Posibilidades.

Capitulo 8: Aclaraciones.

La hora de despachar a los niños llegó y Felicia deseaba desesperadamente que Richard se llevará a Jenny a casa pronto.  Necesitaba estar sola y pensar.

Sorprendentemente Richard llegó muy temprano y esta vez entró a buscar a su hija.

Por supuesto Martha no tardó en acercarse a él cuando lo vió con tal de sacar cualquier información valiosa, pero no logro nada.

Aún habían cinco niños cuando Richard abrió la puerta del salón de clases.

- ¡Papá!— Jenny corrió hacia él contenta.

—Hola cielo. ¿Qué tal la has pasado hoy?

Un par de padres llegaron por dos pequeños a quienes Felicia ayudo a salir y se quedó hablando un poco con ellos en el pasillo. Aún le quedaban dos niños más.

Al entrar encontró a Richard observando la pared donde tenía pegados algunos de los dibujos que Jenny había hecho junto a los de los demás niños. Se sentó en su escritorio y guardo el resto de sus cosas impaciente por irse y por qué Richard se fuera.

—Felicia— susurró — ¿Te esperamos afuera?

—Aún tengo cosas que hacer Señor Jones.

El tono serio que encontró en aquellas pocas palabras no pasó desapercibido.

—Vamos Jennifer.

—¿La srta Williams no vendrá con nosotros? — pregunto desilucionada.

—No cielo. La señorita Williams está ocupada.

—Pero podemos esperarle — insistió.

—Gracias linda. Pero la verdad no puedo irme aún. Todavía no ha venido la mamá de Alex y Sophia. Luego tengo unas coss que hacer. Será otro día. ¿Si?

La pequeña asintió triste y siguió a su padre que tampoco miro a Felicia. No pudo evitar sentirse culpable por entristecer a Jenny y haber sido tan cortante con Richard pero ese no era el momento, no era el lugar apropiado para esa conversación.

Camino a casa, mientras veía por la ventana del autobús apelaba a sus posibilidades. A las infinitas posibilidades que siempre se creaban en su cabeza.

"Talvez, él solo está confundido. Quizás mi amabilidad le dió a entender otro tipo de intención. Talvez le he alentado a crearse expectativas sin siquiera darme cuenta. Debí corregir ésto en la mañana cuando me beso así. No debí permitirlo. Pobre hombre.

O quizás.

O quizá solo busca a alguien para divertirse.

Pero él no parece de esos hombres. Aunque no lo conozco.

No, no puedo pensar tan mal de él. Seguramente se ha hecho ilusiones por mi culpa".

Transcurrieron al menos cuatro semanas en aquel silencio. Ella seguía convencida que lo mejor era seguir manteniendo la distancia entre ellos. Lo mejor para él y para ella.

Aunque Jenny se molestara por que no les acompañara en las noches ella seguía firme en su decisión.

Richard parecía respetar aquella distancia impuesta, pero sus ojos le suplicaban la oportunidad de acercarse. Algo que ella rechazaba no siempre de la forma más discreta.

Sin embargo, comenzó a sentirse extrañamente culpable con el paso de las semanas. Como si fuera su culpa hacer sufrir a aquel hombre. Así que comenzó a repasar un pequeño discurso mental para aclarar la absurda situación y mal entendido.

Lo repaso una y otra vez hasta que llegó al edificio, subió hasta su apartamento y recordó que no había revisado las fotos del domingo en el zoológico. Algunas de ellas le servirían para la clase del jueves con los niños pues hablarían de algunos animales.

Encendió la computadora y reviso la carpeta de fotos.

El discurso seguía patinando en su cabeza al mismo tiempo en que separaba las fotos en distintas clasificaciones.

Todas las de Jenny las puso en una carpeta para imprimirlas luego y dárselas a Richard.

Eran fotos muy bonitas. Le hacían sonreír al verlas y recordar cuando las tomó. Jenny era tan bonita, tan dulce, tan talentosa a su manera.

La siguiente foto la hizo detenerse un momento frente a la pantalla.

Era Richard con su taza de café en la mañana. Aquella suave sonrisa que se escondía detrás de la taza la hizo alzar el dedo índice para tocar su rostro tal como había sentido cuando lo vió dormir aquella tarde. De un respingo pasó la imagen. Eso no ayudaba a concluir el discurso mental.

Encontró las fotos que se había tomado con Jenny en brazos y le gusto ver que daba la impresión de ser su hija. Una curiosidad que le hizo aumentar su sonrisa y considerar un ligero cambio en su discurso.

Dando un nuevo clik, la foto cambió a la que se hicieron los tres.

Aquel amor que Richard sentía por su hija era más que evidente y la forma en que la abrazaba le decía lo mucho que la protegía del mundo.

Entonces se sorprendió al darse cuenta que Richard había confiado en ella ciegamente como para sentirse agusto en su compañía al lado de su hija. Confianza que seguramente no le había sido fácil de entregar.

Más adelante se topó con la foto de ellos dos. No se veían mal la verdad. A pesar del espacio físico entre ambos parecía que eran cercanos, que congeniaban.




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