Pasiones Ocultas [serie Ice Daggers 4]

Capítulo 20

 

 

 

Deseo

 

Riley apagó la pantalla de televisión, nada de lo que había en los mil canales parecía interesarle, y su mente permanecía en otro lado. 

 

Las horas pasaron a paso de tortuga mientras ella intentaba recrearse en algo que no fuera sus recuerdos de Aiden. En vano. Jamás habría imaginado que podría extrañar tanto a alguien, su corazón dolía de manera innecesaria, por él. 

 

"Tal vez, lo quiero más que a un amigo" pensó, sus reacciones ya no eran por la simple atracción física, eran el resultado de algo más profundo, crudo, de un sentimiento que nacía en el alma. 

 

"—Tú le cantas a mi fuerza... Riley, tú eres la razón de mi desequilibrio"

 

—¿Soy yo la que provoca que su lado dominante salga a la luz? 

 

Parecía irónico, pero con Aiden todo era posible. 

 

Al recostarse en su cama se hizo un ovillo, los pensamientos no paraban de volar en su cabeza, todo lo que había pasado, los secretos que él le había confesado, su absurda necesidad de separarse, la incertidumbre de lo que podría pasar en la última sesión del Congreso... 

 

Tenía demasiadas preguntas y ninguna respuesta. 

 

—No quiero alejarme— susurró antes de quedarse dormida. 

 

Despertó con la tenue luz de las lámparas de emergencia en el techo, el sol ya se había puesto, y las farolas de la calle estaban ya encendidas. Se sentó en la cama sintiendo la tranquilidad de la habitación azotar su cuerpo, una desgarradora necesidad revolvía su estómago. 

 

Se sentía sola. 

 

El reloj de su mesita de noche daba las nueve en punto y Aiden no había vuelto. 

 

¿Le habría sucedido algo? Se preguntó ¿Se habría cambiado de habitación? O peor ¿Ya no quería verla? 

 

—¿Riley?

 

El sonido de su voz despejó su mente de preguntas. Ella encendió una lámpara y la luz ámbar iluminó su figura cuando entró. 

 

—Aquí estoy Aiden— respondió— pensé que te había sucedido algo malo. 

 

—Fui con Alexei a tomar un café— sonrió— comió chocolate como si fuese un niño. 

 

Riley lo vio caminar desde la puerta a su cama, observó como sacaba con movimientos metódicos su ropa de su maleta, lo vio andar de su cama al baño con ese paso y esa seguridad propia de él, oyó el sonido de la ducha, contuvo la loca idea de ir con él. 

 

¿Desde cuándo tenía esos pensamientos? 

 

Su atrevimiento la sorprendió, mucho más cuando supo, que la confianza que siempre había anhelado la tenía cuando estaba con Aiden. Ella era fuerte a su lado, era una mujer segura, valiente, sólo con él. Sonrió, en un segundo todos sus miedos del pasado desaparecieron. 

 

Hubo una vez en que ella tenía miedo hasta de su sombra, cuando ella era tan pequeña que casi no podía recordar tenía miedo hasta de lo inofensivo. Pero Riley había sido una adolescente tímida cuando sucedió lo peor, y en un callejón oscuro perdió su inocencia a manos de un desconocido. La encontraron unas mujeres agonizando al borde de la muerte por la brutal golpiza, fueron ellas quienes la salvaron y la llevaron a un hospital. 

 

Tardó meses en recuperarse físicamente, pero las heridas  psicológicas no lo hicieron. Sólo cuando encontró a Aiden y a los demás, pudo sanar. Él le ayudó a salir adelante, se convirtió en su ancla, su amigo, la persona a la que acudía primero cuando necesitaba algo o cuando el miedo a la oscuridad se tornaba insoportable. 

 

Ahora ella se sentía una mujer revivida, porque obtenía todo lo que necesitaba de él, sin Aiden ella no era nada, entonces ¿Cómo podría pensar en la idea de no estar cerca de él? 

 

"Aiden es mío" se dijo, le pertenecía, más que a nadie, por todo el tiempo, todos los días, meses, y años en los que habían estado juntos, era suyo, porque sabía que se rehusaba a estar con otra mujer y aunque no tenía la certeza de si era por ella o por otra cosa diferente, ella confiaba en que Aiden sentía algo. 

 

—Mañana se votará la ley— dijo Aiden saliendo del baño— si se aprueba seremos independientes de los humanos. 

 

Apareció vestido con una simple camisa de franela negra y pantalones de dormir del mismo color, su cabello aún seguía mojado y se había oscurecido por el agua. Su aroma terrenal, mezcla de musgo y pino, estaba enmascarado por los productos de limpieza, que le daban un aroma dulce. 




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