Selina.

VI. Ek, el bosque de los animales.

Una ráfaga de viento, una fuerte ráfaga de viento, eso es lo que sintió Selina en aquel momento, una ráfaga que la empujaba hacia atrás y una enorme fuerza que la empujaba hacia delante, sintió como si volara, como si estuviera suspendida en el aire, era una sensación extraña pero a la vez acogedora. Cerró suavemente los ojos y cuando los volvió a abrir ya estaba en otro sitio, miró a su alrededor impresionada, bajo ella había unas losas en forma de círculo, en ellas había una flor dibujada idéntica a la del dibujo del collar.

—Estamos en Ek —miró con asombro a su alrededor esperando encontrar algo fuera de lo normal pero lo que la rodeaba era un bosque como cualquier otro.

La princesa notaba como su pelo se movía suavemente, se le había caído la capucha y sus rizos se veían atraídos por algo. Al volverse encontró el portal aún abierto. Razonó que, ya que este se había abierto pulsando el dibujo del colgante tendría que volver a cerrarse de la misma forma. Así que se lo colgó alrededor del cuello y colocó el dedo pulgar sobre él. En ese mismo instante Daniel salió disparado de él chocando con ella, haciendo que cayera del caballo a la vez que pulsaba el colgante y cerraba el portal.

—¡Quitaos de encima! ¡Ahora! —gritó de cara al suelo con el peso de Daniel encima sobre ella.

—Perdón —se levantó rápidamente y extendió la mano a.

La princesa aceptó la ayuda y en breve estuvo en pie junto al chico que la miraba con asombro, inconscientemente sus ojos se clavaron en ella. Selina se alejó un poco de él, se colocó bien el pelo que había quedado todo revuelto por la caída y dijo enfadada:

—¡Qué miráis!

—Lo siento —dijo tímidamente llevándose la mano a la nuca, y apartando la mirada—. Es que...

—¡¿Es que qué?!

—Que no pensé que eras así.

—¿Así cómo?

—Así de guapa...

Las mejillas de Selina se fueron tornando en un tímido rosa que finalmente terminó convirtiéndose en rojo carmín incapaz de ocultar.

—Gra... gracias...

Daniel había metido la pata, se dio cuenta en el mismo momento en el que la cara de Selina cambió bruscamente de color, tenía que arreglarlo de alguna manera, no quería volver a quedar como otro pardillo.

—Lo siento quizás... he sido demasiado directo... Y lo siento, por la caída, digo.

—No pasa nada... –miró al suelo queriendo evitar cualquier contacto visual que hiciera que su rostro echara fuego. Se colocó el pelo detrás de la oreja—. Tened, esto es vuestro.

—Gracias —sonrió Daniel al recuperar su pequeño objeto amarillo.

Luro relinchó frenando aquella vergonzosa situación.

—Sí claro, hay que encontrar al mercader, preguntaremos a alguien.

—Perdona pero, ¿puedo saber a quién buscamos? —preguntó Daniel.

—Buscamos a una persona q... bueno a alguien que me ayudará a llegar a un sitio.

—¿Podrá esa persona llevarme a casa?

—No... no lo sé con total certeza, puede que sí... Mirad, allí hay una ardilla, quizás pueda ayudarnos.

—Pruff, ¿cómo te va ayudar una ardilla? —dijo en un tono burlón.

—De este modo —la ardilla se encontraba en lo alto de un árbol acostada en una rama con una nuez en las manos. Selina llamó su atención—. Buenas tardes, estamos buscando a alguien y quizás vos podáis ayudarnos.

Daniel se tapó la boca evitando que la risa le saliera disparada. E inmediatamente su cara cambió, la ardilla se incorporó dejando su almuerzo de lado y respondió a Selina con simpleza

—Dime a quién buscas.

—Haa... ha... ¡habla! —Daniel se había quedado perplejo, no sabía qué decir ni pensar, estaba boquiabierto. Ahora era Selina quien se reía con una sonrisa burlona.

—Nos han hablado de alguien que tiene todo tipo de objetos y quizás tenga algo de mi interés.

—Ahh te refieres a Tiduj... Os puedo llevar hasta él, no vive muy lejos.

—Gracias —sonrió.

La ardilla bajó al suelo y se puso al frente indicándoles el camino.

—Habla... —volvió a repetir Daniel en voz baja a la chica.

—Sí, estamos en Ek, el famoso bosque de los animales, aquí todos los animales hablan, presumo que no habíais escuchado nada sobre él.

—No... La verdad, no sé porque me sigo comprendiendo después de haber visto todo lo que he visto pero... ¡es que habla!

—No os preocupéis, hay más personas como vos que también se asombran ante cosas así.

—Supongo... oye, por favor, deja de llamarme por vos y todo ese rollo, llámame Daniel y tutéame, me siento viejo si me hablas así.

—De acuerdo Daniel... —sonrió pese a que intentó esconderlo. —Daniel sois, digo eres, extraño, pero gracioso—dijo sin borrar la sonrisa de su rostro. Daniel también sonrió.

—Ya hemos llegado —dijo la ardilla—, allí está la casa de Tiduj –señaló a una especie de madriguera grande.

—Gracias.

—De nada, que paséis una buena tarde.

—Igualmente —respondió Selina.

—I…igualmente —repitió Daniel algo torpe.

La ardilla trepó por un árbol y se alejó saltando de rama en rama.

—Vamos —decidida, se colocó de nuevo su disfraz para no ser reconocida y se acercó a la casa con un paso ligero.

Como ya habíamos dicho la casa parecía una madriguera pero más grande, hecha a partir de un boquete que surgía del suelo y se abultaba un poco antes de volver a hundirse en la tierra. La puerta era algo más pequeña que Selina y Daniel como si la casa fuera hecha al tamaño de un niño. Un pequeño cordón se ondeaba al son del viento sin llegar a provocar sonido en la pequeña campana de la que colgaba. Selina lo movió, se escuchó un pequeño golpe de metal contra metal y esperaron pacientes.

La puerta se abrió. Apareció un tejón.

—Muy buenas, buscamos a...Tiduj —dijo Selina, no muy segura de que hubiera dicho bien el nombre.

—¿Para qué lo queréis? —preguntó desconfiado.

—Necesitamos adquirir un mapa que nos lleve al Palacio lunar y nos han dicho que él puede ayudarnos.



AllisonMonroe

#8775 en Fantasía
#11780 en Otros
#1719 en Aventura

En el texto hay: princesa, castillo, deseos

Editado: 09.03.2020

Añadir a la biblioteca


Reportar