Capítulo 44
Anteriormente en Silver: Rodrick observa como Silver y su aprendiz troll fabrican dos piezas idénticas que permiten perforar el túnel que están construyendo los orkos.
Cuatro días de fabricación han hecho falta para terminar las dos brocas. Una se quedará en el pueblo del troll. La otra se la llevaremos a los orkos para construir el túnel. El aprendiz parece uno de mis hermanos pequeños con un juguete nuevo, está super feliz queriendo probarlo lo antes posible.
-¡¡GROLAD!! ¡¡NOSOTROS NOS VAMOS!!
Nos han dejado un carro con mulas para que podamos transportar nuestra propia broca. Y ya estamos dispuestos a irnos para seguir con el túnel de los orkos. El troll nos mira feliz:
-¡¡OS ACOMPAÑO!! Así veo a mi maestra utilizar la broca y no reviento la mía.
Antes de que pueda decir nada me da un codazo mi tía y contesta:
-¡POR SUPUESTO GROLAD! ACOMPÁÑANOS.
Le hemos hecho todavía más feliz de lo que ya estaba porque sale corriendo y, antes de que nos demos cuenta, vuelve con una mochila enorme. Durante ese breve espacio de tiempo me quedo mirando a mi tía que solo mueve los labios con la frase: “confía en mí”. No hay problema, pues es lo que llevo haciendo el resto del viaje desde que me di cuenta de que era un mocoso engreído. Si la hubiera hecho caso antes…. No me merece la pena intentar ver un posible “y sí”, es mejor así.
Salimos los tres juntos, mi tía y yo encima del carro mientras que el troll anda tranquilamente a nuestro lado. Al llegar la noche, mi tía puede explicarle la situación entera a Grolad a gritos sin miedo a que nos oiga nadie del pueblo. Es un troll, entiende perfectamente qué es que te persigan por ser diferente a los demás y promete guardar el secreto de los orkos hasta que estén asentados y con los tratados en vigor.
Anteriormente en Silver 88. Regimiento Pok: El príncipe y su Guardia tienen un plan para acabar con los rebeldes y su gran fiesta de celebración además de descubrir dónde está el botín del llamado conde.
Antes del mediodía estamos todos preparados para hacer el ataque, descansados y con todas las energías renovadas. Los carros con los barriles de bebidas alcohólicas han llegado a tiempo para que nuestro plan no falle. Debido a la falta de mandos, mi capitán ha tenido que ceder y dejarme liderar a los orkos.
Mientras el capitán de mi guardia, del Regimiento Pok, se encarga de quemar todos los carros con el alcohol y todo lo que encuentran creando un incendio tremendo, mis orkos y yo atacamos a la tienda principal. Un pequeño interrogatorio para saber dónde está su botín.
La primera parte del plan está saliendo a las mil maravillas. Parece que son muchos más de los que son. El incendio principal está descontrolado y, además han creado muchos más, lo que nos permite entrar en la tienda principal que ha quedado, prácticamente, sin vigilancia. Los guardias están más preocupados en salir a apagar el fuego que está destruyendo el campamento.
El autodenominado conde está roncando fuertemente sin ningún tipo de miedo, ni de protección. Solo lleva puesta una camiseta blanca con múltiples manchas de dudoso origen y un largo calzoncillo de color oscuro. Las sábanas están en el suelo, revueltas. Hago la señal, le atan las manos y las piernas sin que se despierte mientras que otros dos traen una gran bañera cerca de él y la empiezan a llenar con agua. El agua es traída directamente del río, por lo que suelen calentarla antes. Nosotros no le haremos ese favor. A mi señal, le alzan rápidamente y le tiran a la bañera. El agua helada le hace tener un rápido despertar con todo tipo de insultos y maldiciones hasta que abre los ojos y ve a dos orkos sonriéndole. Entonces se calla de golpe, mudo.
-Espero que te hayamos despertado las ganas de hablar además de insultar y maldecir.
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