Sin recuerdos de ti

CAPÍTULO 10°

Andy

  • Estas bien Andy? (me pregunta Diana)
  • Si. Tranquila. (respondo)
  • ¿Por qué te hace siempre la fuerte? Solo admite que estar aquí te recuerda a Alberto.

Tomo el trago que está en la barra y lo bebo de un sorbo y lo coloco de regreso a la barra.

  • ¿Sabes una cosa? Si tienes razón. Desde que llegamos recordé ese día. Pero no por eso me voy a derrumbar y dejar que mi vida se termine. No es el único hombre sobre la tierra. Yo solo quiero sacarlo de mi corazón.

Diana me abraza para consolarme pero eso hace que quiera llorar aún más. Me separo de ella y digo.

  • Voy a salir…a tomar un poco de aire fresco.
  • Está bien (responde Diana)

Me alejo de ella desapareciendo entre la gente hasta llegar a la salida. Continúo caminando perdida en mis pensamientos. Termino llagando a la playa.

Desde niña siempre me gustó el mar. Cada fin de semana pasábamos todo el día en la playa mi madre y yo. La extraño mucho. Me hace mucha falta.

  • ¿Qué haces acá?

Escucho a alguien detrás de mí. Me doy vuelta y veo a Leonardo frente a mí. Rápidamente limpio unas lágrimas que escaparon de mí al recordar a mi madre.

  • ¿Por qué lloras? (me pregunta)
  • Oh….no….por nada.
  • Discúlpame pero no te creo. Confía en mí por favor.
  • Confió en ti.
  • Entonces dime. ¿Qué pasa?
  • Estaba recordando a…..mi madre.

Se rompe mi voz y empiezo a llorar, Leonardo de inmediato se acerca más a mí y me abraza para consolarme pero solo provoca que rompa en llanto.

Lo abrazo más fuerte como si me aferrara a él para no caer en un gran vacío lleno de tristeza.

  • Por favor no llores más. Me rompe el corazón verte así (murmura Leonardo)

Está bien si necesitas llorar entonces hazlo. Yo estaré siempre que me necesites. Jamás te dejare sola. Te lo prometo.

Me separo de él y pregunto.

  • ¿Por qué….? ¿Por qué eres así conmigo?
  • ¿A qué te refieres?
  • No me conoces. No sabes quién soy. Solo sabes lo poco que te he contado de mi vida y sin embargo en estos días te has vuelto mi confidente. Cada vez que estoy triste o llorando estas tú. De alguna manera….te has metido en mi vida.
  • ¿Eso te molesta?

Su semblante se torna triste y baja la mirada. Limpio las lágrimas de mi rostro. Acuno su cara con mis manos y hago que me mire.

  • No. De hecho me agradas y mucho. Eres como un faro que ilumina el rumbo de mi vida.

De inmediato se dibuja una gran sonrisa en su rostro y sin querer provoca que también sonría.

  • Ven acá. (abre sus brazos para mí y no dudo en abrazarlo de nuevo). Eres más fuerte de lo que crees. Además no creo que tu madre quiera verte triste. Ella siempre va a estar conmigo. Ahora es tu ángel guardián.

Sus palabras me reconfortan tanto que me alegro mucho haberlo conocido.

  • Bien. No más tristeza. La idea era venir al club para divertirnos. Así que vamos. Hay que regresar. (dice mientras se separa de mi)

Toma mi mano para que lo diga pero me niego a hacerlo y me libero de su agarre. Se voltea a verme. Esta confundido por mi reacción.

  • ¿Qué sucede?
  • No regresare aun al club. Si quieres regresa tú.
  • Acabo de prometer que no te dejaría sola. (paso su mano por su cabello y continúo). Dime ¿A dónde quieres ir?
  • No tienes que hacerlo.
  • Claro que sí. Soy un caballero así que cumpliré con mi promesa. Ahora.... ¿Adónde vamos? ¿Qué quieres hacer? (respondió con una sonrisa en su rostro).
  • Solo…..un paseo por la playa.

Me ofrece su brazo. Sin dudarlo lo acepto. Entrelazo mi brazo con el suyo y empezamos a caminar.

La noche era cálida. Siento como la brisa del mar toca mi piel. El viento alborota mi cabello. Me siento libre y en completa paz. Caminamos cerca de 15 minutos hasta que Leonardo empezó a quejarse de que tenía demasiada arena en los zapatos así que nos sentamos un rato en la playa. Contemplamos las olas y las estrellas. Me dijo el nombre de muchas constelaciones que no conocía. Me sorprendió mucha esa parte de él.

  • ¿Cómo es que sabes los nombre de todas esas constelaciones?

El seguía observando el cielo. Ante mi pregunta una sonrisa aprecio entre sus labios y volteo a mirarme.

  • De pequeño siempre las veía con mi hermano. Me fascinaba verlas así que memorice cada uno de sus nombres. Cuando las veía me sentía tan ajeno a este mundo. Me olvidaba de todo. Me sentía en paz. Me sentía….
  • Libre. (lo interrumpí terminando esa frase por el)

Su sonrisa aumento aún más en señal de que lo que dije era correcto. No dijo nada más. Pasamos un largo rato en el mismo lugar, solo observando el cielo. Siguió indicándome cada constelación que veía.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.