Rebelde

CAPITULO 12

CAPÍTULO 12.

" TE TENGO UN TRATO"

GRETA.

Me mira como si fuera un ser de otro planeta, y aún así no le bajó la mirada desafiante. Nunca lo he hecho desde que tengo 12 años, ni siquiera a mi padre, pues nunca me ha visto como alguien inferior. De hecho, de mis progenitores, la reina es la más prepotente y ególatra.

Mi padre siempre me ha dicho que el prójimo no es mi inferior, sino mi igual. Pues sin el respeto y la protección que nos brinda nuestro pueblo no estaríamos donde estamos hoy, ya que mi familia se hubiera reducido a la nada hace tiempo. No por nacer en cuna de linos de oro, significa que ya nos hemos ganado la adoración y alabanza de nuestros semejantes.

— No tengo interés en establecer ningún tipo de acuerdo con usted. Ustedes han deshonrado mi reino. — Espetó Andreu con desprecio.

Al escucharlo, ruedo los ojos con fastidio, algo que no pasa desapercibido para su persona.

— ¿Continúa usted con eso? No deshonre a su reino, solo realice una pequeña broma que se salió de control. Y en cuanto al acuerdo, es más beneficioso para su territorio que para el mío.

Al escuchar mis palabras se ríe en mi cara y se acomoda en su enorme trono. Mientras el se burlaba, yo seguía de pie, como una estúpida. Entonces, para descansar un poco mi cuerpo y hacerle ver su pobre hospitalidad, subo mi pierna izquierda, sabiendo que no pasaría desapercibida mi acción para el, pues lo hago a propósito, con el objetivo que vea lo mal que me ha tratado — Usted no tiene nada que yo no tenga ya, señorita....

Deja la frase al aire, pretendiendo que no recuerda mi nombre y la verdad, me da igual que lo haga, no me interesa responderle así que simplemente hago como si no hubiera solicitado algo muy explícitamente.

— Al menos permítame expresar el trato, antes de descartarlo de una manera tan desagradable e irrespetuosa — insistió, sintiendo cómo la frustración amenazaba con consumirla.

— Me llama irrespetuoso, cuando según recuerdo, es usted quien ósea en deja la mano estira a las personas que le solicitan un baile.

Escuchar sus palabras aviva muchas cosas en mi cabeza, altera mis emociones y aclara mis pensamiento. Veo que le molesto mi actuar inconsistente, y en mi comienza crecer una molestia pues asoció su negación al acuerdo con el resentimiento que me tiene al haberlo hecho pasar vergüenza en aquel baile.

Así que me río de manera burlona — Ah, con que de eso se trata su negativa a escuchar lo que tengo para ofrecer. ¿Por que no acepte un estúpido baile? — Me mira molesto e impresionado al percatarse de lo que reveló en su comentario, pretende hablar pero yo no lo dejo — Me parecer una inmadurez de su parte tratarme así por algo que ya pasó y que, además no fue mi culpa. Ni siquiera me percaté que usted estaba al frente de mi.

— Así que aparte de decirme estúpido, insinúa ¿que mi precedencia es tan insignificante que pasó desapercibido en un recinto?

— ¡No he dicho eso! — Me defiendo de inmediato ante su acusación.

— ¡Pero lo insinuó!

— En ese caso, yo no tengo la culpa de que usted interpretó aquella atrocidad, porque yo nunca di a entender aquello — Expresó a la defensiva pues veo mi plana irse a el retrete con esta discusión tan estúpida, cálmate Greta, no puedes perder esta oportunidad.

— Esta reunión está siendo una pérdida de tiempo para mi, tengo muchas cosas que hacer, me retiro — El se levanta de su asiento y está dispuesto a caminar a la puerta por la que vino, ¿Pretende dejarme con la palabra en la boca?, primero lo encierro en estas paredes, antes de irme sin ser escuchada.

Cuando este me da la espalda desesperada porque todo lo que planee se iba de mis manos, me acerco rápidamente a el y agarrándolo de los hombros, lo volteo hacia mi rostro.

— ¡No! — Le digo con rabia, mirándolo a los ojos sin soltar sus hombros — Usted me escuchará porque he realizado un largo viaje para estar aquí, y usted no me va a tratar como a un cualquiera. Solicite una audiencia y eso es lo que tendrá conmigo, o le juro que no responderé de mis actos, príncipe Andréu.

El reto en los ojos de ambos es palpable, pero sus ojos me siguen analizando como esa primera vez que nos vimos.

Puedo sentir la tensión creciendo entre nosotros pero no estoy dispuesta a renunciar a esta oportunidad. Cometí un error y no regresare a mi territorio sin resolverlo. Sin embargo, estar cerca de él, mirándolo a los ojos, evoca recuerdos en mi mente que me sumergen en una profunda melancolía. Verlo es como volver a ese fatídico día y de cierta manera, darme cuenta que el ya no es el mismo. Duele, sí, pero bien dicen que del dolor ajeno, nadie muere. El percibe cómo mi mirada se ensombrece, y creo que va a hacer algún comentario al respecto, pero un repentino sonido lo detiene.

— ¡Mmm! ¿interrumpo algo? — La voz de su primo resuena en el ambiente y en el momento que llega a mis tímpanos, me alejo con vergüenza del príncipe. Éste recupera su postura de ogro sin corazón y le lanza una mala mirada a su pariente.

— No, la princesa ya se iba.

Puedo sentir cómo la tensión se eleva en el aire. La avergüenza por haber sido sorprendida tan cerca del príncipe, no se disipa del todo. Pero pienso dejarme intimidar tan fácil.

— De verdad, me saca de mi casilla. Necesito que me escuche, es de suma importancia. — El me responde con desdén.

— No pienso perder mi tiempo con niñas malcriadas.

Siento cómo la ira comienza a hervir dentro de mí. ¿Cómo se atreve a tratarme así?

— ¡No soy malcriada! — Le gritó, acercándome a él de manera amenazante. Su negativa ya comenzaba a hacerme perder los estribos. ¡Es un malhumorado!. Estoy dispuesto a continuar con nuestra absurda discusión.

Pero una vez más, el primo interviene, intentando calmar las aguas. La escena se torna cada vez más tensa y cargada de emociones.




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