Somos una mentira

42. Como si nunca hubiera estado

La habitación está en penumbra, solo iluminada por la luz suave de un monitor que proyecta ondas lentas y rítmicas. El sonido es constante: el beep-beep-beep del corazón de James, un pulso artificial que me recuerda que todavía está aquí, aunque lejos.

Me siento en el incómodo sillón de vinilo junto a su cama, aferrando su mano. Su piel está tibia, pero su agarre sigue siendo ausente. Han pasado dos semanas desde que lo trajeron aquí. Dos semanas de vivir con Zoey, dos semanas de tener pesadillas con la Orden, y dos semanas de venir a contarle sobre las minucias de un mundo que él no puede escuchar.

—La librería va bien, James— susurro, acercándome a su oído, como si el sonido pudiera atravesar la barrera. —Zoey es una tirana con el inventario, por supuesto. Y Amber... Amber está redecorando la sección de fantasía. Es una guerra silenciosa, pero vamos ganando. Nos estás dando tiempo.

Me callo, acariciando el dorso de su mano con mi pulgar. Esto se siente tan irreal.

—Fui al médico hoy— confieso, y la verdad me quema la garganta. Había evitado la prueba de sangre por miedo a la confirmación, pero la incertidumbre era peor. —No podía seguir ignorando los síntomas. Y ya sabes, mi cuerpo está en huelga contra el olor a café, lo íbamos hacer al día siguiente, pero al final paso todo esto.

Hago una pausa, respirando profundamente para controlar el temblor de mi voz.

—Me hice el análisis de sangre. El completo. Y.… y salió positivo, James. Lo de la farmacia era verdad.

Miro su rostro pálido, buscando cualquier micro expresión, cualquier indicio de que me ha escuchado. Solo encuentro quietud.

—Tres semanas. Tres semanas, James. Es tan pequeño, que es solo un punto en este momento. Es... nuestro punto. ¿Te das cuenta? Cuando te ponías sobreprotector, tenías razón. Cuando me decías que éramos valiosos, tenías razón. Hay un pequeño ser aquí que te necesita. Y te juro que, si me estuvieras mirando ahora, no te atreverías a estar tan quieto.

Mis ojos se llenan de lágrimas otra vez. Llevo la mano que tengo sujeta a mi vientre, uniéndonos a los tres.

—Tengo tanto miedo, James. Sin ti, me siento tan perdida. No sé cómo protegerlo de la Orden, no sé cómo manejar esto. Tienes que despertar. Tienes que darnos tu plan de seguridad de élite. Tienes que darnos un nombre. Por favor, mi amor, regresa.

Suelto su mano y me inclino para darle un beso suave en los labios, sintiendo la sequedad. Luego, me obligo a levantarme. Me alejarme es lo más difícil que hago cada tarde, pero no puedo quedarme. Necesito volver a la realidad.

—Volveré mañana mi amor— prometo. —Y te traeré un libro nuevo. Uno de aventuras. Para que te motives.

***

Entro en mi refugio temporal, el apartamento de Zoey, sintiendo el peso del mundo sobre mis hombros. La luz es tenue. El apartamento es moderno y minimalista, muy ordenado.

Zoey está sentada en el sofá, trabajando en su portátil, rodeada de gráficos y papeles de la librería. Amber está a su lado, extrañamente callada, concentrada en pintar sus uñas de un tono verde brillante. Ambas levantan la cabeza al escuchar la puerta.

—¿Qué tal? — pregunta Zoey, su tono profesional se suaviza al verme.

—Igual— respondo, dejando mi bolso en el suelo. El peso del diagnóstico todavía me está aplastando. Necesito decírselo. Necesito compartir esta carga.

—Hablemos de trabajo más tarde, Leonie. Pareces exhausta. Ven a sentarte— dice Amber, señalando el espacio entre ellas.

Me dejo caer en el sofá. Zoey cierra su portátil, poniendo toda su atención en mí.

—Zoey, el médico me llamó hoy. Ya tengo los resultados de sangre— comienzo, mi voz todavía insegura.

Zoey se pone tensa, lista para escuchar noticias de la Orden o la salud de James. —Leonie, no me asustes. ¿Estás bien? ¿Te hicieron algo en el hospital?

Niego con la cabeza y me abrazo a mí misma, mis manos una vez más protegiendo mi vientre. Esta vez, las abrazo de verdad, buscando coraje.

—Estoy bien. Pero no estoy enferma, Zoey. El médico confirmó lo que yo... ya sospechaba. El agotamiento y el rechazo al café...

Miro a mis hermanas. Zoey, con los ojos llenos de preocupación. Amber, con el esmalte de uñas a medio secar.

—Estoy embarazada, de tres semanas. Est-estoy esperando un bebé.

El silencio cae sobre la sala, más pesado que el de la habitación del hospital.

Zoey parpadea, su mente obviamente luchando por procesar esta nueva variable. —Leonie, ¿qué? ¿De James? ¿Por qué no...?

Amber, en cambio, deja caer la brocha de uñas con un grito ahogado. El esmalte verde salpica el suelo de madera. Ella me mira con los ojos desorbitados, pero luego su rostro se ilumina con una felicidad absoluta y sin restricciones.

—¡Leonie! ¡Vas a tener un bebé! ¡Oh, Dios mío, ¡un mini-James! ¡Qué increíble! — Grita, y se lanza a abrazarme, asfixiándome con sus brazos delgados y fuertes.

Zoey, después de un momento de shock lógico, recupera su compostura. Pero en lugar de regañarme por la seguridad, su mirada se enfoca en mi vientre con una ferocidad protectora.

—Un bebé— repite Zoey, su voz baja y cargada de una nueva seriedad. Se acerca a mí y, a diferencia de Amber, su abrazo es firme y envolvente, comunicando inmediatamente una promesa. —Esto significa que tenemos que ser el doble de cuidadosas. Y tú, Leonie, no vas a levantar nada más pesado que una taza de té. Y nadie se entera de esto. Absolutamente nadie. Somos una pared de tres, y ahora, somos cuatro. ¿Entendido?

Lloro de nuevo, pero esta vez, las lágrimas son de alivio. Con James fuera, me sentí sola en la guerra, pero ahora tengo a mis dos hermanas, mis guardianas, que han abrazado esta noticia con una mezcla de pánico logístico y amor incondicional.

—Zoey, Amber— sollozo, sintiéndome por primera vez en semanas, segura. —Tenemos que traer a James a casa.

Sin embargo, todo no sale como uno espera, porque al día siguiente después de una jornada sencilla en la cafetería al ingresar al hospital, con mi bolsa de libros y mi termo de té de manzanilla, camino hacia la habitación 312 donde está ingresado James, sintiendo el familiar beep-beep-beep de los monitores antes de llegar.




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