Somos leyendas de sangre

capitulo 8

Taro.

-¿Se puede saber qué es lo que te pasa?- me doy vuelta y me encuentro a una señorita con lentes, una de las sirenas si no mal lo recuerdo. Le está gritando a uno de los principitos.

-tranquila fierecilla, a mí no me pasa nada pero veo que tú eres muy radioactiva-

-radiactivas tus pelotas y déjame tranquila si no quieres que ponga el grito en el cielo y diga la verdad, que me tocaste el trasero-

-pero si eso no es nada dama mía, si tú quieres puedo tocarte otras cosas que sé que te harán gozar- cruzo los brazos, ¿Y a este que le pasa?

-tú me tocas un pelo más y hare arder el infierno fuera de ti, yo no soy como Andromaca o Melody, yo te mando a la mierda y sin boleto de regreso- interesante. Chica con agallas.

-no seas así, ambos sabemos que quieres- este imbécil no comprende, creo que tendré que ayudar a la chica.

-te ha dicho que la dejaras tranquila- se voltea y me queda mirando a los ojos con sorpresa. Te creías muy gallo, pues vete a otro corral que este está ocupado.

-señor Tauro-

-vete- trastabillando se aleja de mí vista- ¿Estas bien?

-sí, gracias, no hacía falta-

-a esos tipos solo les falta alguien que les de unos buenos golpes por engreídos-

-dudo que ustedes acudan a la violencia cuando con un chasquido lo pueden mandar a mejor vida- sonrío.

-peor-

-¿Cómo?

-pasan a peor vida, el Inframundo es la peor vida de todos aquellos que matamos con un chasquido

-bueno, lo que sea, me tengo que ir, gracias por la ayuda y adiós- y como un torbellino desaparece de mi vista. Vaya con la chica, se parece a mí hermano de cierta manera.

Leo.

Entro a la pieza, les juro que me siento de mil maneras posibles en un mismo segundo. Mi mujer de vuelta, al igual que mi hermano y mis amigos, a quienes les hice más daño del que mi orgullo me permite aceptar. Les herí el orgullo a todos y cada uno de ellos, los Z por lo menos.

Cabe decir que los Z no eran los únicos que estaban ahí abajo cuando los vi. Habían ángeles (mujeres y hombres), sirenas, tritones o generales marinos, ambos son lo mismo, espectros de ambos géneros y creo que hasta seres humanos entrenados por las tropas de Atenea. Wow es lo único que puedo pensar ante eso.

Cuando les di las indicaciones de que se arrodillaran como es típico cuando están frente a mí solo los nombrados lo hicieron, ninguno de los Z lo hizo. Ofiuco desde la baranda en la que está siempre subida se pone en cuclillas, afirmándose de una sola mano como si fuera una mona. Una linda monita. Bueno, el punto es que se acerca a decirme al oído "Esto es como lo de Lía, solo me obedecen a mí gatito". Sobra decir que me reventó los cojones. Ahora la tengo aquí, detrás de mí a punto de empezar otra de nuestras típicas peleas.

-Tenías que venir tú y echarme todo el mundo abajo-

-tu mundo era meterte entre la entrepierna de todo lo que camine, eso no era vida-

-eso a ti no te interesa. Estoy más que seguro que tú estuviste haciendo lo mismo o peor- y me pego una cachetada. Siento como una lágrima recorre su mejilla hasta caer en su mano. Lo siento todo como si me estuviera pasando a mí.

-puedo ser muchas cosas, pero jamás seré una prostituta que le ande abriendo las piernas a lo primero que se me cruza con tú, yo si algo forje en estos 3318 años fue mi orgullo- y se va, pegando un portazo y dejándome un sentimiento de culpabilidad.

Ofiuco.

Vengo de pelearme con el León ¿Por qué? Mejor no pregunten pero salgo dando un portazo y llorando, ando muy sensible estos meses. Bueno desde que quede embarazada. Puto Leo, todo esto es culpa suya.

Salgo y escucho pasos detrás de mí, tomo una respiración onda y me volteo. Zeros.

-¿Qué sucede?- sí Zeros está aquí es porque algo grave sucedía.

-seré directo, reyra (Reina en Dracter, la única palabra que conocen) Las señoritas Pandora y Meduza murieron- abro los ojos como plato, no, imposible, ellas no- Zeodes acabo con sus vidas-

-no-

-lo lamento, my lady-

-no, no...- las lágrimas vuelven a correr por mis mejillas, pero esta vez con más fuerza, con un motivo más fuerte. Siento como si me hubieran clavado una estocada tras otra en el mismo día- ¡NO!- y caiga, mis rodillas impactan contra el piso y mis sollozos se hacen más fuertes. Escucho las puertas abrirse con mucha velocidad, me da igual que me vean llorar, siento que he perdido a mis dos madres, a la vez, de un tirón de la cadena.

-dejaron a alguien para usted- ¿Alguien? Que ilógico, lo más seguro es que sea algo y Zeros se haya equivocado.

-mamá-



Hanna

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En el texto hay: peleas, leo y ofiuco

Editado: 23.04.2019

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