¿quién eres? - Observación

Capítulo 23.

Que Pitu haya comentado algunas apreciaciones, causó resquemor, pero las cosas estaban a punto de girar en 360°.

 

―¡No ironices conmigo! ―reclamó Santiago.

―¡No ironizo! ―sonrió Pitu.

―¡Alto!, las cosas han estado algo tensas ―titubeó en hablar Yuyu―, creo que, por hoy, deberías dar por terminado el voluntariado, Pitu.

 

¡PAFT!, literalmente sintió como una cachetada imaginariaen pleno rostro.

 

―¿Disculpa? ―casi se atragantó con la sugerencia―, pero tengo responsabilidades aquí.

―Lo sé, pero también debo velar por los demás aquí, sé que tu entiendes eso.

―¿Hablas en serio, Yuyu? ―preguntó Santiago perplejo.

―Somos los encargados universitarios aquí, guste o no, nosotros tomamos las decisiones pensando en el bien común, aunque los demás lo vean diferente, de hecho, las discusiones entre ustedes se están volviendo habituales, no es un buen ejemplo ni para nosotros ni para una voluntaria como tú, porque para ser sincera, antes que llegaras no ocurrían estas cosas y ahora resulta que donde hay problemas casualmente estás tú involucrada, por lo que creo que deberías irte.

 

Sintió que su corazón se hacía trizas con la sinceridad de las razones porque debía irse de allí, y aún no lo podíacreer que la estaban sindicando comola causante de todo.

 

―¿Quieres que me vaya? ―preguntó Pitu a Santiago sin poder aún convencerse y con un llanto ahogado.

 

Yuyu lo miró de forma seria y él guardó silencio el tiempo que le permitió respirar profundamente para calmar su molestia, aunque sabía que Pitu había acertado con su comentario anterior.

 

―Sí ―respondió él.

 

Le dio mucha rabia, las acusaciones de Yuyu sobre que ella era casi sinónimo de problemas, porque no era cierto, y sintió ganas de llorar en ese mismo momento de la impotencia al escucharlo afirmar algo en lo que no estaba de acuerdo.

 

―Bien ―se sacó torpemente la sudaderaque le habían regalado en el asado.

―¿Qué haces? ―preguntó él sin entender.

―¿Qué crees que hago? ―y se la lanzó directo a la cara.

 

Se apresuró en salir de la sala, tratando de llegar pronto a la salida de la escuela secundaria, porque sintió como sus lágrimas comenzaban a brotar de igual forma que comenzaba a llover. Ni siquiera advirtió que solo iba vistiendo una camiseta manga larga, y a mitad de camino trató de correr, pero se dio cuenta que no podría con la bota inmovilizadora en su pie, por lo que aceptó mojarse hasta buscar donde refugiarse.

 

Ingresó a una cafetería cercana de la escuela secundaria, se sentó en una mesa y se desplomó a llorar como si nada le importara realmente. No lograba calmarse, menos ahora que se daba cuenta que en la discusión le lanzó su sudadera a Santiago, cosa que no fue la mejor de sus ideas exactamente, se tuvo que sacar bota inmovilizadora porque pesaba más que el doble así de mojada, y lo peor era que no tenía su teléfono ni nada para poder avisar a algunas de sus amigas o llamar un taxi.

 

Minutos más tarde, ella seguía llorando, por lo que se sobresaltó cuando sintió que le tomaban la mano al mismo tiempo que escuchó una voz conocida que sinceramente no esperaba.

 

―Enano, consíguete una bolsa para llevarnos la bota inmovilizadora de la hermanita ―dijo Facho quien la ayudó a ponerse de pie―, hablé con la mamá, y me dijo que tuviéramos cuidado al regresar…

―Pero, la mamá… ―lo quiso interrumpir, pero calló ante la mirada de su hermano mayor.

―Solo ve rápido, enano.

 

Lo que menos quería en ese momento Pitu era que la vieran en ese estado lastimoso, pero supo que Facho estaba en silencio mirándola, aunque desconocía que él se sintió algo extrañado porque jamás la había visto como está ahora, hecha un desastre de todo lo que ha estado llorando, pero en lo que ella está tratando de que ninguna lágrima se siga escapando nuevamente, reparóque, sobre su espalda, él cargaba ambas mochilas.



María-José Aragón

Editado: 24.11.2019

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