Posibilidades.

Capítulo 25: Culpabilidad (Capítulo especial).

Mientras Richard estaba en la pequeña biblioteca de Phil que también usaba como oficina en casa, escuchó a Jenny llorar en la habitación. 

Fue a verla de inmediato. De nuevo tenía pesadillas. Algo que había estado ocurriendo desde la separación. Ya eran cada vez menos pero seguía despertando a todos en la casa. 

—Aquí estoy cielo. Solo era un mal sueño — dijo abrazándola. Le limpió las mejías y se metió a la cama con ella. 
—¿Está bien? — Preguntó Alice desde la puerta.
—Sí. Lo siento.
—Tia Alice. ¿Dónde esta mamá? Quiero hablar con ella. 
—Princesa, debe estar dormida — dijo Richard intentando explicar que eran más de las doce—. Es muy tarde.
—Quiero hablar con ella — pidió con nuevas lágrimas.
Richard suspiró levantándose con ella en brazos.
—Ven linda. Hablaremos con tu madre — dijo Alice tomándola. 
Fueron a sentarse en lo alto de las escaleras del seguro piso. Ese espacio se había convertido en el lugar favorito de Jenny para hablar con Felicia por teléfono. 
—Quiero marcar yo — pidió al ver el teléfono inalámbrico. 
Marcó el número de memoria y pulsó el botón de altavoz. Había aprendido a usar el aparato gracias a las instrucciones que Felicia le dio en una de sus anteriores llamadas.

Richard solía esconderse en la habitación o en el estudio cuando su hija hablaba con Felicia. No es que no quisiera oírla. Todo lo contrario, extrañaba su voz pero la culpabilidad lo hacía sentirse indigno siquiera de escuchar aquellas sencillas pláticas que mantenía con su hija. 

Pero esta vez se quedó. Se sentó uno escalones más abajo mirando a Jenny sorber por la nariz, sentada en el mismo escalón donde al parecer se sentía bien cuando la llamaba. 

El tono de llamada seguía ahí hasta pasar al buzón de voz. Era casi la una de la madrugada. Richard estaba seguro que ella dormía. 

—Quizas está dormida cielo — dijo Alice acariciándole el cabello. 
—No. Ella me ha dicho que simpre va a contestarme — respondió buscando cómo marcar de nuevo. Al instante el teléfono sonó en una llamada entrante—. ¿Hola? ¿Lissi? — dijo poniendose el teléfono en la oreja.

Luego presionó el botón de altavoz y comenzó a hablar.

—Perdón por no responder antes Jenny. Estaba un poco dormida. ¿Has tenido una pesadilla? — Preguntó la dulce voz. 
—Sí. Fue muy fea. Me he asustado. 
—Y ¿Papá llegó a abrazarte? 
—Sí. 
—Entonces ya te han dado mi abrazo. Lo sabes ¿Verdad?
—Sí. Pero.. Tienes que darme más abrazos cuando vengas.
—Claro que sí cielo. Te daré muchos abrazos y besos. Recuerda que cada vez que tú padre te abrace la mitad es de mi parte. 
Richard sonrió y miró a su hija. 
—Pero papá ya no me da tantos abrazos. Solo tía Alice y y tío Phil. 
Ella tardó un momento en responder. Richard abrió los ojos ante aquella queja de parte de su hija. Alice solo bajó la mirada. 
—¿De veras?
—Sí. Ya no me gustan sus abrazos. 
—¿Por qué linda?
—Por que siempre está molesto.
—Y ¿Tú le abrazas?
—Sí. Sus abrazos eran mejores cuando tú lo abrazabas. Creo que también quiere uno. 
—Tu papá debe estar cansado Jenny. Tiene mucho trabajo. No está molesto. Y menos contigo.
—Sí. Dice que debe trabajar mucho. 
—Así es. Pero sé que te abraza con mucho cariño. 
—¿Le darás un abrazo cuando vengas el sábado? — Preguntó entusiasmada.
—Tal vez lo vea el sábado cuando llegue. 
—Y un beso — pidió con una sonrisa. Felicia soltó una risita.
—¿Un beso?
—Sí — dijo riendo mirando a su padre. 
—Mejor dáselo tú de mi parte. Lo tienes más cerca. Y estoy segura que le gustarán más tus besos.
—Esta mirándome ahora.
—¿Ah sí? ¿Está junto a ti?
—Sí. 
—¿Y tía Alice? 
—Aquí está. 
—Dales un beso de mi parte por favor. 
—Vale. 
—¿Qué comiste hoy Jenny?

Ella comenzó a relatar bocado a bocado todo lo que comió en el día. Y le contó lo que hizo en la escuela, los juegos con sus primos y todo lo que vio y escuchó. Richard se levantó a la cocina para servirse un café. 

Felicia era una buena madre aún a la distancia. Sin importar que la ciudad completa los separaba seguía estando ahí para su hija. Y Jenny confiaba en ella, le quería. 

—No dormirás nada si tomas más café — dijo Alice entrando a la cocina.
—¿Ya terminaron de hablar?
—No. Aún sigue en el teléfono. Pobre Felicia. La desvela casi todas las noches. 
—Sí…
—¿Qué piensas?
Ella fue a servirse una taza de café y se sentó. 
—En lo que Jennifer dijo. 
—Deberias escuchar más seguido las conversaciones de Jenny y su madre.
Al escuchar aquello Richard levantó la vista hacia su hermana. 
—No puedes decir lo contrario — agregoy ella al notar la forma en que la miraba. 
—No. No puedo. 
—Tienes que hacer algo. No solo por ti, si no por tu hija. Ella la extraña y las cosas no mejorarán si tú sigues negándote a arreglarlo.
—Alice. No estás ayudándome — reclamó molesto. 
—¿Ayudarte? ¿No estoy ayudando Richard? 
—No. No lo haces. 
—Y ¿Cómo diablos crees que me siento en medio de todo esto Richard? ¿Crees que en realidad me dan deseos de “ayudarte”? ¡¿Sabes lo mucho que me molesta verte sabiendo que le has roto el corazón a esa pobre mujer y a tu hija por intentar volver con la estúpida de tu ex?! O ¿Cómo crees que me siento cuando tu hija pregunta por Felicia y recuerdo que ella se fue por tu culpa? Cómo está noche. Cuando despierta buscándola y tiene que conformarse con una llamada cuando podría tenerla al lado. O al ver aquí a Felicia. ¿Sabes cuánto me gustaría que dejaras de ser un orgulloso y un idiota para que resuelvas esto tú solo? Y ella no tenga que irse por qué no quiere verte.
—¡Eso intento Alicia! ¡¿A caso crees que no me siento mal por todo esto?! ¿Qué no me siento culpable de todo?
—Es tu culpa. 
—¡Lo sé! Maldición. Claro que lo sé. Es mi culpa. 
—Pues haz algo en lugar de estar lamentándote todo el día. Por qué yo así ya no te aguanto aquí Richard. 
—¿De qué hablas? 
—Tu y tus quejas. Tus malas caras y tu humor de perros me están matando. Solo vienes quejándote del trabajo y de todos.
—Phil no opina lo mismo — refutó sin mirarla.
—Phil es un hombre tan bueno que es tu cuñado. Él no tiene por qué decirte estas cosas. Para eso estoy yo.
—Y ¿Qué quieres que te diga? ¿Qué ya sé cómo pedirle perdón? ¿A ella a Jennifer? No sé cómo hacerlo. Ni siquiera tengo valor de mirar a Jenn a la cara.
—En serio Richard. Eres desesperante. Ni siquiera Felicia pasa llorando por ti ni lamentándose cuando nos vemos. De hecho ni siquiera te menciona. Dice que quiere aprender a superarlo sola y de forma madura. Y cuando tu hija te menciona ella no hace más que decir cosas buenas sobre ti. ¿Y tú? Aquí llorando todo el día y culpando a otros por tus errores. 



Brooklyn Birk

Editado: 30.06.2018

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