Sueco

Capítulo 31

Mientras Lili le lamía y le mordisqueaba los senos a Hortensia, esta la agarraba la cabeza y la hundía contra sus pechos. Hortensia no podía más del placer, se arqueó en la bañera para que su sexo saliera del agua, fue bajando la cabeza de Lili, quien iba recorriendo con sus labios y su lengua todo el cuerpo marmóreo de Hortensia, hasta llevarla ante su sexo mojado y ardiente, Lili comenzó a besarla a los costados, los límites de ese manjar que ya iba a ponerse en su boca.

 

  • Si, nena…cométela toda, tomate todo mis jugos, seguí así que te encanta. Qué bien que lo haces pendeja, me estás volviendo loca. Trágate todo, si, seguí así y no pares nunca.

 

Lili estaba tan concentrada en su faena que no escuchaba nada de lo que le decía Hortensia, solo sentía la presión de sus manos sobre su cabeza como obligándola, pero a Lili no le importaba nada de eso, estaba disfrutando como hacía mucho no lo hacía. Hortensia llegó al clímax y gritó de placer, fue un grito tan fuerte que ahí si Lili escuchó pero siguió lamiendo ese manjar que tenía en su boca, fue tanto su pasión y afición que logró que Hortensia goce nuevamente, esta vez el grito fue tan fuerte que la casi sexagenaria mujer clavó sus largas uñas sobre la suave espalda de la empleada doméstica que hacía, en ese momento, de una excelente parteneire sexual.

 

  • Hay me duele…
  • Vos seguí un poquito más…seguí…

 

Lili siguió con una gran devoción y Hortensia no lo podía creer: otra vez terminó. Quedo exhausta. Con su mirada perdida mientras una leve sonrisa libidinosa se le dibujaba en su siliconados labios. Lili se reincorporó, se desnudó totalmente y como pudo se fue acomodando en la bañera hasta poner su sexo frente a la boca de Hortensia, ahora me tocá a mí, pensó. Cuando Hortensia volvió en sí y vio a Lili en esa posición de poder sobre ella se sobresaltó y entró en un trance casi diabólico.

 

  • Sacame eso de acá… ¿Querés? ¿Qué prentendés? Mocosa impertinente y confianzuda. Tomátela de acá. ¿Quién te crees que sos? ¿O sos tan ingenua que te pensás que voy a poner mi boca ahí?
  • Pero doña Hortensia, yo pensé…
  • Vos no tenés que pensar nada. Tenés que hacer lo que yo te digo y punto. Ahora andá a mi cuarto y tráeme la cartera que está encima de la cama. Dale, rápido.

 

Lili fue hacia la habitación de Hortensia y volvió con la cartera. Hortensia se secó las manos y tomó la cartera. La abrió, sacó unos cuantos billetes y se los dio a Lili.

 

  • Acá tenés. Y de esto nada a nadie, cuidadito con abrir la boca. No seas tonta.

 

Lili agarró los billetes, los contó y no lo podía creer. Hortensia le había dado un cuarto del sueldo que le había dicho Victoria lo que le iba a pagar en un mes. Era mucha plata por tan poco tiempo de “trabajo”

 

  • Gracias, señora. Es mucho dinero.
  • Te lo ganaste. Lo hacés muy bien. Pero convengamos que a vos también te gustó. Yo estaba muy caliente, nena.
  • Claro que me gustó. La tiene muy linda, muy suavecita, muy rica…
  • Bueno…bueno…no te emociones. Es solo una concha.
  • Si, pero hermosa señora.
  • Si, es verdad. Es rosadita.Es linda
  • Preciosa señora. Cuando usted guste me avisa.
  • Sí, de eso no te quepa duda. Ahora bajá y seguí trabajando que para eso te contrató mi hija.

 

Lili bajó y no aguantó las ganas de contarle lo sucedido a Abel.

 

  • Abel…no sabés lo que pasó…
  • ¿Qué pasó, Lili? ¿Está todo bien?

 

Lili le contó lo acontecido con Hortensia y le pidió a Abel que no se lo contara a nadie, sería un secreto entre los dos.

 

  • Ja…no te lo puedo creer…jajjajajajajajaj…nunca lo hubiera imaginado, pero nunca nunca. Aunque la vieja es tan hipócrita que es capaz de decirte en la cara una cosa y a tus espaldas hacer otra.
  • Es tremenda. Pero no sabés el cuerpo que tiene. No parece ni cerca la edad que tiene.
  • Eso es verdad, pero que querés…si con la guita que tiene lo único que  hace es ir al gimnasio y hacerse alguna que otra cirugía de vez en cuando.
  • Es verdad, pero las tetas le quedaron hermosas. Abel por favor ni una palabra a nadie.
  • No, olvídate. Esto muere acá.
  • Bueno te dejo que sigo laburando.
  • Dale. A la noche nos vemos. Voy a cenar. Espero que estés todavía
  • Si, me dijo Vicky que hoy me quede para servir la cena.



Queco

#22518 en Novela romántica
#3704 en Chick lit
#1664 en Detective
#546 en Novela policíaca

En el texto hay: policial, romance accion y drama, romance

Editado: 28.05.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar