Sueco

Capítulo 61

Al otro día Hortensia se despertó bien temprano nuevamente. Casi ni desayunó  y no se cruzó con ninguno de los otros integrantes de la casa (que era lo que realmente quería) Al mediodía volvió y se fue casi corriendo a su habitación. Luego de una hora salió para ir al bar del barrio pobre. Cuando bajaba por la escalera puedo escuchar la voz de Victoria que venía de la cocina. Se dirigió sigilosamente a la puerta de salida, antes de llegar escuchó la voz con tono de sorpresa de Victoria.

 

  • Mamá…¿Vas a una fiesta?
  • No…
  • Y que hacés con ese tapado de piel, ese vestido carísimo, ese peinado, esa tintura y esas uñas recién hechas por la mejor manicura de Buenos Aires…
  • Andás mal de la memoria, nena…Ya sabés perfectamente a donde voy.

 

Victoria recordó la charla que habían tenido el día anterior. Abrió los ojos lo más que se podía, su incredulidad era la mayor que había sentido en toda su vida…

 

  • Mamá, vos estás loca
  • No, justamente te quiero demostrar que no estoy loca. Hoy se acaba todo, hoy se sabrá la verdad. Hoy es el fin de algo.
  • No podés ir sola, yo te acompaño.
  • ¡Ni lo sueñes! Jamás te expondría ante esa gente, ya demasiada exposición tenés con el chorrito que te acompaña, el chorrito que intentó matar a su mejor amigo. Nunca te olvides de eso.

 

Victoria se la quedó mirando y por dentro sabía que había cosas que decía su madre que tenía razón, el tema era la forma que tenía de decirlo, la soberbia, el ego.

 

  • Todos cometemos errores, mamá. Abel está muy arrepentido por todo lo que hizo en su pasado, el ya cambió. Vos lo ves en casa ese cambio, trabaja, no anda en mala junta.
  • No lo sé. Hay que ver qué ocurre cuando no lo vemos, y eso es lo que ya voy a averiguar.
  • Mamá, no podés ir así vestida.
  • ¿Cómo queréis que vaya? ¡Como una villera! Jamás. Yo soy esto que ves, y soy esto que esos infelices muertos de hambre van a ver. Te dejo porque me está esperando el remis. Chau.

 

Hortensia apuró el paso para dejar a Victoria con la palabra en la boca. Salió de la casa y se subió al auto rápidamente. El viaje hacia el barrio pobre no duró más de cinco minutos. El chofer del remis le había advertido la peligrosidad del barrio y, sobre todo, la de bar hacia donde iría.

 

  • A esa gente la hacemos más peligrosa nosotros temiéndoles por lo que creemos que hacen o nos pueden hacer, que por lo que realmente hacen. Usted no se preocupe.

 

Hortensia pagó y bajó del auto. Estaba a unos escasos metros del bar. Ingresó e inmediatamente se hizo un silencio casi sepulcral. Todos los hombres, no había ni una mujer, la miraron de arriba abajo. Desde los carísimos y elegantes zapatos, el tapado, su gran escote, sus joyas y su peinado que parecía recién hecho para la ocasión. Hortensia saludo con unos secos << Buenos días >> pocos la saludaron a coro. Hortensia se sentó en la barra y llamó al cantinero que estaba del otro lado. Como en las películas, lo agarró de las solapas y le dijo suave, y sexy, al oído << Servime el mejor wisky que tengas, aunque debe ser de cuarta. Sin hielo, por supuesto >> Al hombre al escuchar ese susurro tan cerca de su oído, se le erizaron los pelos de todo su cuerpo. Tomó con su mano derecha la botella del mejor wiski que tenía, en realidad era el único, y cuando se lo iba a servir en un vaso opaco por la mugre, Hortensia le agarró la mano y le dijo << Lavalo de nuevo, y con detergente >> El hombre le hizo caso y mientras lo lavaba se lo mostraba a ella. El ambiente del lugar era pesado, no solo por el humo de cigarrillo, el aroma a alcohol y el olor a traspiración de los parroquianos, sino también por ese silencio que casi se podía escuchar. El cantinero le sirvió el wiski a la dama, ella tomó el vaso, lo olió, puso cara de asco, apoyó con fuerza el vaso sobre la barra y le pidió otro. Por fin se sintió un murmullo ininteligible.

 

  • Si alguno de ustedes me quiere decir algo, en mi cara y bien fuerte. A viva voz como dicen los milicos.

 

Uno de los hombres se paró y se acercó dónde estaba parada Hortensia. Ella lo miro con desprecio y puso cara de asco mientras se apantallaba con su mano derecha por el olor que emanaba ese hombre.



Queco

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En el texto hay: policial, romance accion y drama, romance

Editado: 28.05.2018

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