¿quién eres? - Observación

Capítulo 14.

Santiago en tanto sintió que debía hacer algo para ayudar a Pitu con su posible temor a la oscuridad.

 

―Debes sostener mi teléfono ―y sujetó la mano de ella con cuidado para que le sujetara su teléfono a cierta altura―, así yo podré hacer una excepción hasta que los demás estén más cerca, Campanita.

―Si es otra cosa que estas planeando, te advierto…

―Solo te queda confiar en mí, Campanita ―la interrumpió al mismo tiempo que con cuidado le corrió un poco lo que cubría sus ojos―, ¿mejor?

―¿Eh?, sí ―y ella se encontró con ese par de ojos azules que no lucían molestos como las otras veces.

―Sobre la mala broma…

―No quiero hablar sobre eso, cada vez recuerdo menos ―lo interrumpió sintiéndose confundida porque casi no recordaba nada de ese día, y algo nerviosa con la mirada de él.

―Bien, no hablaremos de eso ahora ―se lo respetó porque pensaba que ella no sentía que fuera el mejor momento.

 

Cuando ella pensó que se lo reclamaría, él solo respetó que ella no quisiera hablar, por lo que la pregunta a estas alturas debería ser, ¿quién era él?

 

―¿Cuánto más hay que esperar?, tengo frío.

―Tu amiga está dando la pelea, a todo esto, yo pensé que opondrías mayor resistencia, Campanita.

―Consu me llevó engañada, creo que soy material disponible para bromas.

―Eso lo explica todo ―soltó una risita acusadora―,nosotros pensábamos que tendríamos que perseguirte por todo el lugar.

―Supongo, que ya se habían hecho la idea.

―La verdad, sí. No consideramos que caerías, yconociéndola a Consu, se debe sentir culpable a estas alturas por haberte engañado.

―Me aseguró que no era nada asqueroso, sino estaría poniendo resistencia.

―¿Por qué insistes con esa idea?

―Ya no, le creo a Consu…

―¿En serio? ―solo lo preguntó para ponerla a prueba.

―¡Juraría que disfrutas esto!

―¿Qué crees tú, Campanita? ―y sonrió.

―¡Que moriré de hipotermia a lo que los demás lleguen! ―lo miró algo furiosa.

―¡Aquí vienen los novatos! ―gritó Teo cargando a Vilosobre sus hombros―, ¡bautizo!, ¡bautizo!

―¡Hey! ―reclamó Pitu cuando no vio venir que Santiago le volvió a tapar sus ojos.

―Era el acuerdo, Campanita ―y ella llegó a dar un salto del susto cuando lo escuchó gritando junto a Teo―, ¡bautizo!, ¡bautizo!

 

Ella solo escuchaba las risas de los demás y a Consu asegurando de que no era nada asqueroso.

De pronto, sintió que alguien la balanceaba provocando que se desesperara, por lo que estiró sus manos para lograr sostenerse de algo, pero a los segundos se vio dentro de la piscina con ropa y todo, salió a la superficie tosiendo el agua que había tragado por su inesperado chapuzón.

 

―¡Hey!, ¿quién fue el gracioso que me empujó a la piscina? ―y ella reconoció la voz de Santiago.

―¡Yo! ―gritó a lo que se hundió con el brazo estirado.

 

En realidad, Pitu suponía que había sido, porque estando cerca de él, lo creyó posible.

 

―¿Por qué te hundes? ―preguntó a lo que la sujetó y lallevó hasta la superficie.

―En realidad, creo que fui yo.

―¿Fuiste o no?

―No veía nada…

―Fui yo ―y apareció Facho dentro de la piscina.

 

Los demás se lanzaron al agua y disfrutaron un rato dentro de la piscina porque afortunadamente era temperada, aunque al salir, Pitu sintió que se congelaba.

 

―A lo que enfermes ―y Facho soltó su chaqueta seca sobre los hombros de Pitu―, estoy seguro de que nos matas.

―¡Facho! ―la sorprendió el gesto―, pero la mojaré…

―Correré el riesgo, hermanita ―sonrió de lado como si quisiera ocultar algo.



María-José Aragón

Editado: 24.11.2019

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