Postmortem

Capítulo 14: Sístole...Diástole

1

Carl Donovan recorrió el pasillo pobremente iluminado por el que, minutos antes, había acompañado a Tim Rogers a llevar el cuerpo de Joe Materson hasta la limosina fúnebre que lo transportaría a la funeraria para sus exequias. Empujaba la camilla vacía y, cuando dobló a la derecha, pensó que escucharía encenderse el motor del vehículo.

Sin embargo, no llegó ningún sonido.

Algo había retrasado a Rogers. Por un momento sopesó la idea de regresar para ver qué había sucedido, pero se arrepintió al instante. Ya no era su responsabilidad y, el empleado de la funeraria tendría que arreglárselas solo.

Donovan lo pensó mejor y, una vez que quedó fuera de la vista de Rogers, se detuvo un instante. Necesitaba analizar las cosas con más calma y darse un poco más de tiempo para escuchar el motor del auto fúnebre. No quería sentirse culpable por aplicar la de Poncio Pilatos y lavarse las manos así, sin más.

En retrospectiva, la autopsia había sido un desastre. Al menos, así lo veía él.

Aunque el procedimiento había llegado a un dictamen concluyente sobre la causa del fallecimiento del occiso, y aunque había entregado el cuerpo a la funeraria dentro del plazo establecido, cumpliendo la orden perentoria de Samuel Dean, nada —absolutamente nada— había sido normal.

Los movimientos antinaturales del cuerpo. Los cambios multicromáticos del cadáver, que por momentos parecía más un arcoíris de colores que un muerto propiamente dicho. La extraña falta de coagulación en la sangre y al final, aquella danza macabra.

Aún podía ver la escena con total claridad: el cadáver “bailando” sobre la plancha de procedimientos. Y como acto final, aquel brazo doblado y sostenido en el aire durante varios minutos. Había intentado explicarlo recurriendo al rigor mortis y buscando en su memoria toda la teoría aprendida durante años de experiencia, pero no lograba encontrar una explicación científica ni lógica para ninguno de los sucesos que acababa de repasar.

Continuó unos segundos más recordando el procedimiento y, repitiendo mecánicamente cada uno de los pasos y cortes que había practicado sobre el cadáver, como si en algún momento fuese a descubrir una pista que lo condujera a la luz.

Entonces escuchó, a lo lejos, cómo la carroza fúnebre recobraba vida. El motor se encendió con un rugido amortiguado y por supuesto, no podía ser otro que Rogers quien había puesto el vehículo en marcha.

Donovan se tranquilizó un poco y concluyó que aquello que hubiera retrasado al empleado de la funeraria ya había quedado atrás. Si algo grave hubiese ocurrido, no dudaba de que Rogers habría regresado corriendo por el pasillo, bajando su propio registro personal en los cien metros planos y estableciendo un nuevo récord.

Cuando escuchó que el auto se alejaba, y el sonido del motor perdiéndose en la distancia, soltó un suspiro de alivio. Luego reanudó la marcha, recorriendo la morgue mientras empujaba la camilla.

Al llegar a la sala de procedimientos donde había practicado la autopsia, volvió a detenerse bajo el marco de la puerta y lanzó una mirada lenta, escaneando cada rincón del recinto. En uno de los mesones adheridos a la pared descansaban la cámara fotográfica y la grabadora de voz, donde había dejado consignado todo lo que había realizado durante la intervención.

Por suerte, Mike Rase no tenía la cámara en sus manos cuando casi pierde el sentido y tuvo que ir hasta él para evitar que cayera al suelo. De haber sido así, el equipo se habría hecho añicos contra el piso.

El recuerdo de aquel momento también lo llevó a pensar en el estado de su asistente. Decidió que lo mejor sería ir a verlo antes de encerrarse en su oficina a redactar el informe que el director de la morgue le había solicitado con tanto ahínco.

Donovan entró en la sala y se dirigió hasta el mesón para tomar la cámara y la grabadora de voz. Una vez que las tuvo en sus manos, se enfiló hacia la salida; pero un sonido lo hizo detenerse al instante.

Se dio vuelta para identificar de dónde había provenido, pero no encontró nada fuera de sitio.

Observó una vez más la sala con sumo detalle, recorriendo cada rincón con la mirada, hasta que ubicó el cerebro y el corazón de Joe Materson, colocados uno al lado del otro en diferentes recipientes. El cerebro estaba parcialmente cubierto por formol, mientras que el corazón reposaba desnudo en su contenedor, oscuro y silencioso.

Justo al lado de los órganos de Materson descansaba la libreta de notas, en donde Rase había consignado el peso de los órganos y otros datos del procedimiento. Donovan caminó hasta el lugar donde estaba la libreta, viendo a un lado y a otro y en constante alerta. Procuraba que sus pisadas no hicieran demasiado ruido, por si el sonido que lo había detenido volvía a aparecer, pero no volvió a escucharlo.

Cuando llegó al mesón, tomó la libreta y observó detenidamente los órganos. Tras unos segundos de silencio, concluyó que tendría que solicitarle a Samuel Dean que coordinara la recogida de los mismos, para que fueran llevados a uno de los laboratorios de la ciudad, donde podrían someterlos a estudios más profundos.

Se dio la vuelta y caminó hasta la salida, aunque esta vez, nada detuvo sus pasos.



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En el texto hay: misterio, suspenso, terror

Editado: 13.03.2026

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