Secretos: Código Viper

Capítulo 3: Cuando el cazador se vuelve la presa

Danielle

 

 

Soy la clase de persona que intenta ver el mejor lado de las cosas, pero han pasado tres meses desde que vine desde Seattle, me preocupaba no acostumbrarme al clima caliente y húmedo de Los Ángeles, pero hoy por hoy es la menor de mis preocupaciones.

Son los amigos de Dominic los que me hacen la vida cuadros, cada fin de semana desde que he llegado han armado fiestas en la casa, estoy a punto de tirarme del balcón como vuelva a oler la mezcla de tequila con pizza y whisky salido del estómago de sabe Dios quien, en el salón. No lo soporto más.

Entiendo que mi primo busque en los «excesos» superar la partida de su hermana, pero esto ya se está pasando de la raya. Cada domingo Leonor y yo tenemos la misión de volver a hacer habitable el piso, mientras mi primo se recupera de la resaca.

Termino de arreglarme, miro al reloj que descansa en mi mesa de noche. Debo salir pronto, si no quiero llegar tarde a la universidad.

Dios, dame paciencia… porque si me das fuerza, lo mato.

Realmente estoy preocupada por mi primo, pero no tengo idea que hacer por él. Si a eso le sumo que es infeliz trabajando para su padre, creo que tiene suficiente mierda en su vida como para yo complicársela más.

Y si a eso le sumo que mi hermana no ha dejado de acosarme, para que la acompañe de compras, a una fiesta o a cualquier cosa, cuando lo único que quiero es poder tener un día de paz. Estoy preocupada porque debo comenzar mis prácticas y no he tenido oportunidad de revisar los despachos y peor cuando hay muchos más alumnos en busca de estos, creo que lo voy a tener un poco complicado.

           

La caminata hasta la universidad es corta, pero es relajante tener tiempo para pensar, nuestro barrio está a la altura de la Escuela de Leyes por lo que es residencial, alejados de las fraternidades, pero comienzo a sospechar que tenemos una propia.

Dominic dejó caer durante la cena la posibilidad que haga mis practicas con él en el despacho de su padre. Sé que es el más grande e importante de toda la ciudad pero la clase de hombre que es Amek Bodrov me dan nauseas, así que prefiero mantenerme lo más alejada que puedo de él.

***

           

Llaman a la puerta, el único que puede ser a esta hora es mi primo.

—Pasa, D.

Entra vistiendo su ropa de gimnasio, hemos tenido más de una diferencia desde que me mude. Además, podría jurar que cada mañana hay una chica diferente saliendo de su habitación, no tengo problema que lo haga, aunque debo decir que como mujer me molesta bastante. Eso y sus dichosas fiestas.

—Dan, podrías reconsiderar la oferta que te hice para que vengas al despacho conmigo. —Camina nervioso por la habitación, la preocupación está reflejada en su rostro—. No tienes por qué tratar con mi padre o mis hermanos. Podemos ser solo los dos.

Me levanto de la cama, camino hasta él. Toco suavemente su brazo, no sé qué más hacer para intentar reconfortarlo.

—D, te aseguro que, si la situación fuera distinta, no dudaría ni un segundo en ir contigo, pero sabes muy bien que tu padre y yo terminaríamos por matarnos tarde o temprano. Y eso solo va a resultar en que tú te pelees con él, para variar, y seguramente mi tía terminara llamando para interceder y terminarán las cosas de la misma manera.

Deja caer la cabeza resignado, sin decir nada más se da la vuelta y se marcha.

Paso toda la noche en mi computadora en busca de algún bufet en esta ciudad donde mi tío no tenga poder, es como buscar agua en el desierto, pero es la única manera que no termine en la cárcel por homicidio.

Tardo unas cuantas horas en encontrar una vacante en un despacho pequeño, especializado en derecho penal, con grandes resultados. Apenas tienen ocho abogados, pero al parecer son los mejores en su campo.

***

Los días pasan lentos en cuanto espero los resultados de la entrevista, he aprovechado el tiempo para telefonear a mi mama, aunque como siempre no es la mayor terapia para el estrés, aún así la quiero. Los Ángeles es el tipo de ciudad de los sueños o algo por el estilo, todas y cada una de las personas con las que he logrado tener una conversación ha llegado aquí con la intención de ser famoso o asquerosamente rico, lo que por lo que he visto no es tan difícil, pero aún me pregunto a cuál costo.

Mi teléfono vibra dentro de mi pantalón, lo saco y una sonrisa aparece en mi rostro al ver un mensaje de Katharina, una de las amigas de mi primo.



Kath B. Carlton

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En el texto hay: romance, amor, intriga y drama

Editado: 22.10.2018

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