¿quién eres? - Observación

Capítulo 30.

El aire se enrareció y Vlad notó que el asunto de Pitu era más serio de lo que su prima le había reclamado a sus amigos.

 

—Bueno, igual se puede comer después su emparedado—interrumpió Gael sonriendo amablemente a Pitu—, no pasa nada porque no se lo coma todo ahora.

—Volviendo al asunto del libro —comentó Facho quien trataba de cambiar el tema—, ahora, pueden ir a la biblioteca de la UESTA para continuar la lectura y lo podemos pedir de un viernes hasta el sábado por la mañana.

— ¡Eso sería fantástico! —celebró Romi sonriendo feliz.

—Veamos esto bien, necesito un lápiz —y Facho sacó una servilleta limpia.

—Acá tengo uno —se lo pasó Gael.

—¿Mañana tienen clases juntas? —preguntó Facho con lápiz en mano.

—Sí —respondieron a coro ellas.

—¿A qué hora salen de clases?

—Tenemos una sola clase —dijo Romi sacando su teléfono revisándolo—, ¿tienes el horario más a mano, Pitu?

 

Facho se empinó hacia el lado de ella aprovechando que estaba digitando su clave en el teléfono.

 

—¿Se te perdió algo? —preguntó Pitu escondiendo su teléfono de la vista de él.

—No —fingió casi demencia al verse sorprendido en el acto.

—Se supone que termina la clase a las dos de la tarde, pero en salir de la sala y todo eso, un cuarto para las tres —aseguró Romi recordando que solían quedarse afinando detalles al finalizar la clase.

—Con Vlad compartimos departamento, por lo que él puede abrirles la puerta, yo no alcanzo a llegar —dijo Gael quien revisaba su teléfono.

—Mañana yo viajo después de clases —se excusó Vlad—, pero le puedo dejar las llaves a mi prima.

—Y yo pasaría a buscar…

—¿Cómo?, ¿no dijeron que tenían la misma clase mañana? —hizo Gael el alcance a Romi.

 

Algo tenían que inventar para no decir sobre el nuevo voluntariado de Pitu.

 

—Mañana tengo médico —se excusó ella—, ustedes saben, por lo de mi pie.

—¿No irás a clases, hermanita?

—Si irá —intervino Romi—, su médico es a las cuatro de la tarde.

—Pero ¿el médico queda cerca de la UESTA? —preguntó Gael.

—¡No! —respondieron ambas.

 

Facho se detuvo en Vlad que movía la cabeza como si señalara que era una mentira.

 

—Bien, iré yo a buscar a la hermanita.

—¡No! —repitieron ellas nuevamente, levantando en él aún más las sospechas.

—Yo puedo ir, y así voy a dejar nuestros cuadernos a mi casa.

—Bueno, igual nosotros llegaremos un poco después considerando que mañana nosotros vamos…

—Quizás no sea necesario ir hasta el departamento, solo basta con leerlo en la Biblioteca…

—Pitu ese es el libro —mostró su amiga una fotografía desde su teléfono.

—¿Es broma que ese es el libro? —no pudo disimular su cara de pánico.

 

El libro parecía una enciclopedia, preocupando a Pitu que no podía creer que estuviera pasando esto,porque ni en un millón de años alcanzaría a leerlo.

 

Los gestos algo confusos de Romi la hicieron regresar de su estado aterrorizado por el asunto de la lectura a la conversación con los chicos.

 

—Pero ¿no es problema que con Romi lleguemos un poco más tarde?

—¿Por qué más tarde, hermanita?, el médico solo revisará tu pie, ¿o no?

—Solo lo pregunto porque puede salir algún contratiempo —lo miró de una forma tan dulce que sintió que no podría refutar nada.

—Ningún problema, de todas formas, dejamos hablado con la recepción del edificio para que las dejen pasar en caso de que lleguen antes que nosotros —aseguró Gael sonriéndole—. Incluso, si se les hace tarde, ocupan la habitación de Vlad y el sábado te vas con tus hermanitos para que no te regreses sola, porque hasta donde sé, viven relativamente cerca.



María-José Aragón

Editado: 24.11.2019

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