Pinceladas

Capítulo 1.2.

Capítulo 1.2.

Carta

–Esas fueron las palabras que escribí en aquella carta el día que me di cuenta que la perdería... fui tonto al pensar que siempre estaría en mis brazos, pero cuando más seguro te sientes de las cosas es donde la vida siempre te dará ese golpe que desestabilizara todas las grandes bigas que creías haber construido...
–Te entiendo, pero... y ¿qué paso con ella?
–Sonrió– un brasileño alto de ojos claros me la quito...
–Ella algo confundida e incrédula–, ¿enserio?
–Es claro que eso no pasó, no soy tan desafortunado, déjame contarte como termine aquí tomando este café...
Todo comenzó hace aproximadamente dos años, me encontraba con mi mejor amigo estábamos algo aburridos ya que aquel día no había sido bueno por diversas situaciones poco alentadoras, toda mi vida he sido del tipo de persona que se divierte con las bromas y dado el momento decidimos hacer una, era sencilla y no hacía daño alguno, tomamos el teléfono y comenzamos a llamar primero fueron números inventados con las diferentes empresas telefónicas que conocemos, nos divertimos con todas aquellas personas que no sabían quién les llamo...
Guarde silencio unos segundos, sentí nostalgia y mis ojos comenzaron a entristecer, recordar aquel día no era lo mejor que podía hacer y más aún luego de salir de aquel encierro de depresión y angustia por aquella mujer que iluminaba el más oscuro día solo con una hermosa curva dibujada en sus labios...
–Y bien... ¿Qué sucedió entonces? –la intriga se reflejaba en su rostro.
–Sabes... siempre el destino juega con nosotros, nos toma como un muñeco de pruebas...
– ¿A qué te refieres?
–Una casualidad solo es el plan del destino... nuestro encuentro ya estaba escrito en las páginas del largo camino que tenemos que recorrer en la vida, recuerdo que en un principio entre el nuevo grupo de amigos que formamos era el más sarcástico, siempre lo he sido solo que allí superaba mis límites, unos reían otros hacían lo mismo y ella... ella me odiaba; dicen que del amor al odio hay un paso pero del odio al amor solo hay un pequeño salto, lo primero que me atrajo de ella fueron sus labios –suspiro–, hice un pequeño halago:


–Allison tienes labios muy lindos.
–Te los vendo si quieres, tuyos y míos si me los compras –sonreía.
– ¿Me los vendes? ¿Cuánto cuestan? Estoy dispuesto a pagar caricias infinitas, abrazos donde te sientas protegida, mantener siempre su humedad estable, besarlos lentamente y no morderlos muy duro para no lastimarlos... ¿me los vendes?
una tierna sonrisa se reflejó en su rostro y sus mejillas tomaron aquel tono rosado como los pétalos de las rosas floreciendo en el invierno.
– ¡Más que vendidos!

–Eres un romántico empedernido– dijo Amy sonriendo.

–No, solo a veces digo cosas que hacen parecer que lo soy…

Continuo, Ese fue el inicio de lo nuestro, no compre sus labios en realidad, llame fue su atención... comenzamos a hablar más seguido y mi boca siempre tenía alguna frase, alguna palabra que le generará una sonrisa y sus mejillas se ruborizaran...
–En sus inicios debió ser un amor muy lindo, como sacado de un novela. – dijo Amy.
–Si... pero no fue solo en sus inicios, diría que fue hasta que mi inseguridad me consumiera totalmente y me apartara de ella.
– ¿A qué te refieres?


En ese momento la mesera interrumpe diciendo que el lugar cerrará, y ella me mira algo desconcertada.


– ¡Debes terminar de contarme tu historia! –dijo mientras sostenía mi brazo.


Nos levantamos entonces, pague mi café y salimos... la lluvia aun cubría las calles, toma su cartera y anota algo en un papel.


–Te dejo mi número, debes terminar de contarme –lo dijo muy alegré, entusiasmada–, por cierto me llamo Amy –me dio su mano.
–Sí, ya lo habías dicho –sonreí levemente.
– ¡Oh sí! Es cierto, pero tú no me has dicho tu nombre –alzo su ceja mientras me miraba fijamente.
–Patrick...
–Es un placer Patrick, no te olvides de llamarme –hiso el gesto con la mano y llamo un taxi–, adiós, que tengas buenas noches –se despidió mientras subía al coche.


Solo sonreí y el taxi se alejó por aquella calle bajó la lluvia, mire el papel que me había dejado y unas gotas cayeron en el corriendo la tinta, borrando los dos últimos números... solo seguí sonriendo y lo guarde en mi bolsillo.



Andres M. Quiroga

Editado: 16.03.2020

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