Soy tu victima mi amor

Capítulo 19: "El hijo de un virtuoso hombre"

Sé de sobra que hay mucha gente que adora salir de compras, ¿y a quién no le gustaría semejante actividad?: pues es relajante, llamativa, terminas comiendo en algún lugar con tu mejor amiga o novio, y simplemente se resume en un buen momento. Creo que eso hubiera pasado siendo una situación normal, pero lo nuestro, no lo es. Para decirlo más concreto, ahora mismo nuestro objetivo era conseguir la lencería rápidamente antes de que Asteris se diera cuenta de que no estábamos, y, yo como toda buena novia, me llevé a rastras a Dalton.

—¡Espera Lili, al menos tienes cómo pagar la ropa! —me exigió saber, y en ese momento, saqué mi tarjeta de crédito; nunca salía sin ella.

—¡Por supuesto! —exclamé con energías y me eché a reír.

—Dios mío —murmuró él en lo que nos introducíamos a la primera tienda que pude discernir.

La impresión que me dio el local, fue sumamente agradable, pues sus paredes estaban decoradas de todo tipo de posters de modelos, tanto de mujeres como de hombres, pero más de chicas. La ropa interior que destacaba en tal lugar, producía un efecto peculiar en mi amado, a quien podía verle la cara llena de un intenso carmín, además, se notaba sobrepasado por los nervios que evidentemente lo torturaban.

—Compra rápido por favor —me rogó él a mis espaldas, y yo sonreí.

—Tranquilo Dalton, no es como si fueras tú el que va a comprarla. Sólo me estás acompañando, y yo seré la que la elija —le expliqué para entregarle un poco de aliento.

—Está bien, está bien, ya me calmo —me anunció.

—Buenos días jóvenes. ¿En qué puedo ayudarles? —una señorita bien vestida, se nos acercó enseguida para brindarnos sus servicios; era evidente que trabajaba en el lugar.

—Sí, verá… necesito ropa interior. Al menos tres conjuntos me serían de especial agrado. ¿Me permite elegir? Mi talle es… —le di los detalles a la chica, y Dalton se me quedó mirando con los ojos bien abiertos. En cuanto la mujer se retiró para brindarme los conjuntos, le pregunté por qué había puesto esa expresión.

—No es nada —hizo una leve pausa, y luego agregó—. No pensaba que tuvieras tan poco busto —y enseguida, le encajé un codazo en el estómago, que hizo que Dalton se doblara por el dolor.

—¡Ugh! ¡Pero Lili! ¡No lo decía enserio! —mencionó él con angustia y apenas susurrando por el golpe.

—¿De verdad? —dije sorprendida y parpadeando varias veces.

—Claro, eres mi novia. No diría nada que fuera a herir tu moral —me aseguró suspirando, y ya recuperado.

—Ah, lo siento, creo que me excedí —le respondí avergonzada.

—No te preocupes —él sonrió—. De igual forma eres muy fuerte. No sé por qué siempre fallas en los entrenamientos cuando eres de mano dura —aclaró aquello mientras se acariciaba la panza.

Ante esa opinión, terminé por echarme una risilla, hasta que al fin regresó con nosotros la señorita, o al menos creía que era ella, pues estábamos tan centrados en lo que charlábamos, que no nos dimos cuenta que la persona que atendía cambió su lugar con alguien más.

—Aquí está su pedido, señorita.

—¡Gracias! —dije, y apenas levante la mirada, una pistola me apuntó al rostro; ¡eran ellos de nuevo, y volvieron para matarnos!

—¡Lili! —Dalton sin pensarlo, saltó a defenderme. Como todo el héroe que era: me corrió a un lado, le dio un golpe al sujeto provocando que soltara el arma, y por si fuera poco, con un movimiento que no sé cómo explicar, terminó por quebrarle el brazo al tipejo. Inmediatamente me hizo retroceder con él, mientras escuchábamos los gritos de dolor de aquel vestido de negro, y entonces nos dispusimos a correr. Sin embargo, nuestra suerte para esas alturas era atroz, ya que los compinches de la mafia Neutraalne se infiltraron al angosto local, así que sería difícil pelear ahí.

—¡Dalton! —exclamé en señal de pánico, debido a que ahora no podíamos salir.

—¡Yo me encargaré de ellos! —señaló.

Era una fortuna que él supiera defenderse, o quizás no tendríamos oportunidad contra aquellas personas, especialmente, porque de un momento a otro, más de estos maleantes entraron a la tienda. Con algunos golpes certeros, mi novio derribó al menos a unos tres que se le fueron al humo, y a continuación, a otros dos más, a los cuales les dio una piña en el estómago al mismo tiempo. Creí por un instante que lograríamos librarnos de esta cruel trampa, no obstante, no fue así. Dos de estos tipos me agarraron por detrás, lo cual distrajo a Dalton de su enfrentamiento al escucharme gritar, y al concentrarse en mí, le propinaron un fuerte palazo en la cabeza, que le hizo perder el equilibrio, para luego terminar en el piso.

—¡Daltón! —grité desesperada, pero esos hombres me tenían firmemente apresada. Quería ayudarlo, aunque no sabía cómo por la desesperación que me recorría fríamente las venas.



La Rosa Blanca

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Editado: 10.06.2020

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