Renacer (luz de Medianoche 1)

Regreso de la vampira

Capítulo 15: Regreso de la vampira

 

En el momento en que los rayos del sol atraviesan la ventana, mis ojos se abren dejándome completamente deslumbrada. E inmediatamente, mi mente recrea mi llegada a luz de medianoche. Necesito respuestas sobre mi misma, pero nada de lo que puedo recordar me ayuda. Solo me atormenta. Dejo mi inexplicable existencia a un lado para darle espacio a los acontecimientos de anoche, la naturaleza de Gabriel y mi desconfianza hacia él. Necesito saber más, y quizás sea Ronald el que pueda aclarar mis dudas.

Una luz brillante y segadora se hace paso en la habitación, es cálida… me levanto de un salto de la cama y me acerco a la ventana, y dejo que los primeros rayos del amanecer acaricien mi rostro.

Es una caricia tan suave, tan acogedora, que todas mis preocupaciones se esfuman solo dando espacio a una sensación… paz. Es como si mi alma flotara fuera de mi cuerpo.

Abre tu mente a la verdad

La relajación que estaba experimentando se esfumo en el momento en que ese susurro llego a mis oídos. Giro la vista a todos lados en la habitación, no hay nada fuera de lugar, es  más Anastasia no se ha movido ni un centímetro de la incómoda posición que tiene para dormir, escudriño el exterior, no hay nadie.

Pero estoy segura que escuche una voz, casi… angelical. Lo que se mueve en mi interior no es miedo, es regocijo. Aunque no comprendo porque me siento contenta, cuando esa voz ha provenido de la nada.

Me pierdo en los brillantes rayos del sol, y el susurro regresa pero no alcanzo a detallar las palabras. Alguien intenta darme un mensaje, alguien que no puedo ver pero que mi corazón dice que existe.

Paso algunos minutos esperando a que esa voz vuelva y diga algo más que, abra mi mente a la verdad, me alejo de la ventana, mi compañera de cuarto sigue dormida.

Salgo de la habitación, con toalla en mano con la intensión de darme un largo baño de agua fría para espabilarme un poco, pero mis pies cambian de dirección, al escuchar a Karla decir un par de groserías en su habitación. Desde que estoy en esta cabaña, nunca he oído a la mujer lobo, es como si ella no durmiera aquí, pero justo ahora esta histérica, y escucho una voz que le replica con sarcasmo.

¡Romina!, la vampira ha vuelto.

Sin darme cuenta abro la puerta de la habitación, y entro sin ser invitada.

—¿Romi? —digo atravesando la habitación.

—¿Quién demonios te dijo que entraras? —espeta la loba. Pero no le prestó atención, lo único que importante es Romina que esta reclinada contra su cama, llevando un pijama rosa que no es exactamente su estilo.

—¿Cuántas veces tengo que decir que no me gusta que me llamen Romi? —dice la vampira de mal humor.

—Creo que no lo suficiente —digo, y le doy un abrazo.

Que ella no se esperaba, su cuerpo se tensa pero aun así no la suelto, estuve tan preocupada… sus brazos caen sobre mi espalda y me da unas palmaditas, incomoda. Es lo único que obtengo, y sé que es lo único que estará dispuesta a dar, así que me alejo.

Después de todo lo que ha pasado verla bien hace que todo mis preocupaciones queden a un lado.

—Tanto que rogué que no volvieras maldita chupasangre —la loba sale de la habitación y tira la puerta.

—Alguien está de mal genio —digo.

—¿Cuándo no lo está?, esa perra estaba rogando mi muerte, lástima que no se le cumplió su deseo —una sonrisa surco su rostro mostrando sus blancos y filosos colmillos.

Observo su rostro, y está más pálida de lo normal y hasta podría decir que algo demacrada, el brillo sobrenatural de sus ojos no está.

—Estoy bien —dice antes de que pregunte— solo necesito alimentarme, y estaré mucho mejor.

Alzo mi brazo hasta el nivel de su rostro sin decir una palabra.

—No —dice de manera rotunda.

—La necesitas—insisto.

—No voy a morderte Dess, y es mi última palabra —aleja mi brazo de su rostro, pero sé que la desea con ferocidad, desea mi sangre, intenta ocultarlo, pero aun así puedo ver como sus ojos cambian ante la tentación de una sola gota.

Suspiro, no será fácil convencerla, no es que me agrade la idea de ser mordida por un vampiro pero ella no pensó dos veces en salvar mi vida, y siento que se lo debo.

—Si me muerdes, ¿me convertiré en un vampiro? —digo con algo de terror, definitivamente no quiero ser un vampiro, la idea de vivir de la sangre de otros hace que se me revuelva el estómago gracias  a Dios aún no he comido, si no ya todo estuviera fuera de mi estómago.



Nomi Saez

Editado: 26.03.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar