Sonat Animae

La Primera Nota

—Oh, Rein, no te puedes ir de esta manera. No así — la cara afligida de mi madre frente a mi partida no hacía más que partirme el corazón. Pero debía ir,  por el bien tanto de ella como de la nación.

Había llegado mi hora de enlistarme en el ejército. Había cumplido los 16 años y en poco tiempo los sargentos vinieron a llevarme. La orden del Estado era que a esa edad todo ciudadano en buen estado debía entrar al ejército,  sin importar el género y/o la identificación sexual, lo cual me hacía sentir vulnerable.

—Mamá, no llores aquí. Implora a Dios que esto termine rápido, para que pueda volver contigo. Pero ahora, debo asumir lo que me ha tocado. Y pase lo que pase, siempre voy a estar orgullosa de ser tu hija. Te quiero, mamá. —Me acerqué a abrazarla y consolarla, temiendo que fuera la última vez que la viera con vida. Dejarla sola sería muy difícil, muy costoso, más cuando teine la guerra, todo volverá a ser normal, o eso es lo que deseo que pase.

—Mi hija... —ella tenía sus ojos llorosos, con lágrimas atravesando sus pálidas mejillas por el frío. — Que Dios pueda protegerte y que se nos permita volvernos a ver algún día. Ahora ve y haz todo con lo mejor de ti. Te Amo mucho. —Al separarme de ella, pude sentir un frío más intenso, el cual tendría que soportar hasta poder volver a mi hogar.

Finalmente salí de mi casa, despidiéndome de lejos de mi madre, quien correspondía saludando con un pañuelo blanco. Luego uno de los soldados me dirigió a un bus largo, de color negro, con las ventanas raibanizadas y protegidas con rejas. Ver ese aspecto solo me daba más miedo de subirlo. A parte de no llevar nada más que mi documentación, me sentía vacía.

Al subir me pidieron mi Tarjeta de Identificación y se los di. Hicieron el scaner de mi tarjeta, que confirmó que ya tenía 16 años y me dejaron pasar al fondo del autobús. Por dentro el aire era bastante frío. Las sillas eran de metal y estaban organizadas en 2 columnas. Parecía que estaba en una prisión andante. Me sentía temerosa incluso de respirar en ese lugar.

Sentada en la última fila, mi cuerpo sintió un ligero cambio. No me sentía como antes de partir, me sentía fuera de mi yo. Tenía una seriedad increíble,  nunca me lo hubiera imaginado. No temblaba ni pestañeaba, solo miraba a la puerta, como esperando que alguien entrara y me hiciera compañía, aunque no sucediera nada. Mi mente estaba en blanco, sin pensamiento alguno. Estaba tan bien sentada y tan rígida, que la tensión de mis músculos me empezó a doler. De pronto, el bus comenzó a avanzar, lo que significaba una cosa: ya no había vuelta atrás.

Durante las siguientes 5 horas de viaje hasta la base de preparación, subieron 7 chicos más al autobus. Todos ellos igual de nerviosos, seguramente con preocupaciones, tristezas, miedos o tao vez sin nada de eso. Pero nadie tenía una mirada de determinación, una mirada dispuesta a dar la vida por su país. Todos parecíamos unos chiquillos asustados por el primer día en una escuela. Nadie hablaba con nadie, lo cual llenaba el ambiente de un intenso silencio que aumentaba la presión. Al final de cuentas, todos habíamos sido obligados a ir a ser entrenados, incluso diría "esclavizados", para servicio del gobierno.

Pasado todo ese tiempo, el autobús hizo su parada final. Las puertas de éste se abrieron y 1 soldado de rango mayor entró y nos dijo que lo siguiéramos para nuestro correspondiente registro y preparación. Todos se levantaron lentamente, yo tenía demasiado miedo por dentro. Avancé y fui directo hacia la puerta para salir y ver lo que me deparaba allá afuera.

En ese momento vi algo increíble.

Un montón de gente, de diferentes edades, caminando por todo lado en escuadrones, todos serios y concentrados en lo que hacían. Parecían hormigas trabajadoras que no reclamaban ni se rebelaban. En eso es lo que me convertirían, en una de sus esclavas de su sistema militar. Ahora estaría inmersa y encerrada en ese mundo hasta que la guerra pasara.

Nos dirigieron a los del bús hasta la sala de registro, en la que solo te pedían tu tarjeta de identificación, ya que el sistema sabía TODO sobre ti, y con todo me refiero que saben hasta de qué estaba compuesta tus heces fecales que hiciste en la mañana. Ese sistema te agarraba del cuello, porque controla todo lo que eres tú.

Después del registro me dieron algunas indicaciones sobre los cuartos y sobre la prueba de especialización que me harían mañana. Constaba de 8 Pruebas en un solo día, en el cuál veían para qué podrían servir al Estado. En otras palabras, es algo similar a que eligieran tu carrera a cursar en lo que antes era la Universidad. Me dieron el horario de las pruebas y de qué trataba cada una.

Las 8 pruebas era en base a las 8 inteligencia, por el cual definían en qué área te establecerían. 
Están los de la prensa, elegidos por la inteligencia lingüística. 
Están los científicos, elegidos por la inteligencia lógico-matemática. 
Estaban los estrategas y los exploradores, elegidos por su inteligencia naturalista. 
Están también los de combate, elegidos por la inteligencia corporal-kinestésica. 
Están los arquitectos y pilotos, elegidos por la inteligencia espacial. 
Están los de Marketing, elegidos por su inteligencia intrapersonal. 
Están los funcionarios de gobierno, elegidos por su inteligencia interpersonal. 
Y por último, solo unos cuantos están de músicos, elegidos por su inteligencia musical.



Aiko Ayala

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En el texto hay: musica, alma, sistema

Editado: 27.06.2018

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