Renacer (luz de Medianoche 1)

Un desconocido familiar

Capítulo 8: Un desconocido familiar

 

Romina aún sigue enojada por mi petición. Eso de tener una cita con un chico que nosotros elegiremos, no le agrada en nada. Pero es una apuesta, y si pierdo— que es lo más posible—tendré que hacer una donación, y los chicos también.

Me parece justo.

Desde que salimos de la academia ella solo se dedicado a manejar y mirar la calle por donde se desliza el auto a gran velocidad. En cambio he puesto al tanto a Anastasia de que han ajusta mi horario al suyo, bueno solo un poco debido a que mis clases serán solo en las mañanas y todas las tardes tengo clases de combate. Y en vista de que mañana a primera hora tendremos que ver a la profesora carlita nuevamente, esta noche comenzaremos a realizar nuestros ensayos.

El auto se detiene el auto, frente a un par de tiendas. Justo a un lado de la calle, quedando un solo carril como acceso para la movilidad de los autos. No sé qué esperaba de la ciudad, pero estoy segura de que no es lo que ven mis ojos. Todo parece tan normal y rutinario que no concuerda con la vida que lleva la academia.

Sigo a las chicas, pasamos tres tiendas y cruzamos. Un boulevard se extiende por delante, colmado de personas. Tiendas de ropa y otros artículos a cada lado. Nos mezclamos entre la gente.

Antes de salir de la academia Romina se cambió de ropa, reemplazo cada tela de color negro de su cuerpo por unos jean gastados y una franela coral. El flequillo a un lado de su cabeza teñido de azul, mientras que del otro lado el cabello era sumamente corto. Tiene un andar relajado, ocultado su verdadera naturaleza. En cambio Anastasia viste tan normal como cada día. Ella no tuvo que cambiar nada para de alguna manera encajar.

La humanidad intenta vivir sin miedos y con total normalidad mientras el sol se mantenga en la cúspide del cielo. Eso es lo que ha dicho Romina, sin más explicación.

En mitad del boulevard me hacen cruzar las puertas de cristal de una tienda de ropa. En los labios de la vampira se dibuja una sonrisa que se borra en el instante en que el chico parado en la puerta se distrae con la presencia de Anastasia.

Una chica sale entre los estantes de ropa. Romina muy amablemente le dice que no necesitamos ayuda. No se le da muy bien eso de mostrar amabilidad, la chica palideció y simplemente retrocedió.

—Tus ojos te delatan —murmuro mientras acaricio la tela de la primera prenda que se encuentra cerca de mis manos.

—Hago mi mejor esfuerzo por ser normal —su tono de voz es plano. Ninguna chispa de sentimiento.

—No entiendo porque.

—No es el mejor lugar para explicártelo —me deja frente a los probadores y se pierde de mi vista. Pocos minutos después veo como toma prendas y las acumula en su brazo. En  el otro extremo de la tienda Anastasia hace lo mismo.

Me dedico a observar el lugar. Algunos afiches con chicas modelando ropa se encuentran decorando lo alto de la pared de la tienda como indicativo de que es la sección de damas, la mayor parte de la tienda está dedicado a la ropa femenina. Sin embargo tiene un pequeño espacio de sección masculina. Siento un cosquilleo en mi cerebro como si algo quisiera salir a luz pero se queda atrapado, suprimido. Siendo reemplazado por una sensación de haber vivido un momento muy parecido a este.

Tengo la sensación de haber vivido esta misma normalidad que llevan esas otras personas que sonríen y observan ropa al azar. Mi mente se niega a ir más allá de esa sensación.

Me desespero conmigo misma. Antes de que mis planes de golpear mi cabeza contra la puerta del mostrador en busca de un poco de claridad, las chicas llegan con demasiada ropa en los brazos.

—Golpearte la cabeza no lo solucionara —dice Romina intuyendo mis pensamientos.

—Quizás lo haga. Solo necesito un poco de claridad mental.

Entro al probador. Es un espacio pequeño con un espejo alargado frente a mí donde puedo ver todo mi cuerpo. Por encima de la puerta comienzan a pasarme las pendas. Me desvisto con la tentada a golpearme la cabeza contra el cristal frente a mí.

—Padre Celestial no podrías darme un poco de luz a este túnel oscuro que cierne sobre mí —discuto en voz baja. Hablando con un ser que quizás no existe. No tengo recuerdos pero sé que creo en un ser supremo, Dios. Me gustaría tenerlo enfrente para pedirle un par de explicaciones—. También podrías enviarme una pista para comenzar a desatar el nudo de recuerdos dentro de mi cabeza.

Me subo unos pantalones, que encajan perfectamente en mi cuerpo. Abrazando mis piernas, muslos y cintura como un guante. Perfecto. La próxima hora trascurre probándome prenda tras prenda. Mientras las chicas me hacen salir para aprobar o desaprobar el atuendo. He conseguido mezclar un poco los gustos de Romina y Anastasia.

—¿No hay más? pregunto un poco cansada.



Nomi Saez

Editado: 26.03.2018

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