Rossblack

11.- Noche

De nuevo desperté con el aroma de Mihail cerca, Esto era un aliciente para abrir los ojos, mejor él que cualquiera de sus primos. Hasta su hermano era mejor que el otro.

Cuando abrí los ojos lo encontré cómodamente sentado frente a mí, con la silla al revés y con una bebida de tonalidad café. Me recordó a la noche en la que él despertó y yo estaba bebiendo una copa de sangre, el recuerdo hizo que mis colmillos salieran y mi boca se hiciera agua. Le mencioné mi recuerdo, aunque al hacerlo volví a llamarlo Misha.

-Ya te he dicho que no me llames Misha, tú no puedes hacerlo.- dijo en tono molesto, sin moverse de su lugar.

-Sigues siendo bastante quisquillosos al respecto.- bromeé sin poder quitar la mirada de su rostro.

-Es la tradición en toda esta tierra, solo nuestros familiares y seres queridos pueden llamarnos por nuestro diminutivo.-

-Hablando de familiares ¿Dónde está tu hermano?- Me miró con los ojos entrecerrados.

-¿Por qué preguntas por él?-

-Bueno, solo quería sacar un tema de conversación, prefiero platicar contigo a que me tortures o experimentes conmigo.-

-Tú lo hiciste conmigo.- escuché el rencor en su voz, le respondí con un suspiro.

-Tú no querías darme la información que tenías, yo no tengo ninguna información que darte. He ahí la gran diferencia.-

-¿Vas a decirme que no disfrutaste con lo que me hacías?- apretó su brazo hasta que sus nudillos se pusieron blancos.

-Disfruté tenerte a mi merced, si. Y disfrute bastante de tu sangre, pero el dolor que te causé solo era un incentivo para poder encontrar este lugar.- confesé.

Él se levantó de forma busca y dejó el vaso vacío sobre la mesa.

-A fin de cuentas no eres más que una criatura chupasangre.- me espetó.

-No es algo que yo quisiera ser, no lo pedí.-

-Pero lo eres, y ahora matas para te alimentas de los débiles. Todos ustedes son igual de perversos-

-¿Y qué te hace crees eso? ¿Acaso has visto cuando yo me alimento? No soy como Velkian, cuando me alimentó pongo en trance a la persona para que no sienta más que un ligero placer que después olvida.-

-¿Nunca has matado a nadie? No puedo creerte-

-No he dicho eso, cuando me nubla la ira o estoy demasiado hambrienta sí busco la muerte de mi víctima, pero siendo consciente de eso suelo buscar hombres malhechores que valgan ese destino. ¡Nunca me he aprovechado de los débiles! Lía es un ejemplo de ellos.- comenzaba también a alzar la voz.

Me miró durante largo rato y pude notar cómo la ira iba desvaneciéndose de su mirada.

-¿Cómo terminaste siendo lo que eres?- me preguntó pensativo.

-Es una historia un poco larga, será mejor que vuelvas a sentarte si quieres que te lo cuente.- el enojo también iba desapareciendo de mí, quería que Mihail me comprendiera, y que, si decidía matarme, lo hiciera por las razones correctas y no por prototipos de mi especie.

-Anda cuéntame.- Se sentó en la misma posición cruzando los brazos sobre el respaldo de la silla para recargar la cabeza.

Por unos momentos me quedé mirando cómo sus músculos se tensaban cuando movía los brazos.

-Nací en Inglaterra poco antes de que iniciara al era Tudor, cuando las dos rosas aún estaba en conflicto, y su esplendor fue el mío. Yo era hija ilegítima de mi padre, un gran duque del que he olvidado el apellido, de mi madre solo supe que fue una esclava escocesa que antes de morir me entregó a mi padre.

>Recibí la misma educación y trato que mis hermanas, pero no con el mismo fin. Mientras ellas se casarían con otros aristócratas y llevarían una vida política y social, a mi me esperaba convertirme en la amante de algún señor que me mantuviera pero en el anonimato y que me usara cuando quisiera.

>Como podrás imaginar esa idea me repugnaba. En varias ocasiones le rogué a mi padre que me permitiera quedarme con él o hacer mi vida aparte, pero solo me gané una bofetada y el reclamo de no apreciar lo mucho que él hacía por mí. Él me decía que eso era lo mejor a lo que podía aspirar y que la única opción que me quedaba era la muerte, pues su sangre no iba a perder reputación por libertinajes o rebeldías mías. Desesperada comencé a deliberar en la opción que él mismo me había mencionado.

>Llegó la terrible fecha, acudí a mi primer baile acompañada por mis hermanas y mi padre. Al principio disfrute mucho al arreglarme, mi hermana me había prestado un hermoso vestido color vino y me sentía hermosa, varios caballeros pidieron bailar conmigo. Incluso alcancé a ver a la gran reina Catalina, a lo lejos claro.




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