Soy tu victima mi amor

Capítulo 26: "El hermano desalmado"

A veces los comienzos no son como los esperamos, y mucho menos los finales, ya que Malcon no calculó que la botella que tenía Asteris fuera a parar justo a sus pies soltando una tremenda nube vaporosa, que acortaría la vista de muchos. Sin embargo, la cuerda que le había pedido a Dalton, fue arrojada de todas formas a la altura de nuestro allegado, y con la suerte de que tenía la extensión suficiente como para alcanzarlo, además, es aceptable aclarar que los chicos la sostenían preparados para subirlo junto conmigo.

—¡Sujétala Agni; apresúrate! —le gritó Dalton, y el castaño que se cubría con su brazo una parte de su cara, pareció ver la cuerda con algo suerte, pues ésta danzaba en pleno aire debido al lanzamiento, por lo que debería atraparla antes de que se alejara de él, perdiendo así toda oportunidad de salvarse. Afortunadamente, Agni tomó a la primera la soga, y saltó los tantos metros que lo alejaban del agua, manteniéndose así también, firmemente agarrado para no caer entre las olas.

Con gran esfuerzo, y soltando un estruendoso ruido de silbato, el barco nos empezó a alejar cada vez más de la bahía, pero no antes de llegar a escuchar cómo Malcon gritaba con un megáfono que le había facilitado la misma Lulubel.

—¡Disfruten su libertad, pues no les durará tanto como piensan! ¡Es sólo cuestión de tiempo para que llegue el cambio a sus vidas! —sentenció, y echó el objeto con el que habló al agua. Por nuestra parte, nos dedicamos unos cuantos minutos a subir a Agni, hasta que finalmente logramos hacer que llegara a salvo a la proa, aunque claro, sacrificamos un montón de energía al respecto, y terminamos agitados en el suelo a última instancia.

—¡Gracias a Dios! —gemí después de que lográramos tal hazaña.

—No era necesario que se arriesgaran tanto por mí, pero se los agradezco demasiado, especialmente a ti cariño —le movió las cejas a Asteris mientras se inclinaba hacia él.

—No tienes que agradecerme nada, y no te dirijas a mí de esa forma por favor —le recalcó acomodándose los anteojos. Dejando a un lado lo que habíamos logrado, y también la “amenaza” de Malcon, escuché a mi amado dirigirse a nuestro rescatado.

—Ya que te salvamos, tengo una pregunta que hacerte —Dalton se levantó antes que yo del suelo, y luego lo hizo Asteris—. ¿Tú crees que Gael tuvo algo que ver en esto?

—Es muy probable por lo que dijo mi tío, después de todo, se refería a alguien en concreto, y no se me podría ocurrir nadie más —aclaró Agni con un movimiento de hombros.

—De modo que sí está trabajando con Gael —expresé, luego Dalton y yo nos miramos algo preocupados.

—Me temo que eso es de saber, a fin de cuentas, ese sujeto es como una pequeña serpiente —aseguró elevando ambas manos, como si su noticia no fuera ninguna novedad.

—Y yo que tenía la esperanza de que lo usaran como soborno en lugar de volver a las mismas —aclaró mi novio.

—Tus expectativas en la mafia son muy pobres, joven Alvey, y eso me sorprende, ya que con una mirada así, es difícil de mantenerse vivo en una guerra como esta —aseveró Asteris.

—Bueno, en realidad parte de eso es gracias a Louis, pues él nos ha estado ayudando hasta ahora —confesó mi novio.

—Mi hermano nos ha apoyado mucho, y no quiero tampoco darle todo el crédito, especialmente porque él no está aquí ahora mismo —informé.

—Debo reconocer sus habilidades, y también las de Asteris —confesó Agni, cosa que me hizo enrojecer un poco.

—Bien, tienes algo de razón en esto. El trabajo en equipo suele ser fundamental en estos casos —aclaró mi maestro.

—Al final terminamos abordando el primer barco que zarpaba —dijo con cierta diversión mezclada con pesadez el que lo había propuesto en un comienzo.

—No teníamos más opciones frente a esa encerrona que nos pusieron —aclaró Asteris.

—De igual forma, es un poco raro que mi tío haya venido hasta aquí para simplemente atraparnos; no creo seamos tan destacables como para que él mismo trate de hacerlo —mencionó Agni.

—Ahora que sabe con seguridad que estás de nuestra parte, quizás lo veamos más seguido —mencionó Dalton.

—Puede ser… —expresó con cierta duda—. Pero bueno. Chicos, yo creo que no sirve de nada hacer más conjeturas al respecto por ahora, además, nos queda un largo viaje para hacer —dije juntando mis manos mientras sonreía—. ¿Por qué no comemos algo, y luego vemos que nos trae nuestro siguiente destino? —aconsejé.

—Me parece una excelente idea —expresó mi amado.

—Yo apoyo eso también —votó a favor el castaño al levantar su mano.

—Bien, no me opongo —expresó Asteris.

Otro cambio de tiempo se aproximaba, por lo que muy pronto, se restarían otros cinco días en esta aventura, pero esta vez, sobre el barco, así que podría decir que ya era hora de exigirle a Louis que revelara su plan en cuanto lo volviéramos a ver.



La Rosa Blanca

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Editado: 10.06.2020

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