Quédate con todo

1. La Fotografía

Aparco mi moto en el lugar de siempre, coloco el casco bajo mis brazos y me cuelgo la mochila de lado. Llego a mi casillero y guardo el casco dentro y antes de cerrarlo chequeo una vez más el lugar donde tengo guardada una fotografía donde estoy  con mi padre, al apreciar el lugar y verlo vacío es cucho el sonido de una alarma de alerta - literal, el timbre acaba de sonar- rápidamente el pasillo se vuelve una estampida de adolescentes queriendo llegar a tiempo para no tener ningún inconveniente con los profesores. Mis pensamientos de emprender una la búsqueda de la fotografía se desvanecen al ver al profesor McAlister caminar hacia mi aula; y si no quiero un sermón tenia que atravesar esa puerta antes que él.

Llego rápido al salón y me acomoda en mi asiento que se encuentra en una esquina al fondo del salón al lado del gran ventanal. Catalina que se sienta al frente de mi, me saluda con la mano y Verónica que está justo a mi lado me sonríe como si tuviera algo divertido que decir. Habré la boca para decir algo pero la llegada del profesor la interrumpe.

- Tenemos que hablar.- yo solo asiento y para luego presta atención al profesor de literatura.

-Bueno chicos como ya saben, las dos personas que saquen la mejor nota, serán las personas que tendrán el examen de este mes exonerado y no tendrán que hacer el proyecto del mes que viene si no lo desean. Aquí les tengo sus trabajos ya corregidos.

El profesor pasa mesa por mesa y entrega los trabajos. Casi se me salen los ojos al ver mi nota, les había dicho a mis padres que superaría la anterior pero nunca creí que tanto.

-los alumnos que sacaron la mayor nota fueron... La señorita Cornwell y...

Al escuchar mi apellido mi cerebro se desconectó totalmente del mundo. Lo había logrado, había superado mi setenta del mes pasado y lo había sustituido por un noventa.

Salí de mi estado de chock, cuando sentí que me golpearon el brazo. El profesor ya se había ido y las chicas que tenia en frente me miraban con emoción.

Catalina me miraba y sonreía con esa sonrisa diabólica de Verdad o Reto, hasta que Verónica se decidió a hablar.

- Tratándose de ti y de tu huida a unicorlandia sé que no escuchaste lo último que dijo el profesor y como se que me amas y amarás más al profesor cuando lo sepas te lo diré ahora. Arturo Houston es el otro alumno que saco mayor puntuación y les toca presentar sus obras el lunes en público. Habrá un concurso dónde chicos de otras escuelas participarán y les toca escribir un libro juntos para el concurso de primavera.

Mi rostro no pudo expresar más emoción y mi boca se abrió en una enorme o, que fue cerrada por Catalina antes de que babeara toda la mesa.

El timbre sonó en el cambio de hora y todos salieron disparados fuera del salón me di la vuelta para tomar mi bolso y escuche un golpe en la venta. 

Con la mochila colgada en un brazo y me gire, todos se habían ido. En mi mesa visualize un papel en forma de avión, una perfecta caligrafía lleno mis ojos de emoción al desdoblar el papel. 

Tengo tu fotografía, búscame en el patio trasero en la hora del receso.

PD: ve sola.

Si no fuera por que esa foto es muy importante, hiciera una bola con ese papel y lo tiraría a la basura, pero mejor lo guarde, por si es una broma pesada de esas que acostumbran a ser aquí en Swartz. 

 

 

Luego de presenciar una posible explotación en el salón de Química me quite la bata y mientras la ponía en su lugar el timbre sonó indicando que el receso comenzó. 
Guardo mi mochila el el casillero y camino hacia el patio trasero, donde los chicos cachondos van a toquetear a su pareja.

Me deslizó por el pasillo y al llegar no veo a nadie, me doy la vuelta para irme y escucho un extraño jadeo de dolor que proviene de atrás de un árbol rodeado de arbustos dónde se puede visualizar una silueta pero no claramente.

Rodeo los arbustos y me acerco, de aver sabido que él la tenia llego hasta 5 minuto antes del receso.

Arturo se encontraba recostado del árbol sosteniendo su mano y examinándola con cuidado.

-Te encuentras bien? - me mira y sus mejillas toman un color rojizo quizás de la vergüenza pero también hacen que mis mejillas se enciendan un poco.

Mi atención recayó en su mano, tenia la muñeca roja y cada que se la masageaba hacia una mueca de dolor.

- Sí, es solo un golpe.

- Pues a mi me parece que tienes que ir con la enfermera.

-No es nada grave.

- Tu muñeca roja, y tu cara de susto, no dice lo mismo. Vamos.

Lo ayudo a pararse extendiéndole mi mano. Lo halo hacía mi y cuando ya está casi parado, mi torpeza hace que nos caigamos hacia a tras y que el quedase sobre mi. Su cara de dolor me alertó y supuse que se lastimó la muñeca.

Intente levantarme pero cuando caí en cuenta en qué su cara estaba muy cerca de la mía y que cualquier movimiento podría hacer que sus labios chocaron con los míos, no me moví.

- Puedes levantarte? 

Él parecía no querer levantarse,  me examinó y luego se despegó de mi cómo si mi tacto quemara.

Luego de ese encuentro incómodo llegamos a la enfermería. Le pusieron un vendaje y le recomendaron ir a hacerse un chequeo al hospital.

Salimos y nos sentamos afuera en un banco.

- como esta tu muñeca?

- Bien. -Se rebusco algo en el bolsillo trasero y sacó algo doblado. Lo desdobla para luego entregarmelo. Era la foto de mi padre y yo. - se te calló el viernes cuando cerraste tu casillero, intente devolvertela pero parecía que nada te podía detener en tu moto, con los audífonos a todo volumen.

Me miró directo a los ojos, esos ojos canela que me traían como boba, aunque lo disimulaba bastante bien; esos ojos que creía que no eran para mi, pero ahora mismo me miraban con algo más que no lograba descifrar.

En ese momento sentí el comienzo de algo que se irá alimentando con el tiempo.



The surf...

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En el texto hay: romance tragico

Editado: 22.08.2019

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