—Quédate quieta, Zoe, o terminaré dejándote el uniforme mal.
Mi madre estaba ajustando el uniforme que usaría para el estúpido evento que se celebraría dentro de unos días. Como sabía coser y hacer todo tipo de arreglos en la ropa, había decidido modificarlo para que me quedara perfectamente.
—Eso... un poquito más.
Escuché la voz de mi madre mientras daba las últimas puntadas al uniforme.
Retrocedió un par de pasos para observar su trabajo de arriba abajo con atención.
Después de unos segundos, asintió como siempre seca.
—Perfecto. Así haré los demás uniformes.
Soltó la cinta métrica que llevaba alrededor del cuello y comenzó a guardar las agujas y los alfileres en su pequeña caja de costura.
El uniforme era completamente negro combinado con morado, y tenia blanco con dorado. Se ajustaba bastante bien a mi cuerpo y, aunque no quería admitirlo, el trabajo de mi madre había quedado impecable.
Giré un poco sobre mis talones para verme de perfil.
—Bueno... no se ve tan mal.
Mi madre levantó la vista hacia mí.
—Te queda muy bien.
Después de probarme el uniforme y almorzar, llegó la hora de ir a la escuela.
Como siempre, fui caminando.
El instituto quedaba a unos cuantos kilómetros de mi casa, pero ya estaba acostumbrada al recorrido. En realidad, me gustaba hacerlo. Era bastante relajante.
No había ruido.
Las calles permanecían casi vacías y el silencio dominaba todo el lugar. Solo se escuchaba el viento moviendo las hojas de los árboles y, de vez en cuando, el canto de algún ave.
Era uno de los pocos momentos del día en los que podía pensar con tranquilidad.
Después de unos minutos, llegué al instituto.
Entré al edificio y caminé hasta mi salón de clases.
La mayoría de mis compañeros ya se encontraba en sus asientos, esperando a que comenzaran las clases.
Busqué con la mirada a mi mejor amiga, Miel, y al encontrarla me acerqué a ella.
—Hola. ¿Qué tal?
Era el saludo de todos los días.
Miel apenas alcanzó a abrir la boca para responder cuando una voz fuerte y seca interrumpió el salón.
—¡Todos afuera! ¡Nos toca clase de vuelo!
Quien había hablado era el monitor del salón.
Nadie respondió.
Todos se levantaron en completo silencio y comenzaron a salir uno tras otro.
Todos salimos del salón en silencio.
"Ay, no..."
Ya había llegado con su estúpido silbato.
El profesor dio un fuerte pitido que hizo eco por todo el patio antes de hablar con su tono serio de siempre.
—¡Todas las chicas, vayan a cambiarse para la clase de educación física!
Nadie respondió.
Fuimos a los vestidores para cambiarnos.
Entré a uno de los cubículos y comencé a ponerme el uniforme de educación física. Mientras terminaba de acomodarme la camiseta, escuché a unas chicas conversando al otro lado.
—¿Escuchaste que este año los del Reino Blanco también participarán en el festival?
—Sí, me enteré esta mañana.
—Estoy muy emocionada. Será divertido conocer caras nuevas.
Terminé de cambiarme y salí del cubículo.
Las observé durante unos segundos.
"Sí... se nota muchísimo lo emocionadas que están."
Sus rostros eran los más fríos que había visto en mi vida. Ninguna sonreía, ninguna hacía un gesto diferente; solo hablaban con total normalidad, como si la emoción existiera únicamente en sus palabras.
—¿Y tú, Zoe? ¿Estás feliz?
La voz de mi compañera Fenis me hizo salir de mis pensamientos.
La miré y asentí con la cabeza.
—Sí, por supuesto.
—Qué bien.
Fenis siguió caminando junto con las demás hacia la salida del vestidor.
Yo hice lo mismo.
"Claro... claro, Jugar con personas del Reino Blanco, Qué emocionante."
Rodé los ojos discretamente para que nadie lo notara,Para mí eran unos completos arrogantes.
O al menos eso era lo que pensaba.
Mis padres los admiraban. Todo el Reino Sombra hablaba de ellos como si fueran un ejemplo a seguir, fuertes, elegantes y educados.
Sinceramente, no entendía por qué.
Tal vez yo era la única en todo el reino que terminaría odiándolos incluso antes de conocerlos
Así como toda mi vida me hablaron del Reino Sangre, también me hablaron del Reino Blanco.
La única diferencia era que, mientras de unos decían que eran peligrosos y era mejor mantenerse alejados, de los otros hablaban con una admiración casi exagerada.
Decían que eran elegantes, amables y que su belleza era absolutamente perfecta.
Yo nunca había visto a alguien del Reino Blanco en persona.
Solo conocía lo que contaban los adultos, los maestros y los libros.
Pero, sinceramente...
Yo creía que todos los reinos tenían su propia belleza.
No entendía por qué unos eran considerados mejores que otros solo por el lugar donde habían nacido.
Cuando todas estuvimos listas, salimos de los vestidores y nos dirigimos al campo de entrenamiento.
El profesor ya nos estaba esperando junto con los chicos. Como siempre, sostenía aquel silbato que tanto detestaba.
En cuanto todos estuvimos reunidos, señaló una plataforma elevada que se encontraba al otro lado del campo.
—Muy bien. Suban ahí arriba. Yo les diré cuándo deben lanzarse.
Sin protestar, todos comenzamos a subir las escaleras que conducían hasta la plataforma.
Era bastante alta.
No lo suficiente como para dar miedo, pero sí lo bastante como para que una mala caída doliera.
Uno por uno, mis compañeros fueron colocándose en la orilla mientras esperaban la orden del profesor.
Yo permanecí unos pasos atrás, observando cómo el viento movía ligeramente nuestros uniformes.
—Muy bien. Ahora vamos a subir la plataforma un poco más alto.
Con un movimiento de su mano, el profesor utilizó su magia y la base comenzó a elevarse lentamente varios metros más.
El viento se hizo un poco más fuerte.
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Editado: 20.06.2026