El regreso a casa fue un trayecto silencioso y cargado de una pesadez eléctrica. Isela caminaba rápido, sintiendo el peso de la mochila y la mirada invisible de Miller en cada patrulla que cruzaba. No fue hasta que cerró la puerta de su habitación con llave que finalmente se permitió soltar el aire. El silencio de la casa, con su madre todavía trabajando, se sentía como una campana de cristal que los protegía del mundo exterior.
Hades no esperó a que ella se sentara. Se materializó cerca de la ventana, mirando hacia la calle con una expresión sombría. Su imagen era más estable ahora, pero el brillo azulado de sus ojos era más intenso.
—Ela, necesito que entiendas algo —dijo Hades sin darse la vuelta—. No siempre fui una sombra que intentaba hacer lo correcto. Antes de que terminara así... atrapado entre la vida y la muerte... yo era lo que en mi mundo llamamos un "hacker gris".
Isela se sentó en su cama, observándolo con atención. El hecho de saber que su cuerpo aún respiraba en algún lugar del hospital, conectado a máquinas de soporte vital, hacía que verlo allí, tan nítido, fuera casi milagroso.
—¿Qué significa eso?
—Significa que no jugaba para ningún equipo —respondió él, volviéndose hacia ella. Se sentó en la silla de su escritorio, y por primera vez, el mueble crujió levemente bajo un peso que empezaba a ser real—. Hackeaba por el desafío, por el dinero rápido. Me sentía un dios detrás de la pantalla. Y en esa arrogancia, cometí el error de mi vida.
Hades hizo una pausa, y un pequeño "glitch" cruzó su rostro. De repente, la luz de la habitación parpadeó y en la pared blanca de Isela se proyectó una imagen borrosa: un laboratorio lleno de cables y fórmulas químicas.
—Alguien me pagó para diseñar un algoritmo de optimización para un fármaco. Yo perfeccioné la logística para que fuera imposible de rastrear. Pero la "eficiencia" tenía un precio que yo no calculé. La sustancia creaba una dependencia inmediata. Y cuando Luna, mi propia hermana, empezó a consumirla... me di cuenta de que había ayudado a blindar al monstruo que la estaba matando. Intenté detenerlos, pero Miller y el Director me tenían identificado. El vacío de perder a Luna y la culpa de ser parte del sistema me empujaron desde aquel cuarto piso. Pero mi mente se negó a apagarse del todo.
Isela se levantó y caminó hacia él, sentándose en el suelo frente a su silla.
—Estás en coma, Hades. Todavía estás ahí. Tu mamá no pierde la fe.
Al mencionar a su madre, la imagen de Hades vibró con una luz carmesí.
—Lo sé. Puedo sentirla. Cuando me visitó en el hospital hace unos días, sentí su mano sobre la mía. Fue un dolor insoportable, como si miles de voltios intentaran devolverme a un cuerpo que no me responde. Vi su rostro borroso, escuché su llanto, y esa angustia fue lo que me expulsó de esa habitación. Pero no desperté a la deriva, Ela. Desperté porque sentí un tirón en el pecho.
Hades se señaló el centro de su figura traslúcida, donde el hilo rojo nacía con una fuerza vibrante.
—Sentí tu angustia. Fue como una señal de auxilio que atravesó la ciudad y se enredó en mi propia esencia. No tuve que buscar dónde anclarme; simplemente seguí el hilo que me sacó del hospital y me llevó directo hacia ti, en aquel pasillo del colegio. Estamos conectados por esto, Ela. Siento tu pulso, siento tu miedo y tu rabia como si fueran míos. No llegué a ti por casualidad; el hilo me trajo porque tú eras la única que podía sentir que yo no me había ido del todo.
Isela estiró la mano y, esta vez, pudo rodear los dedos de Hades con los suyos. El contacto era frío pero vibrante. Ella ya no pensaba en él como una sombra, sino como el otro extremo de su propia vida.
—Si el hilo te trajo hasta mí, es porque tenemos una misión —susurró ella—. Tú no creaste este monstruo con mala intención, Hades. Te engañaron. Vamos a salvar a Mía de esa droga y vamos a demostrar que tu accidente no fue solo una cifra más. Vamos a despertarte.
Hades asintió, y por un instante, su mano apretó la de Isela con una fuerza que no tenía nada de espectral. El lazo entre ellos era el único cable que mantenía a Hades Belmont conectado a la realidad, y el único mapa que Isela tenía para encontrar la verdad.
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Editado: 25.04.2026