.

Me sentía mal por no poder contarle, es lo menos que ella se merece por todo lo que me hizo. Pero solo me quedé en silencio.

—¿Tan malo es como para no poder hacerlo?— volvió a preguntar ante mi silencio— Creí que te demostré que podías confiar en mi, yo me estoy arriesgando por ti, porque quiero que estés bien, pero tu no haces más que salir por las noches y no contarme a donde vas. Y no es porque quiera controlarte, es para poder salvarte el culo si estás en un aprieto.




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