Sonat Animae

Acorde confuso y delicioso

Conocí hoy a una persona genial... o por el momento es genial. Espero eso no cambie.

Mi tendencia ha sido normalmente ser asocial, no ser "amiga" de personas del mismo género que yo, y mucho menos con personas del sexo opuesto. Pero hoy todo cambió. Dejé mi vida asocial para conocer a un chico que me comprende a la perfección y compartimos varios gustos.

Su nombre es Ezequiel, aunque prefiere que se lo llame Ez. Nació en este país, pero tiene rasgos asiáticos por sus padres. Es de tez blanca, ojos verdes y cabello color negro, pero con corte inglés, no como el que suelen usar en Asia. Tiene 16 años, igual que yo, y llegó al programa 2 meses antes que yo.

Nos conocimos durante la clase de entrenamiento físico, en el momento en que nos pusieron en parejas para poder practicar un poco de defensa personal básica. Las parejas debían ser de personas del mismo sexo, pero como el número de chicos y de chicas era impar, entonces el entrenador decidió designarme a mí con él. En ese momento me pareció una ofensa al ver que me juntaron con un tipo que parecía extranjero, pero no por racista, sino porque corrían rumores de que habían extranjeros infiltrados en el sistema para observar de cerca nuestros movimientos y luego atacar con un paso al frente de nosotros.

Comenzó la hora de entrenamiento y él fue quien rompió el hielo mientras le daba unas patadas al blanco que él sujetaba.

—Vaya que eres bastante fuerte—  dijo mientras trataba de mantener en la misma posición el blanco—. Creo que ya me toca practicar.

—Ni lo pienses. Apenas vamos 10 minutos. ¿Acaso ya se ha cansado el señorito?— le respondí mientras lo miraba de forma retadora.

—¿Entonces para ti es esto fácil? Pues lo pondré más difícil, porque no me he cansado para nada— afirmó y de repente movió el blanco un poco más arriba, luego abajo, a un costado...

Trataba de darle de forma correcta a cada blanco, pero a medida de que pasaba el tiempo se me ponía más difícil, hasta que ya no pude dar más. Miré el reloj: solo habían pasado 5 minutos desde que me había retado.

—Vaya, ya no estoy en forma... como antes — hablé mientras trataba de retomar un ritmo de respiración normal.

—Al final quien quedó cansada fuiste tú, y solo duraste 15 minutos. Es una lástima—. Me respondió con un tono burlesco y me tiró la bolsa que servía de blanco— Me toca.

—Adelante—. Le respondí mientras hacía un esfuerzo por soportar sus duras y potentes patadas y puñetazos que daba a la bolsa. En una de esas lo hizo tan fuerte que me tiró a mí al suelo.

No lancé ningún quejido, pero me quedé un rato meditando allí, hasta que noté que él me extendía la mano para ayudarme a levantar.

—¿Que tal si practicamos una pequeña pelea cuerpo a cuerpo? Será más fácil que tener solamente una zona conteniendo todo el golpe, ¿no? — me miró, esperando mi respuesta.

Suspiré y le respondí —Aceptado. Que empiece la pelea.

Ambos nos pusimos parados de frente, esperando a que en algún momento el otro atacara. Al ver que él no tomaba la iniciativa, caminé lentamente hacia él y luego lo agarré del brazo para jalarlo hacia adelante y así poder tomarlo de atrás, pero él se adelantó y detuvo mi mano, para luego proceder a agarrar mi brazo y lanzarme al suelo. Me levanté de un salto y le dí una patada por detrás de su pierna para tirarlo hacia adelante, lo cual me dio ventaja y lo golpeé en la espalda, para luego sentarme sobre ésta y jalar sus brazos hacia mí. Él forcejeó y logró soltarse para luego hacerme dar la vuelta, hasta que él terminó sobre mí, mientras nos mirábamos.

—Ganaste.—Le dije mientras me limpiaba el sudor de mi frente.

—Agradece que no estamos entre el 2010 y el 2020, que no estemos en un callejón y que yo sea otra persona mayor que tú.— respondió mientras se levantaba y se tiraba a lado mío.

—Lo sé. Esa época fue muy violenta.— decía al pensar en todos los hechos ocurridos en esa época. Prefería no recordarlo, así que agité mi cabeza para olvidar aquello.

Sonó un pequeño pitido, que indicaba que el entrenamiento había terminado y que podíamos proceder a ir a los vestidores y baños. Caminé rápidamente para poder acceder a la mejor ducha que el baño tenía. Me mojé, luego me puse un uniforme recién lavado que nos facilitaron a todos y luego me dirigí a la salida. Al salir del salón, me choqué contra él. Me disculpé y procedí a retirarme, pero él me detuvo y me miró a los ojos.

—Disculpa, ¿Tienes algo que hacer ahora?— me preguntó de forma bastante seria, lo cual me provocaba miedo.

—Emm... pues sí. Iba a ir a mi nano-ordenador para hacer mi práctica de armonía contemporánea. Me va a llevar un buen tiempo, porque no entiendo nada— y realmente no entendía nada, porque era demasiado confuso y raro. Él solo soltó el agarre.



Aiko Ayala

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En el texto hay: musica, alma, sistema

Editado: 27.06.2018

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