Sangre de luna.

Capitulo 16

La casa de los Winevid ardía más con el viento. El pequeño incendio había comenzado en la paja del techo, de manera que hasta que las llamas habían consumido la primera capa no habían notado el fuego.

Valmond al estar deambulando cerca del pueblo vio el humo.

Un par de vecinos más se arriesgaron a salir para ayudar.

Margareth y su hija ayudaban sacando agua del pozo, pero el agua estaba casi congelada. Terminaron hiriendo sus manos con la cuerda y el agua.

El pobre Hackett Winevid se resignó viendo la casita arder. Solo podían esperar. Por suerte lograron sacar a los animales.

 

- ¡Venid a la iglesia! - les apremió una voz.

 

Los cuatro y Valmond corrieron a refugiarse mientras todo pasaba. Tuvieron que meter a los animales con ellos.

La casa cayó y el fuego se consumió hasta dejar cenizas.

 

- Lamento mucho su perdida hijos míos.

 

El padre Santiago repartía unos pedacitos de pan y caldo caliente.

 

- Lo hemos perdido todo - sollozaba Margareth junto a su hija.

- ¡Y el invierno a penas va por la mitad! ¡¿ Cómo sobreviviremos ahora ?! - Hackett se paseaba por la pequeña habitación desesperado.

 

Tenía razón, aún faltaban almenos dos lunas para que el invierno terminara.

Todo estaba perdido. De dónde sacarían lo necesario para volver a construir una casa o al menos un refugio para el invierno. Y cuánto tiempo tardarían.

Cómo alimentaria a los suyos. Podrían él y Hans salir a cazar, pero con el frío del exterior y sin protección morirían de frío antes de lograr atrapar la cena.

 

- El Señor proveerá. Tengan fe.

 

Hans permanecía callado. Sin quejarse, sin lamentarse. Debía ser fuerte. Era el brazo derecho de su padre. Debía mostrar entereza para sostenerlo aunque su padre dijera que no necesitaba tal apoyo.

 

- Ya buscaremos solución a esto Hack- Valmond hablaba con su usual tono sereno.

- Si. . . Y tú?! ¡¿ Qué hacías afuera ?! ¿ No deberías estar cuidando de tu mujer?

- Salí por qué algo asustó a los animales. Creí que se trataba de algún coyote o algo parecido.

- ¡El lobo! - saltó Kerstin - ¿ Y cómo has podido dejar a Amely sola?

- ¿ Ella se encuentra bien ?

- Si ella está bien. Al andar hacia el pueblo fue cuando ví el humo.

- Pues gracias a Dios por ello - el padre tosió con fuerza sosteniéndose de la mesa.

- Padre Santiago¿Esta bien?

- Si, solo es la vejez. El frío. Nada más. Ustedes pueden quedarse aquí todo el tiempo que necesiten. No tengo mucho que ofrecer pero ya lo arreglaremos.

- Muchísimas gracias Padre- El tono de sincero agradecimiento de Margareth denotaba su preocupación.

- Gracias Padre Santiago- reafirmó Hackett.

 

Las mujeres parecían más tranquilas con aquello.

 

- Tengo algunas pieles y carne seca que les vendría bien. Al amanecer las traeré.

- ¡No necesitamos tu ayuda!-  vocifero el muchacho levantándose del banco de madera.

- ¡Hans! - le reprendió su padre en tono severo.

- No la necesitamos padre. Para eso estamos nosotros. ¡¿Acaso no somos los hombres de la casa?!

- ¡¿ Y acaso pretendes que tú hermana y tu madre mueran de frío y hambre mientras nos hacemos de un techo y comida ?!

- Pero padre...

- ¡No Hans ! Y espero Dios nos perdone por estar gritando en su casa pero está vez quiero que quede claro joven. Un hombre debe hacer los sacrificios necesario para cuidar de los suyos. . . Incluso... Humillarse.

 

Hackett estaba en lo cierto. Su orgullo había sido aplastado por una tormenta y por la generosidad de un hombre de Dios que a penas y si tenía para él.

Él quien siempre había estado orgulloso de tener lo que tenía por el sudor de su frente y la gracia de Dios. Pero ahora la naturaleza le había recordado cuan insignificante era ante su poder. Y en aquella lección le arrebató casi todo cuanto tenían.

Hans furioso apretó los puños y volvió a sentarse.

 

- Ahora descansen. Veremos qué nos traerá el mañana- Concluyó el sacerdote.



Brooklyn Birk

Editado: 15.07.2018

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