Soy tu victima mi amor

Capítulo 25: "Batalla: entre la espada y la pared"

A veces los desafíos pueden venir por mérito propio, o simplemente, se plantan justo delante de nuestras narices para empeorarnos la vida, así como nos pasaba a nosotros en estos momentos. Dalton y Agni se miraron de reojo ante las palabras tan atrevidas que soltó Malcon, y enseguida, no dudaron a la hora de lanzársele encima.

En un rápido movimiento, los dos se le posicionaron lado a lado; su proceder fue tan impecable, que casi parecía que se habían teletransportado.

—Que interesante movimiento… ¡pero no es suficiente! —las expresiones de los chicos delataba sorpresa, especialmente cuando el tío de Agni los había leído como un libro. Apenas ambos decidieron atacar: Dalton con sus manoplas, y su sobrino sacando algo aparentemente de su chaqueta; Malcon los interceptó. Con tremenda habilidad, ese hombre de lacios cabellos, paró el puño de mi amado, y le propinó un golpe certero con la otra, en medio de la articulación del brazo al castaño, cosa que le obligó a soltar lo que iba a sacar, dejando a la vista en el suelo un arma.

—¡Qué diablos! —gritó Dalton por la impresión.

—¡Joder, me ha dormido el brazo! —declaró el heredero de los Neutraalne mientras se sostenía éste.

Apenas unos segundos después de llevado a cabo ese acto, el tío de nuestro nuevo compañero, le propinó una buena patada en el estómago al castaño, cosa que lo mandó a volar para luego estrellarse contra los subordinados de Malcon. Luego, Dalton, quien aún era detenido por la mano de éste, divisó tanto como yo, como una aterradora sonrisa se formaba en el rostro de ese mafioso.

—¡Desgraciado! —gritó mi novio, quien intentó usar su otro puño en respuesta, pero esta vez, en lugar de pararlo, lo único que hizo Malcón fue esquivarlo, y de pronto, sacó su bastón que estaba trabado debajo de su brazo, dándole un buen golpe a la altura de la rodilla en su pierna izquierda, obligándolo a doblar ésta, y logrando que perdiera así el equilibrio—. ¡Ah! ¡Maldita sea! —se quejó mi amado por la lesión, y cuando me di cuenta, apenas me llevé las manos al rostro con horror, Dalton fue otra vez atacado sobre los hombros con ese bastón, consiguiendo que él terminara en el suelo.

—¡Dalton, no! —grité con desesperación, y quise acercarme a ayudarle, pero Asteris me lo impidió.

—¡No hagas locuras, o saldrás terriblemente lastimada! —me advirtió mi maestro, cosa que me hizo sentir un poco mal por mi inutilidad.

—Ustedes no se preocupen —nuestras cabezas, voltearon hacia a Agni, pues éste nos había hablado. Él apenas se estaba incorporando de aquel derribe, y aún se veía adolorido, especialmente cuando se llevó la mano a su abdomen—. Nos encargaremos de él —aseguró.

—Eres muy confiado. ¿Acaso esta niña no te acaba de advertir que no lo fueras? —le preguntó a su sobrino refiriéndose a Lulubel.

—¿Crees que voy a hacerle caso a alguien que intenta matar a mi padre? —mencionó Agni finalmente poniéndose completamente derecho.

—Deberías, así al menos conservarías tu patética vida —declaró aquel hombre.

—¡Ya basta de charlas! —exclamó Dalton en lo que corría hacia Malcon, y al cual atacó en primer lugar saltando con una patada, pero aquel hombre la bloqueó con su bastón—. No te va a durar mucho tu canto… ¡de victoria! —aunque la pierna de mi hermoso novio estaba apoyada contra aquella cosa que usaba como arma, Dalton ejerció presión, logrando hacer al fin que cediera, y derribando de una forma sorprendente al tío de Agni al chocar su extremidad con su cara—. ¡Qué te parece eso bobalicón! —le dijo con una sonrisa en el rostro.

Yo me encontraba impresionada y al mismo tiempo no podía dejar de mirar. La pelea entre ellos era asombrosa, pero ahora que caía en la cuenta, estábamos poniendo nuestras vidas en juego, lo cual me hizo alterar de nuevo.

—¡Traten de finalizar de una vez por todas con esto, si no perderemos el barco! —ante la advertencia que soltó de repente Asteris, los dos chicos se distrajeron, lo cual les costó un poco, ya que Malcón fue a arremeter contra mi novio cuando él no miraba; él se había reincorporado demasiado rápido, cosa que me sorprendió.

—¡Cuidado! —le dije a Dalton, pero el aviso llegó tarde.

De repente, un sonido metálico se manifestó, por lo que confundidos, buscamos con atención los orígenes de éste, así que nos movimos a un costado, y logramos observar que Agni había protegido a Dalton con una Katana corta que no supe de dónde había sacado.

—Muy buen movimiento, querido tío, pero… ¡yo también digo que no es… —de repente, el castaño logró deslizar el filo de su arma apartando el bastón, y ahí se giró con gran velocidad sobre su eje para sujetarlo de uno de sus brazos, y arrojarlo contra el grupo de hombres que nos impedía el paso—… suficiente! —declaró. Después de haber realizado tal maniobra épica, que nos dejó con la boca abierta, apenas él se enderezó, se volteó hacia nosotros y nos gritó—. ¡No esperes más Dalton, y llévatelos! —le ordenó.



La Rosa Blanca

#17431 en Novela romántica
#11308 en Otros
#1462 en Acción

En el texto hay: acosador, accion y amor, acción y romance

Editado: 10.06.2020

Añadir a la biblioteca


Reportar