Simplemente Eres Tú

Reencuentro Inolvidable

Nathan

Al llegar a la casa, Leila seguía dormida. No quise despertarla porque sabía que no durmió nada en el viaje, también porque me preocupaba los mareos que la estaban arrasando desde que aterrizamos. Así que la tomé entre mis brazos con cuidado de no despertarla y me dirigí a la entrada de la casa con paso lento.

– Ya era hora de que regresaran, Nathan.

Suspire bajo cerrando los ojos y abrí la puerta, si esa persona quería entrar a la casa que lo hiciera. No la iba a detener de ver a su familiar, pero no le iba a permitir que alterase a Leila ahora, ella ya estaba lo suficientemente cansada como para lidiar con ella también.

Deposité el cuerpo de Leila despacio sobre el colchón de nuestra habitación y la cubrí con una manta suave. Estaba profundamente dormida, su cabello levemente alborotado sobre su rostro. Le di un beso en la frente arreglando su cabello detrás de su oreja y suspire.

–  Espero que cuando despiertes estés bien.

Salí de la habitación cerrando la puerta a mis espaldas e ignoré la presencia de la mujer sentada en la sala mientras buscaba las cosas en el coche. No tenía ánimos de pelear ahora ¿Era tan difícil de entender?

Papá está analizando las muestras.

Estoy un poco nerviosa por el resultado, espero que hayas llegado bien a Venezuela. Escríbeme, por favor.

A.

¿Muestras?

¿Qué muestras le dio Leila a Akneta antes de venir?

Guardo el teléfono de Leila en su bolso de nuevo, tomo las bolsas de las compras con una mano y cierro el coche con mi pierna para no tener que salir de nuevo. En Múnich debe ser de noche ya, Akneta debe estar lo suficientemente nerviosa como para enviar ese mensaje. Aunque debo aceptarlo, yo también estoy cansado con el cambio de zona horaria, de seguro eso fue lo que afectó a Leila al llegar. Dejo las cosas en la mesa del comedor ignorando a la mujer sentada a escasos metros en la sala y me dedico a guardar las cosas en la alacena.

Esta casa no es muy grande, es de una sola planta con tres cuatros que dan a la piscina por unas puertas de cristal reforzado, la cocina es de titanio y de un tamaño considerable para que puedan estar dos personas sin ningún problema. No hay una mesa del comedor, como siempre he vivido yo solo no me ha importado tener una, ya es mucho que tenga unos muebles decentes en la sala.

– No puedes ignorarme toda la vida, Nathan – Gruñe la mujer en la sala levantándose.

– No te estoy ignorando, solo estoy agotado por el viaje y no tengo ánimos de hablar. Tú eres la que no habla – Respondo en español girando los ojos – ¿Qué es lo que quieres, Geanin?

Ella y Leila pueden ser parecidas en aspecto, pero son muy distintas al momento de comportarse. Leila porque siempre es reservada y dice las cosas que piensa, duelan o no, actuando como un adulto incluso siendo una adolescente. Y Geanin porque es todo lo contrario, hace las cosas sin pensar, extrovertida para algunas cosas, cuando la conocí ella estaba comportándose como una adolescente hormonada que no miraba a su alrededor. Podían ser primas contemporáneas, pero Leila le ganaba por mucho en cuestión de madurez.

– ¿Dónde está Isabel? – Pregunta sentándose en una de las sillas del mesón en la cocina.

– No te lo voy a decir – Sonrío – Yo no sé dónde se encuentra Isabel Schneider.

– Leila y tú son un completo dolor en el culo…

Justo en ese momento Leila salió disparada del cuarto entrando al baño de invitados completamente pálida. Dejé lo que estaba haciendo en la cocina, Geanin mirando todo con confusión, al llegar al baño ella estaba dejando la comida en el drenaje y su cuerpo temblaba de nervios mientras se sostenía al retrete. Algo le pasaba desde que aterrizamos, yo sabía que algo no estaba bien con ella. Antes de ir con Isabel mañana visitaré un médico, no me importa lo que ella diga.

– Estoy bien… estoy bien – Murmuraba en alemán bajando la palanca del retrete.

– Estás vomitando lo que comiste en el viaje, eso no es estar bien – La riño frunciendo el ceño. – Mañana iremos con un doctor.

– Solo es el cansancio del viaje, Nate – Se levanta con el ceño fruncido y sale del baño con molestia.

Ella odia que la cuiden, está tan acostumbrada a ver por si misma que no sabe recibir la ayuda de los demás.

– ¿Qué haces tú aquí?

Mierda.

Se me olvidó que Geanin estaba en la cocina con su incesante interrogatorio.



Laczuly0711

Editado: 18.09.2019

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