Simplemente Eres Tú

Ya Debe Estar Muerta

– Leila – dice John. El alivio notándose en su voz mientras la ayudaba a llegar a uno de los muebles de la sala.

Llegar al departamento de John fue un completo desafío para ella estando en el estado que se encontraba. El vestido de lentejuelas seguía cubriendo su cuerpo, el maquillaje desapareció en el departamento que despertó y los zapatos fueron retirados cuando notó que no funcionaba el ascensor del edificio. Tenía muchas cosas que hablar con él sobre lo que ocurrió en Alemania con Bárbara, pero era más importante dejarle en claro a Geanin que no podía abrir la boca sobre su hija.

– No vas a decir ni una sola palabra sobre ella – dice Leila mirando a Geanin con seriedad.

John le entregó su sudadera para cubrir un poco el estado que se encontraban sus brazos cubiertos de moretones por las veces que forcejeó con esos hombres; Leila se cubrió con ella en silencio esperando la respuesta de Geanin, arregló su cabello en un lado de su cara y miró a su prima de nuevo. La determinación de no quedarse callada se notaba en sus ojos y eso comenzaba a irritarle.

–  Tus padres tienen que saberlo, Leila – murmura Geanin molesta mirando a Leila a los ojos – Hoy casi te damos por muerta cuando nos dijeron que Margaret te tenía en sus manos.

– Amber es hija de John – dice Leila con voz neutra apretando los dientes – Mis padres no tienen que enterarse de nada. Porque en efecto, yo estuve a punto de ser capturada por los hombres de Margaret ¿Qué crees que hará Margaret cuando sepa que Amber es mi hija?

– Ella no…

– ¡Claro que lo sabrá! – Espetó Leila levantándose – Tú no la conoces, yo sí. Por eso la quiero alejada de Amber.

– ¿Piensas mantenerla oculta toda su vida? Ella merece saber que tiene dos abuelos que la amaran con todo su corazón ¡No puedes privar a tu hija de vivir una infancia normal solo porque tú no la tuviste!

Leila tomó a Geanin del cuello cegada por la rabia y no escuchó a John mientras le aconsejaba detenerse. Su prima la miró de forma retadora, ellas dos tenían en mismo carácter, pero el de Leila fue forjado con años de sufrimientos y eso la hacía ser una persona fría. No dudaría en hacerle daño si era necesario para mantener a su hija alejada de cualquier venganza absurda que tengan los Schneider. Sí, en algún momento tendrá que presentarla, pero ese momento será cuando Margaret esté fuera de sus vidas definitivamente.

– No me tientes, Geanin – siseó Leila fulminándola con la mirada – No me conoces lo suficiente para que digas algo sobre Amber. No sabes lo que soy capaz de hacerte si algo le pasa, así que mejor cierra el pico.

La soltó alejándose de ella para mirar por la ventana del departamento a las calles del pueblo donde vivió toda su adolescencia y suspiró. Todo este estrés la consumiría en cualquier momento. Pasó una mano por su rostro agotada y le dijo a Geanin sin mirarla de nuevo:

– No digas que estoy en Venezuela, mucho menos que estoy con John. No tengo pensado quedarme mucho tiempo.

 

Bárbara Neumann estaba sentada en la cama mirando a la pared de cristal siendo iluminada por las estrellas como cada noche. Nathan la había dejado sola de nuevo, estaba en su despacho trabajando en lo que sea que él haga para mantenerse bien económicamente. Ella estaba molesta, con él, con ella, pero mucho más con Leila por existir y volver a sus vidas.

Ciertamente se había tragado el cuento de Leila cuando llegó a la universidad, estaba segura que su nombre era Alexandria, así como todos a su alrededor. Pero la duda aumentó a su alrededor cuando escuchó a ese otro chico llamarla Leila más de dos veces asegurándose que estaba con bien. Luego estaba el hecho de la actitud distante con Nathan. Así que investigó, movió sus influencias en toda la universidad para llegar al expediente de ella, saber que era ella la ex de su prometido fue un golpe bajo.

No era sorpresa alguna que Leila era una chica atractiva, se mostraba sencilla, leía. Hacía todas las cosas que hacía Nathan, allí fue cuando Bárbara sintió verdadero pánico. Ellos estaban hechos para estar juntos, tenían historia; una cara bonita y un apellido popular no borrarían eso.

– ¿Por qué no puedo ser ella? ¿Por qué no puedo ser, Leila? – preguntó la mujer levantándose de la cama con un agujero en el pecho.

Miró la habitación que comparte con Nathan y una lágrima corrió por su mejilla, en esa cama durmió él con Leila, en estas paredes estaban guardados tantos recuerdos que la estaban abrumando por imaginarlos allí, siendo felices. Limpió su rostro con una mano molesta consigo misma y salió al pasillo de habitaciones. Nathan seguía sin dar señales de vida y ella solo estaba buscando una forma de distraerse de la culpabilidad que la invadía.



Laczuly0711

Editado: 18.09.2019

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