Raven

Capítulo VI

Me desperté por la alarma del teléfono, el cual apagué rápidamente para no despertar a los niños. Eran las seis de la mañana, me levanté con sumo cuidado de no moverlos demasiado (lo cual fue una tarea dura ya que estaban aferrados a mí). Me bañé con agua caliente, ya que estaba helando esa mañana, y me vestí con el uniforme escolar. Antes de irme, abrigué bien a los gemelos con las cobijas. Bajé hacia la cocina y noté que nadie se había levantado todavía, así que puse la cafetera (no sé cómo) y tosté varias rebanadas de pan, la cantidad que creía justa para todo el mundo, coloqué las tazas en la mesa junto con las tostadas, cereales para los niños, y mermeladas que encontré en la heladera.

Subí otra vez para chequear cómo estaba la bebé, y como pensaba, estaba despierta con la mirada fija hacia el techo. La tomé en brazos, le puse un abrigo enterizo (que era como un peluche) y la llevé a la cocina.

—Debes tener hambre Ruby. No te preocupes, ya mismo te haré el desayuno —le dije en voz baja, para que nadie me escuchara hablando con un ser que no podía entenderme.

Busqué un biberón y lo encontré, lo llené de leche y lo calenté rociándolo con agua caliente. Cuando creí que estaba a la temperatura correcta, me senté en una de las sillas y comencé a dárselo de beber. Lo bebió tranquilamente, con los ojos entrecerrados, seguía algo dormida. Comencé a tararear y a balancearme ligeramente, para que se sintiera cómoda y tranquila, eso era lo que solía hacer cuando alimentaba a los bebés de mi clan.

—Consientes demasiado a tus hermanos —escuché a una voz masculina decir.

Me di la vuelta y era Elliot, que se acercaba con un libro en la mano y los lentes puestos. Se sentó frente a mí, miró a la bebé y luego a mí.

—Primero llevas a los mellizos al parque, luego permites que duerman contigo y ahora le das en biberón a la bebé. Y tú que estabas asustada y abrumada por tener tantos hermanos. ¿Quién diría que ahora te llevas tan bien con ellos? —dijo con una risa cansada.

Sus palabras me sorprendieron, tenía toda la razón. No sabía nada de niños y aun así me llevaba "bien" con ellos. ¿Algo en mí había cambiado?

—Sólo me acoplo a la situación —dije seriamente.

—O... ya te encariñaste con ellos —dijo con un tono burlón.

Torné los ojos y no respondí.

—¿Pusiste la cafetera? Gracias hija, siempre me olvido de hacerlo.

Se levantó y sirvió dos tazas de café con leche, uno se lo quedó él y el otro me lo dejó frente a mí en la mesa (ya que no podía agarrarlo porque tenía a la bebé en brazos). Trajo un croissant del microondas y lo dejó junto a mi taza.

—La bebé ya terminó el biberón Raven, dámela y tú disfruta de tu desayuno que tienes que ir al instituto —dijo sacándome a la bebé.

—Gracias —respondí.

Mientras desayunaba, vi llegar a Ray y Caleb, ambos con el uniforme puesto, y mientras charlaban se preparaban el desayuno. Caleb notó mi presencia y me dedicó una enorme sonrisa.

—¡Buen día Raven! —se sirvió café en una taza y se sentó junto a mí—. Escuché a Liz decir que los niños durmieron contigo. ¡Qué buena hermana eres! —dijo con una dulce sonrisa.

—Gracias —dije con la mirada fija en el croissant que estaba comiendo.

¿Caleb se había quedado a dormir? Debía ser muy amigo de Ray tal vez, no era asunto mío de todas formas.

Terminé de desayunar y me dirigí a la habitación, los niños seguían dormidos como troncos. Tomé la mochila y la llené de los libros necesarios para las clases del día y cuadernos para anotar, además de lápices y plumas, lo hice silenciosamente. Vi un perfume pequeño en el escritorio así que me rocié con un poco, ya que Elizabeth le gustaba que usara esas cosas. Salí al pasillo, caminando divisé el estudio de Elliot y recordé que me había dicho que podía llevarme cualquier libro que quisiera de allí, así que entré y revisé las estanterías, encontré uno que me llamó la atención y no recordaba haberlo leído así que lo tomé, guardándolo en la mochila. Volví a bajar y me dirigí hacia donde estaban los abrigos.

—¿Ya te vas querida? Falta media hora todavía —dijo Elizabeth que estaba en bata.

—Quiero leer un rato antes de entrar a clases.

—¡Te acompaño! —dijo Caleb, tragándose a toda velocidad el café.

Corrió hacia mí y tomó su abrigo.

—No es necesario, sé llegar sola —dije seriamente.

—Y yo quiero ir contigo —dijo con una gran sonrisa.

Suspiré y torné los ojos, no tenía opción ni escapatoria. Salimos y comenzamos a caminar por la acera, levanté la vista para mirarlo y noté la gran diferencia de altura entre nosotros, me llevaba más de una cabeza. Me hizo recordar a Kal, él también era así de alto. Vi su rostro y una gran contradicción invadió mis pensamientos, tenía una contextura alta y musculosa, pero aun así su rostro mostraba inocencia, inexperiencia en este mundo. Bueno, tenía 16 años, qué más podría esperar.

Aunque sus piernas eran mucho más largas que las mías, caminábamos a la misma velocidad, estaba acostumbrada a caminar rápido. Él se volteó a hacia mí y se extrañó al ver que lo estaba mirando fijamente, una pequeña risa se escapó de entre sus labios.

—¿Por qué me miras así? —dijo sonriendo.

—Sólo estaba viendo tus atractivos rasgos —dije volteando la vista y fijándola en el camino.

Se atragantó con su propia saliva y comenzó a toser, cuando se calmó respiró profundo.

—¿Piensas que soy atractivo? —dijo con dificultad y con una mano en el pecho.

—Por supuesto, no estoy ciega —dije tranquilamente.

—¡Muchas gracias! —dijo con una gran sonrisa—. Tú también eres preciosa.

—Gracias.

Sabía que lo decía por puro compromiso, o sólo por sexo, no estaba segura, pero tampoco tenía la intención de seguir pensando en el tema.

—Esta noche haremos una fiesta con algunos chicos del instituto en el bosque Bloody. ¿Quieres venir?



Micaela M

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En el texto hay: misterio, juvenil adulto, intrigas suspenso asesinato

Editado: 11.10.2020

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