¿quién eres? - Observación

Capítulo 25.

Tenía que confesar Santiago su descubrimiento al abrir esa bolsa que le había requisado a Pitu el día de ayer en el voluntariado.

 

―Muchos cuadrados tejidos ―se sintió inmensamente estúpido―, de todas formas, le regresé la bolsa a Consu.

―Sí, ella me comentó que las estaban reuniendo para la amiga de Pitu, porque hacen frazadas o algo así para los ancianos.

―No sabía eso, solo supuse que no reaccionaría así.

―Si sabes que ella es determinada.

―No lo tenía tan claro hasta ayer.

―Entonces, sí la echaste del voluntariado.

―¡No!, solo que se diera un respiro ayer, pero pensé que reclamaría o algo.

―El asunto es que ayer no teníamos cómo ubicarla, sino fuera porque la persona que atiende la cafetería cercana al voluntariado llamó a Consu, quizás cómo hubiera terminado todo.

―¿Consu habló contigo para que fueras tú? ―lo consideró posible.

―No, la vi complicada porque te estaba ayudando a ti y cuando ya iba en camino a la cafetería le avisé por mensaje. No tienes idea cómo la encontré, estaba empapada a causa de la lluvia…

―Me imagino, porque me lanzó su sudadera a la cara antes de irse.

―Si la querías fastidiar, buscabas otra forma, Santiago.

―Bueno, supuse que me iba a resultar como a ti, no vi que ella se enfureciera tanto.

―¡Subastó mis cosas por internet!

―Solo te devolvió la broma…

―¡Detente ahí! ―lo interrumpió algo intrigado―, ¿acaso querías que te la devolviera?, ¿eso?

―No, no, no ―se negó ante la posibilidad―, el asunto es que Yuyu le sugirió irse el día de ayer.

―¿Por qué le apoyaste con esa idea?

―Porque estaba enojado, no tienes idea cuánto odio que… ¡que Campanita tenga la razón cuando yo quiero tenerla siempre!

―¿Por qué no dejaste que la tuviera?, no se trataba de una competencia de vida o muerte.

―Lo sé, lo sé, pero es que su comentario… ella tenía razón, por si no te has dado cuenta la mayoría de las veces la tiene, y me cuesta trabajo, pero la acepto, solo que me da rabia conmigo mismo, no entenderías ―se complicó al tratar de explicárselo.

―Nosotros también te decimos las cosas, como ahora.

―Pero, ella me las dice en frente de todos, me hace quedar como un tonto.

―Resulta que ahora no solo eres competitivo, sino que pasaste a ser orgulloso, pero el asunto es que ella hiere tu ego o tú lo tomas así.

 

Lo impactaron las últimas palabras de Facho, se quedó mudo y solo atinó a jugar con su teléfono. Fue así cómo lo encontró Gael antes de que ellos tres se fueran dónde Consu.


 

A mitad de semana, Pitu fue llamada por su jefa de carrera e intuía el motivo.

 

―¿Cuánto tiempo alcanzó a pasar entre que te informé sobre la sanción y el día de hoy? ―preguntó la señora sentada en su escritorio madera caoba―, no te preocupes tenía considerado que podría pasar algo así, y tomé los resguardos suficientes por si se llegaba a presentar.

―¿Estoy expulsada? ―lo preguntó sin titubear porque necesitaba la respuesta.

―Aún no, pero debes saber que después de esta nueva oportunidad, ya no hay más, y lo hago solo porque los comentarios que me llegaron sobre tu comportamiento en el voluntariado de la UESTA son totalmente contradictorios al documento que me llegó a mi correo electrónico.

―¿Al documento?, ¿qué documento?

―Este documento ―se lo mostró sobre el escritorio―, aquí dice que básicamente tus problemas de conducta te dejan fuera del voluntariado, entre otros puntos.

 

Si antes no estaba en problemas serios, ese documento había cambiado todo el panorama actual de Pitu quien lo leyó por completo y cuando detuvo su mirada en quienes lo firmaban, su corazón enardeció de rabia.

 

Conversaron del asunto por varios minutos con la jefa de carrera, Pitu se enteró quien era la informante de primera fuente de la señora, cuál sería su próximo destino, y cuando ya parecía que todo iba en picada al abismo, llamaron por teléfono a la señora quien salió de la oficina por algunos instantes.



María-José Aragón

Editado: 24.11.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar