Ruidos en la noche

Décima Noche

Thomas

Guarde el archivo de la mujer en mi bolso, junto a las cartas, me había levantado temprano para decirle a la señora Birmingham que saldría. Le dije que necesitaba arreglar ciertos documentos, ella no estaba muy convencida; pero, me dejo ir sin más. Mi madre me empacó algo para el camino y me dio dinero para el almuerzo y así, finalmente pude iniciar mi camino.

Cuando atravesé la puerta principal me sentí extraño, en ese momento vi a Katherine esperándome y me pregunté si iría conmigo.

—¿Vas a la biblioteca? —Preguntó, balanceándose un poco sobre sus pies, aquel día la falda de su vestido azul era un poco más corta y podía ver sus zapatos marrón bien lustrados.

—Si, te dije que investigaría… También te traeré fotos… —dije y ella asintió, mirando al suelo.

—Si se hace de noche, no vengas… El camino no es de fiar en la oscuridad —me aconsejo. —Ten un buen viaje —dijo y dio media vuelta.

—Katherine… —Se detuvo. —¿Te es familiar el nombre… Eleonor Bennett? —ella se volvió a mi.

—No lo sé —lucia nerviosa. —Debo irme —se apresuró a desaparecer entre la niebla de la mañana. Intente decirle algo; sin embargo, ya no podía verla.

No podía perder tiempo, así que inicié mi viaje, camine por una hora entre la niebla, siguiendo algunas señalizaciones que encontré en el camino, tratando de no perderme. Francamente, el lugar era una trampa mortal. Finalmente encontré una parada de autobuses y me senté allí por lo que fue media hora, durante la cual leí alguna de las cartas. Eran cartas del señor Collingwood a nada más y nada menos que Eleonor.

Cartas de amor.

Luego procedí a leer en el autobús, que tenía a lo sumo tres personas que cuando subi me miraron de forma extraña y lo entendía, aquella parada estaba en medio de la nada, hasta yo me preguntaría de dónde viene el extraño.

Llegue al pueblo en veinte minutos, sintiéndome un poco perdido; pero, de nuevo muy sorprendido por el paisaje frente a mi, era maravilloso con tanta belleza natural. Pregunté a algunas personas por la biblioteca del pueblo y logre encontrar el lugar sin problemas. Era lo suficientemente grande para causar impresión, aunque lucía un poco moderna, lo bueno es que aquí no sufriría por fantasmas, porque si llegaba a escuchar la marcha fúnebre de nuevo, de seguro tendría un ataque al corazón.

—Disculpe señorita —me acerqué a la recepción y punto de información. —¿Donde puedo encontrar información sobre las propiedades de esta zona? —pregunté.

—¿Alguna propiedad en especial? —Me preguntó de vuelta.

—Pues… —En ese momento me di cuenta que no sabía el nombre de la propiedad y decidí intentar con el nombre de la familia. —La propiedad Collingwood —dije y ella abrió sus ojos de par en par.

—¿Está interesado en comprarla? —Preguntó con nerviosismo.

¿Comprarla? ¿Estaba a la venta?

—Carol, dejalo tranquilo… —Un muchacho de mi edad apareció de la nada. —Yo me encargo —le dijo a la chica. —Sígame —dijo con una sonrisa. —Hace mucho que nadie venía preguntando por esa propiedad —dijo con diversión.

—Es una hermosa propiedad —le dije.

—Si, lastima que sus habitantes no gusten de extraños —dijo riendo.

—¿Ha ido alguna vez? —Le pregunté, curioso.

—Por supuesto, es como nuestro símbolo de historias de terror y leyendas, al menos nosotros los jóvenes amamos la casa, incluso muchos deseamos restaurarla y abrirla al público, pero no sabemos qué dirán los dueños actuales —explicó.

Caminamos entre estantes llenos de libros, hasta llegar a una escalera angosta que llevaba a un piso inferior.

—Los archivos más antiguos se guardan en el sótano —se encogió de hombros. —Nos dejan entrar por las tareas y para saciar nuestra curiosidad histórica —el chico hablaba mucho, pero su actitud me agradaba.

Bajamos con sumo cuidado por las viejas escaleras de madera, él iba adelante y entonces se detuvo para acercarse al interruptor, y finalmente iluminar nuestro camino.

—¿Entonces planeas comprarla? —Preguntó.

—No exactamente —dije, dando mi último paso y quedando frente a la antigua biblioteca. —Vine a investigar sobre su historia —explique.

—Eso tiene más sentido, luces demasiado joven para ser un comprador. Pero, oh, vaya… No sabía que ya fuera tan conocida… Por cierto, mi nombre es Andrew —se presentó y estrechamos nuestras manos.

—Thomas.

—¿Cómo supiste sobre la casa, Thomas? —Preguntó, caminando por el lugar en busca de lo que quería.

—Trabajo ahí, fui contratado hace poco —le informe.

Él se detuvo de golpe y se volvió a mí con expresión llena de asombro, abrió su boca y luego la cerró, negó con la cabeza y de nuevo se cuadro de hombros antes de hablar.



Wanda Quiceno

#1946 en Terror
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En el texto hay: fantasmas, amor dolor y muerte, horror

Editado: 03.05.2018

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