Querido Cupido

Capítulo 12. Bailar con cupido

—Hola, aquí estoy-—murmuro posicionándome frente al avellanado. Su penetrante mirada me atraviesa dejándome desnudo en cuestión de segundos y me derrito ruborizándome ante la media sonrisa que me dirige.

 

—Es un gusto volver a verla.

 

Mi amiga pellizca mi brazo con disimulo y retengo un gemido de dolor, dándole una mirada de soslayo me doy cuenta de la extensa sonrisa cómplice que divide su boca.

 

—Ella es mi mejor amiga, Amanda

 

—Encantado de conocerla. — habla extendiendo la mano

 

—Igualmente, señor. Trate bien a mi amiga porque no dudare en joderlo si le pasa algo. —amenaza seriamente apretando la mano del griego.

 

—¡Amanda! —protesto sonrojándome hasta las orejas. Vryzas ladea la cabeza acariciándose el mentón y esquivo su mirada cohibida.

 

—Podéis iros, yo esperaré a mi hermano. — Ella me empuja por la espalda baja y cierra la puerta detrás de mí dejándonos solos.

 

Mis ojos se encuentran de lleno con una corta camisa de lino, voy subiendo por el largo cuello del magnate deteniéndome por unos segundos en su afilada barbilla y terminando mi recorrido en un gracioso sombrero de paja. Suelto una risita y me muerdo el labio inferior cuando el griego enarca las cejas.

 

—Su sonrisa es hermosa. —elogia rozando tiernamente mi mejilla con su pulgar, su tacto deja un rastro ardiente sobre mi piel y suspiro cerrando los ojos encantada.

 

—Gracias

 

—¿Está preparada para bailar al son tropical?

 

—Supongo que sí.—asiento caminando a su lado por el escéptico pasillo blanco.

 

El aturdidor bullicio de la gente y la retumbante melodía pegadiza que toca un grupo de señores en el escenario nos dan una calurosa bienvenida cuando entramos en la gigante sala de ceremonias del hotel. Eros entrelaza nuestros dedos y tira de mí hasta los puestos de exposición, la suavidad de su mano contra la mía se siente muy bien, sacudo la cabeza negándome a acostumbrarme a la sensación de calidez y añoranza que se comienza a hospedar en mi corazón.

 

El sitio es un rectángulo inmenso decorado por flores y mariposas de colores vibrantes, las paredes están cubiertas por largas cortinas azules, rojas y blancas. Levanto la cabeza admirando las banderas en miniatura que recorren el techo y rápidamente entrecierro los ojos por la fuerte iluminación del lugar. Me parece que de aquí no saldré con la vista intacta. Todos los invitados van vestidos de la misma forma y en el centro de la pista varias parejas bailan al ritmo de la música. Sonrío observando con diversión a una mujer que le riñe a su acompañante por haberla pisado y Eros aprieta mi mano llamando mi atención.

 

—Es la pintura de un simple jarrón, pero las técnicas y los trazos asimétricos del autor lo hacen extraordinario. — expresa distraídamente. Mis ojos van directos al burro que sostiene el cuadro y contemplo con precisión cada detalle que te transporta a un pacifico día de campo; una solitaria margarita blanca yace dentro del jarrón de barro y las tonalidades marrones predominan en toda la pintura.

 

—Concuerdo con usted, es impresionante. — hablo cautivada por la perfección de su atractivo perfil ¿Este hombre tiene algún defecto? él parpadea y sus frondosas pestañas negras se unen —. Ese de allí me recuerda a las pinturas que tiene en su oficina ¿Quién es el pintor? —señalo al cuadro contiguo.

 

—Mis hermanas.

 

Frunciendo el ceño sorprendida me doy cuenta de lo poco que conozco sobre su vida privada. En los artículos que leí nunca se mencionaba a su familia, algo que me pareció bastante extraño y me hizo pensar que Eros era hijo único.

 

—Sus cuadros son una maravilla ¿Ellas estudian bellas artes?

 

—No—sonríe con naturalidad llevándome al siguiente puesto—. Eileen y Effie son dos gemelas traviesas que a penas cuentan con diez años. —añade mencionando sus nombres con cariño.

 

Me lo imagino persiguiendo a dos niñas pequeñas por toda la casa con la intención de atarlas en alguna silla para poder mantenerlas controladas, él no parece contar con mucha paciencia y su temperamento es muy volátil; ni siquiera sé si le gustan los niños.

 

—Son nombres muy bonitos, nunca los había escuchado antes ¿Viven con usted? —curioseo.

 

—No, mi familia vive en Grecia, pero suelen ir a Ontario muy seguido o yo voy a visitarlos cuando tengo tiempo libre ¿Es su familia de Canadá?

 

—Mi madre es de aquí y mi hermano y yo nacimos en Canadá. —contesto mordiendo un trozo del dulce que me acaba de dar la encargada de la zona gastronómica; el sabor de la piña estalla en mi boca y cierro los ojos gimiendo maravillada, cuando los vuelvo a abrir el dorado de los ojos del magnate ha desaparecido dejando en su lugar un oscuro color ambarino. Eros me echa una mirada ilegible que me quema hasta el alma y me sonrojo avergonzada mirando hacia nuestras manos entrelazadas.

 

El griego se aclara la garganta —Interesante, por esa razón es tan hermosa, las latinas son una belleza.

 

—Gra..Gracias.—musito ¡Mierda! Sino levanto la cabeza no se dará cuenta de que parezco un jodido tomate.

 

«¿Por qué he tomado la costumbre de sonrojarme cuando estoy a su lado? Es bochornoso.» pienso compadeciéndome de mi torpe existencia.

 

—Me encanta el tenue color durazno que toman sus mejillas cuando se ruboriza. — Pronuncia lentamente alzando mi mentón entre sus dedos índice y pulgar.

 

¡Doble mierda! Mi corazón está a punto de salirse de mi pecho y mi cuerpo entero está hirviendo, sin contar con que mis piernas están temblando como si mis huesos estuvieran hechos de gelatina. Nos miramos atentamente, nuestros ojos se enfrascan en una intensa batalla tratando de buscar respuestas y ver más allá de lo visible; dorado contra negro, dos lingotes de oro contra dos azabaches. Solo estamos él y yo, las personas a nuestro alrededor desaparecen incluso cuando aún siguen allí.



Shawtyonlyjb

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En el texto hay: amor, millonario, magnate

Editado: 22.01.2020

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